Resumen

  • National Ocean Service anunció que dejaría de imprimir y distribuir sus tablas en libro a partir de la edición de 1996 por falta de fondos para esas tareas. Mantendría la base de datos y las predicciones anuales.
  • La edición completa se ofrecería en un CD-ROM de pago, listo para imprimir. El acceso telefónico permitiría elegir fechas; la web mostraría cuatro días desde el momento de la consulta para estaciones de referencia.

Un CD junto a una imprenta puede ser una invitación de negocios. En el verano de 1995, NOAA preparó precisamente eso: las páginas de sus tablas de mareas listas para que otros hicieran los libros.

El motivo figuraba en un aviso del Federal Register publicado el 7 de agosto. National Ocean Service, el servicio de NOAA conocido como NOS, tenía pocos fondos para imprimir y distribuir las tablas de mareas y corrientes de marea. Desde la edición de 1996 dejaría de suministrar los volúmenes como producto náutico habitual. El mantenimiento de la base de datos y la generación de las predicciones seguirían a su cargo.

La separación importa. Producir una predicción, componer su página y llevar un ejemplar a una tienda requieren trabajos y gastos distintos. La agencia conservaba el cálculo y el calendario anual; buscaba otras manos para el papel y el reparto.

El mar ya había pasado por dos armarios

Según la historia técnica de NOAA, las predicciones estadounidenses se calculaban electrónicamente desde 1966, al principio con programas FORTRAN en grandes ordenadores. La publicación todavía exigía una coreografía bastante pesada.

En 1973, un CDC6600 generaba tarjetas perforadas suficientes para llenar un espacio del tamaño de un armario. Un IBM360 procesaba ese material y producía otro conjunto igual de voluminoso con páginas casi listas. Después venía una extensa clasificación manual de tarjetas para preparar los grupos que alimentaban la impresora. La informática ahorraba cálculos; los muebles seguían teniendo trabajo.

Para 1990, ordenadores personales conectados en red controlaban una impresora PostScript. Ese lenguaje permite describir una página para reproducirla en una máquina compatible. La edición ya disponía de una forma digital que podía viajar. En 1995, el CD-ROM ofrecía una manera de entregar ese trabajo a quien quisiera imprimirlo.

Elegir el canal era elegir el pedido

El disco anunciado incluiría el conjunto completo de tablas en imágenes de página PostScript preparadas para imprenta. Cualquier solicitante podría obtener la compilación pagando los costes de producción y distribución. Los impresores privados podrían fabricar los libros y abastecer a minoristas y público.

Para consultas más breves, NOS anunció dos servicios. El boletín electrónico TIDES admitiría conexiones telefónicas por módem de hasta 9.600 baudios. Ofrecería ventanas de tres días para cualquier fecha de 1995 o 1996, con unas 3.700 estaciones de mareas nacionales. Ahí el usuario elegía la fecha que le interesaba.

La página de inicio para Mosaic atendería las estaciones de referencia nacionales y entregaría cuatro días desde el día de la consulta. Cuatro parece mejor que tres hasta que se pregunta por otro mes. También cambia la lista de estaciones: el alcance de TIDES y el de la página web estaban descritos por separado.

El aviso presentaba esos servicios de predicción como próximos y comunicaba que ya se aceptaban solicitudes por el boletín y por la web. Ambos canales servirían además para avisar de productos disponibles o finalizados durante el año. La publicación anual conservaría el calendario habitual.

Alguien tenía que cargar las cajas

Los agentes de venta de cartas náuticas de NOAA recibieron una instrucción concreta: en adelante podrían comprar las tablas en papel a impresores y distribuidores privados para revenderlas. La rama de distribución de NOS dejaba de ser su proveedor de esos libros. La agencia señalaba el interés de un pequeño número de vendedores e invitaba a otros a participar.

Ese cambio colocaba una parte del coste donde hubiera alguien dispuesto a fabricar y comercializar ejemplares. El CD entregaba las páginas completas y evitaba empezar la composición desde cero. El módem y el navegador atendían otras necesidades de consulta.

La historia deja una imagen bastante más útil que la de un libro evaporándose dentro de Internet: un pedido toma el camino del disco, otro entra por teléfono y otro abre una página con cuatro días de horizonte. La marea conserva su calendario. Quien publica sus horarios tiene que explicar cuál de ellos va dentro de cada envío.

Fuentes