Resumen

  • La actualización de marzo de 2010 permitió adoptar una frase sin dueño y editarla sin abandonar la página.
  • El balance de una jornada de enero de 2011 registró 2.448 frases menos sin dueño, 422 frases corregidas y 1.370 marcadas con OK.

La errata tenía domicilio. Su dueño, en cambio, podía haber desaparecido.

Ese pequeño drama aparece en los primeros documentos de Tatoeba, una colección de frases mantenida por colaboradores. Quien añadía una frase era normalmente su propietario. Para editar una frase sin dueño, otro usuario podía adoptarla. La palabra sonaba cariñosa; el permiso de edición era bastante más concreto.

La actualización del 6 de marzo de 2010 eliminó una vuelta innecesaria. Antes, adoptar llevaba a una página informativa. Desde entonces se podía adoptar y corregir allí mismo. Un trámite menos para quien solo había venido a arreglar una frase.

Cinco segundos por cabeza

El plan de revisión del 30 de abril quería repartir el trabajo entre hablantes nativos. Cada voluntario recibiría listas de frases, con prioridad para las que carecían de propietario. La primera tarea sería revisar gramática y ortografía; la fidelidad de las traducciones tendría una fase posterior.

Había instrucciones que exigían leer de verdad: conservar el sentido, respetar en general los giros arcaicos, mejorar una expresión poco natural cuando correspondiera y dejar comentarios si surgían dudas.

La cuenta de horas ponía las cosas en su sitio. Con unas 370.000 frases, incluso dedicar apenas cinco segundos a cada comprobación o corrección sumaba más de 500 horas. El corpus sabía convertir un «es un momento» en una ocupación muy seria.

El texto proponía listas privadas, seguimiento de lotes terminados y futuras votaciones. Era un diseño experimental. Antes de confiar en nuevos mecanismos, hacía falta reunir suficientes ojos y repartirles el material.

El dueño no contesta

El manual de moderadores del 24 de mayo explicaba por qué repartir propietarios tampoco resolvía todo. Había miembros que nunca regresaban a corregir sus frases. Las solicitudes de modificación y eliminación se acumulaban, mientras los demás usuarios carecían de permiso para editar contribuciones ajenas.

Los moderadores podían editar, borrar, enlazar o desenlazar cualquier frase. El manual reservaba esa capacidad para el último recurso: antes de editar, la petición de corrección más reciente debía llevar al menos dos semanas sin que se hubiera hecho el cambio. Antes de borrar, había que preguntar al propietario.

Las contribuciones quedaban registradas públicamente. La idea era dar tiempo al responsable y dejar una huella visible cuando otro tuviera que intervenir. Hasta una coma podía acabar esperando el plazo de cortesía.

Un domingo de mantenimiento

La convocatoria del 23 de enero de 2011 animó a los colaboradores a adoptar, comprobar y mejorar frases, y a discutir los casos en el canal IRC del proyecto. También avisaba de que algunos textos antiguos sobre calidad ya estaban desactualizados. Las prácticas seguían cambiando.

El balance del día siguiente permite ver qué hicieron. Las frases sin dueño pasaron de 254.779 a 252.331: una reducción neta de 2.448. Veinticuatro usuarios participaron en las adopciones. CK se hizo cargo de 873.

El informe contó por separado 422 frases corregidas, 1.370 marcadas con OK y 503 comentarios. Muchos de los comentarios de CK señalaban duplicados. La atención podía tomar varias formas: asumir una frase, cambiarla, revisarla o advertir a alguien sobre un problema.

Tatoeba había convertido el cuidado de una colección en responsabilidades pequeñas y personales. Luego tuvo que organizar el relevo. Porque una frase podía quedarse en la web mucho más tiempo que las ganas de su propietario de volver a entrar.