Resumen

  • Un relato de NASA publicado en 2003 recoge el recurso de un profesor de secundaria: pases S’COOL para que sus alumnos salieran cinco minutos de otras clases a observar.
  • El proyecto emparejaba registros terrestres y de satélite por lugar y por una diferencia máxima de quince minutos. Aceptaba informes por web, correo electrónico, fax y papel.

El satélite no esperaba al recreo. Tampoco consultaba al departamento de ciencias antes de pasar sobre el colegio. En un proyecto que aspiraba a juntar observaciones de toda la Tierra, ese pequeño detalle podía dejar a los observadores sentados en otra asignatura.

Un profesor de secundaria encontró una salida bastante literal. Preparó pases especiales de S’COOL y consiguió que sus compañeros dejaran salir a los alumnos cinco minutos para tomar sus datos. El equipo de NASA contó el caso en 2003. La órbita seguía su curso; el horario escolar había aprendido a doblarse un poco.

La cita empezaba en una página web

S’COOL era Students’ Cloud Observations On-Line. La idea surgió a finales de 1996 en una conversación con una profesora que quería conectar el trabajo de sus alumnos con NASA de forma sencilla y barata. Hubo pruebas durante 1997 y funcionamiento oficial desde abril de 1998. Los registros escolares ayudarían a contrastar las propiedades de las nubes obtenidas para la investigación CERES.

Para eso había que mirar el cielo adecuado en el momento adecuado. La guía descrita en 2003 pedía observar dentro de los quince minutos anteriores o posteriores al paso del satélite. Una clase experimentada tardaba entre cinco y diez minutos en rellenar una hoja con las condiciones de las nubes y de la superficie.

La Web organizaba la cita. Según el artículo operativo del proyecto, un formulario recibía las fechas solicitadas, la latitud, la longitud y la diferencia entre la hora local y GMT. Devolvía los pasos previstos por esa ubicación. El profesor elegía una opción compatible con su clase. En 2003, los horarios se calculaban hasta dos meses por adelantado, porque había ajustes de órbita; se podían pedir nuevos horarios en línea.

Elegir en una pantalla era sólo el comienzo del trabajo. El pase escolar resolvía lo que el formulario no podía negociar: que otro profesor cediera cinco minutos.

Un cielo vacío también tenía algo que contar

Desde abajo se veían cosas que complicaban la lectura desde arriba. El informe operativo explica que la nieve puede parecer tan fría y brillante como las nubes, que algunas nubes son menores que un píxel de la imagen y que varias capas opacas ofrecen caras distintas a los dos observadores. Confirmar un cielo despejado también resultaba útil. Los alumnos no necesitaban una tormenta espectacular para aportar algo.

Una presentación de NASA de enero de 2001 fijó las condiciones del emparejamiento: la escuela debía quedar dentro de la zona satelital correspondiente, de un grado de latitud por uno de longitud, y las dos observaciones debían estar separadas por un máximo de quince minutos.

La urgencia terminaba en el cuaderno. El envío admitía un formulario web, correo electrónico con un modelo que facilitaba su procesamiento, fax e incluso papel. Las escuelas sin conexión podían solicitar los horarios por otras vías. Una hoja llegada por correo todavía podía describir con precisión el instante en que el alumno había levantado la cabeza.

Los registros terrestres se guardaban en NASA Langley. La interfaz web permitía consultar observaciones del suelo y del satélite y descargarlas en una hoja de cálculo. Así, el cielo del patio entraba en una comparación compartida.

El alumno puntual y los datos rezagados

La devolución científica era más lenta. En 2003, los autores explicaron que los problemas de los instrumentos y las demoras de los datos dificultaban la comparación oportuna. El pie de un gráfico señalaba que sólo se habían procesado datos de satélite hasta 1998.

Mientras tanto, los profesores aprovechaban la observación para enseñar a reconocer nubes, medir y escribir descripciones. El mismo relato recogía esas posibilidades y la dificultad de convertir a todos los docentes inscritos en participantes activos.

S’COOL dejó una buena escena administrativa en la historia de Internet: una autorización para salir, una observación fechada y una respuesta científica pendiente. La conexión llegaba muy lejos. Los primeros metros, de la mesa a la puerta, seguían dependiendo de un compañero dispuesto a ayudar.

Fuentes originales