Resumen

  • En 1995 Microsoft vinculó la rapidez con que Netscape recibiría una API de Windows a una propuesta de “relación especial”; la API llegó después de Windows 95 e Internet Explorer.
  • La corte de apelaciones reconoció una amenaza incipiente para el monopolio de Windows, pero revocó la conclusión separada sobre monopolización de navegadores porque faltaban un mercado definido y barreras de entrada probadas.

Análisis

Para amenazar aquello que hacía difícil abandonar Windows, un navegador no tenía que sustituir al sistema operativo. Bastaba con que ofreciera a los desarrolladores otra familia de interfaces, API capaces de llevar sus programas entre sistemas operativos. Esa posibilidad abrió dos carriles en el caso Microsoft: qué amenaza podía importar para proteger el monopolio de Windows y qué pruebas hacían falta para demostrar un intento de monopolizar los navegadores.

La disputa ya se veía en una reunión.

El 21 de junio de 1995, los directivos de Netscape pidieron a Microsoft la información técnica necesaria para que Navigator funcionara bien en Windows 95. El expediente judicial publicado después por el U.S. Department of Justice cuenta que Microsoft propuso una relación más estrecha, llamada “relación especial”, y vinculó el plazo para entregar la API Remote Network Access a que Netscape aceptara esa propuesta. Netscape se negó. Microsoft entregó la API a finales de octubre, más de tres meses después.

El tribunal de primera instancia concluyó que la demora dejó la versión de Navigator para Windows 95 muy por detrás de la salida de Windows 95 e Internet Explorer, en agosto, y fuera de buena parte de la temporada de ventas de fin de año.

La fecha de una interfaz no es una fecha de lanzamiento, pero puede decidir cuándo un producto logra salir. En este caso, la información de compatibilidad quedó dentro de una negociación sobre el acceso al mercado. El expediente judicial fecha la entrega tardía de la API y el lanzamiento aplazado, pero no mide cuántos usuarios o desarrolladores perdió Netscape; esa cifra permitiría estimar el efecto comercial de la demora. La negociación dejó el acceso técnico en manos del dueño de la plataforma.

Las conclusiones de hecho de 1999 explicaron el riesgo. Windows atraía aplicaciones; las aplicaciones lo hacían más útil; esa utilidad atraía a más usuarios y desarrolladores. El tribunal llamó a ese círculo la barrera de aplicaciones. Navigator y Java podían exponer sus propias API por encima del sistema operativo. Si los desarrolladores escribían para esas interfaces, sus programas podían funcionar en varios sistemas. Navigator ya se había adaptado a más de quince, según el tribunal.

Era una amenaza en desarrollo, no un sustituto listo. El mismo expediente decía que el middleware todavía no exponía suficientes API para que los desarrolladores independientes crearan aplicaciones de productividad completas basadas solo en ellas. Habrían hecho falta varios años para que esas aplicaciones limitaran los precios de Windows. Un navegador podía aspirar a ser plataforma y, a la vez, seguir dependiendo de un sistema operativo para administrar el hardware.

En 2000, el tribunal de primera instancia declaró que Microsoft había incurrido en vinculación ilegal, mantenido el monopolio de sistemas operativos e intentado monopolizar el mercado de navegadores. La reparación ordenaba dividir la empresa entre sistemas operativos y aplicaciones. Microsoft apeló.

En junio de 2001, la corte de apelaciones trazó dos líneas. Confirmó parte de la conclusión de que Microsoft había mantenido su monopolio de sistemas operativos mediante prácticas anticompetitivas. Para esa teoría, una amenaza incipiente del middleware era relevante; no hacía falta esperar a que un navegador sustituyera a Windows. La acusación sobre el intento de monopolizar el mercado de navegadores planteaba otra cuestión. Exigía definir ese mercado y probar barreras de entrada importantes que pudieran sostener un monopolio.

La corte concluyó que los demandantes no habían probado ninguna de las dos cosas y revocó esa decisión sin devolverla para un nuevo intento.

La decisión no dice primero “el navegador importaba” y después “el navegador no importaba”. La misma corte aceptó que una amenaza futura podía ser pertinente para las prácticas que protegían Windows, y exigió pruebas de la estructura presente del mercado de navegadores para una acusación distinta. Eran preguntas distintas bajo partes distintas de la ley antimonopolio.

La división de Microsoft también desapareció, por motivos que no deben mezclarse con el fallo sobre navegadores. La corte encontró deficiencias en el proceso de reparación, entre ellas la falta de una audiencia sobre hechos específicos del remedio y una explicación insuficiente. También anuló la reparación al concluir que los contactos indebidos del juez de primera instancia con la prensa y sus declaraciones públicas generaban una apariencia de parcialidad; la opinión dijo que no había pruebas de parcialidad real.

En noviembre de 2002, una sentencia consentida sustituyó la ruptura por reglas de conducta: límites a las represalias contra fabricantes, margen para que ofrecieran middleware rival y otros sistemas operativos, y divulgación de ciertas API para permitir la interoperabilidad.

El expediente deja una lección menos cómoda que “integrar está mal” o “el navegador sustituirá al escritorio”. Una plataforma puede defender su posición controlando las interfaces y los canales que determinan qué pueden construir los desarrolladores y qué encuentran los usuarios. La corte aceptó una amenaza incipiente en una causa y rechazó la acusación de monopolio del navegador en otra por falta de pruebas. Windows seguía debajo del navegador; la disputa era quién podía escribir el software que corría por encima.

Fuentes