Resumen

  • A comienzos de 2014, Open Food Facts sustituyó la separación por idiomas por una organización por países. Un producto pudo aparecer en varios países a la vez.
  • La colección británica creció de 200 a 1.200 productos en tres meses, según el balance de diciembre de 2014. Hubo fotografías en tiendas británicas y aportaciones desde establecimientos de París.

Un envase con doce idiomas podía llevar una vida bastante internacional. Su ficha en Open Food Facts tenía una existencia más recogida: un idioma principal, un sitio y punto. El proyecto explicó aquella estrechez en su informe de junio de 2015. El embalaje había resuelto más fronteras que el archivador.

El problema se veía bien en francés. Los productos de Quebec, Bélgica, Suiza, Argelia y Marruecos compartían espacio con los franceses. Saber leer una etiqueta y encontrar algo disponible cerca eran preguntas diferentes; la primera había terminado decidiendo dónde buscar la segunda.

El mostrador traducido y la tienda por llenar

En febrero de 2013, Open Food Facts tenía más de 5.000 productos aportados por 300 personas. Su lanzamiento público había sido el 19 de mayo de 2012. Existían versiones en diez idiomas, con distintos avances de traducción, y 4.500 productos registrados en francés. La petición de ayuda incluía tres tareas: traducir, reunir suficientes productos locales y encontrar personas que aportaran o reutilizaran esos datos.

La lista tenía sentido para cualquiera que intentara construir una aplicación local. Podía entender perfectamente los botones y quedarse con muy poco que consultar. Hacían falta etiquetas fotografiadas, datos introducidos y gente que supiera qué faltaba en las estanterías de su zona.

A principios de 2014, el proyecto reorganizó la base por países, con subdivisiones lingüísticas donde correspondía. Los productos pudieron figurar en varios países, además de aparecer en una vista mundial. También empezó a construir clasificaciones multilingües compartidas: el informe pone como ejemplo relacionar los yogures de fresa en francés y en inglés, e incluirlos en las categorías de yogures y lácteos. Al yogur le bastaba con conservar su identidad; el idioma ya podía cambiar de casilla.

La colección británica hizo una parada en París

El Food Open Data Challenge del Reino Unido ofreció una ocasión para darle contenido a esa organización. A mediados de agosto de 2014, la base sumaba 20.000 productos, pero solo 200 británicos. El equipo recurrió a sus conocidos en el país y tomó miles de fotografías en tiendas británicas. Colaboradores franceses añadieron también productos de los establecimientos de M&S en París.

El balance publicado en diciembre contó 1.200 productos británicos tres meses después del punto de partida. La ampliación ofrecía material para demostraciones y prototipos. El propio texto seguía pidiendo una comunidad de colaboradores y usuarios de datos: había que convertir aquel esfuerzo inicial en una costumbre con relevo.

En marzo de 2015, el proyecto declaró 35.000 productos de 112 países y territorios. A la vez, insistió en que muchas colecciones nacionales seguían siendo demasiado pequeñas para usos interesantes. Open Food Hunt, lanzado en febrero, buscaba desarrollar grupos locales. En julio apareció Scan Party, una web para mostrar a los participantes trabajando, organizar encuentros de escaneo y reunir noticias de las comunidades.

La expansión mundial acababa teniendo una escena bastante doméstica: alguien giraba un paquete ante un teléfono. Una clasificación capaz de llevar esa aportación a varios países hacía rendir mejor el esfuerzo. Para llenar el siguiente hueco seguía haciendo falta una persona.

Documentos originales