Resumen
- En 1996, el Congreso añadió a la Communications Decency Act dos restricciones penales para ciertos intercambios indecentes en línea; editores y organizaciones de libertades civiles las impugnaron el mismo día de la firma.
- En Reno contra ACLU, la Corte Suprema resolvió en 1997 que las disposiciones sobre transmisión indecente y exhibición «patentemente ofensiva» abarcaban demasiada expresión adulta. Diferenció las formas interactivas de Internet de la radiodifusión, pero no anuló toda la ley ni la prohibición separada de la obscenidad.
Una ley nueva y un expediente judicial acelerado
La Communications Decency Act era el título V de la Telecommunications Act de 1996. Su sección 502 modificó la legislación federal para penalizar el inicio consciente de determinadas comunicaciones «indecentes» cuando quien las enviaba sabía que el destinatario era menor de 18 años, y para prohibir la exhibición de material considerado «patentemente ofensivo» de un modo accesible a menores. Las disposiciones preveían sanciones penales. Editores, bibliotecas, organizaciones civiles y particulares presentaron demandas el 8 de febrero de 1996, el mismo día en que se promulgó la ley.
Un panel de tres jueces de Pensilvania celebró audiencias y reunió un expediente detallado sobre los usos de la red. El 11 de junio de 1996 prohibió aplicar las disposiciones impugnadas. El Gobierno apeló mediante una vía acelerada. La Corte Suprema escuchó los argumentos en marzo de 1997 y decidió el caso el 26 de junio.
Conviene mantener separadas ambas etapas. El tribunal de distrito reunió las pruebas y dictó la medida cautelar; la Corte Suprema la confirmó tras examinar la ley y el expediente. Ninguna de las dos decisiones eliminó toda la Telecommunications Act.
El usuario podía hablar, escuchar y elegir adónde ir
La Corte Suprema describió las formas de comunicación que constaban en el expediente: correo electrónico, listas de distribución, grupos de noticias, salas de chat y la World Wide Web. Funcionaban de maneras distintas, pero permitían dirigirse a una persona o grupo, seguir un debate, consultar una página o publicar material. En la Web se podía introducir una dirección conocida o seguir enlaces; en un grupo o sala, alguien podía escuchar y también intervenir.
El Gobierno invocó precedentes que permitían un trato especial para la radiodifusión. La Corte dijo que el historial de supervisión federal, la escasez de frecuencias y la posibilidad de que un programa entrara en un hogar sin ser elegido no describían Internet tal como lo presentaba el expediente. Los usuarios normalmente daban pasos para solicitar comunicaciones. Además, la expresión en línea podía llegar a audiencias a bajo coste y mediante muchos formatos.
Era una valoración jurídica del expediente que la Corte tenía ante sí en 1997, no una garantía permanente de que todo contenido en línea sea elegido o inocuo. La Corte tampoco concluyó que todos tuvieran el mismo acceso o que cualquier autor pudiera alcanzar una audiencia masiva. La pregunta era si las reglas de la radiodifusión justificaban esas restricciones penales en los distintos modos de comunicación de la red.
La resolución fue más limitada que su resumen habitual
La Corte declaró inconstitucionales las disposiciones de «transmisión indecente» y «exhibición patentemente ofensiva». Términos sin definir, la amenaza de sanciones penales y el alcance sobre conversaciones adultas podían desalentar expresión protegida, incluida información educativa, política y sanitaria. El Gobierno no demostró que su método estuviera ajustado de forma estrecha al objetivo de proteger a los menores.
La Corte separó las palabras «o indecente» de la parte pertinente de la sección 223(a) y dejó vigente el resto de ese apartado; no pudo salvar las disposiciones impugnadas en otros aspectos. Las prohibiciones de obscenidad y pornografía infantil siguieron en vigor. El fallo no situó toda expresión en línea fuera de la regulación. La sección 230 se añadió por separado en otra parte de la ley de 1996 y no fue la cuestión resuelta en Reno.
Su importancia histórica está en describir Internet como un espacio donde una persona podía buscar, publicar y responder, en lugar de limitarse a recibir una emisión programada. Esa descripción dio relevancia constitucional al carácter interactivo de la red. No determinó quién representaba al público, cómo moderarían después las plataformas ni cómo evolucionaría Internet.
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