Resumen

  • IUMA aceptaba una grabación de hasta cinco minutos, una imagen y un texto, y realizaba la preparación necesaria para distribuirlos en Internet.
  • Quien pudiera comprimir su audio en MPEG tenía una vía de entrega directa; las donaciones daban prioridad al procesamiento manual según la guía de diciembre de 1993.

Cinco minutos de música, una hoja de imagen y dos caras de presentación. Así se podía preparar un envío al Internet Underground Music Archive, IUMA, en diciembre de 1993. El grupo elegía la canción; al otro lado del correo, alguien tenía que convertirla, comprimirla, escanear la ilustración y teclear el texto.

La guía fechada el 14 de diciembre de 1993 llevaba las firmas de Robert Lord y Jeff Patterson. Robert Daniel Lord volvió a publicarla en Usenet el enero siguiente. Describía un proyecto que distribuía audio comprimido con MPEG desde noviembre, accesible mediante FTP o Gopher en SunSITE, alojado por University of North Carolina.

Una sola canción, por favor

IUMA aceptaba casetes y discos compactos. Si la cinta contenía varios temas, el remitente debía identificar cuál quería digitalizar. La nota adjunta también servía para precisar cuestiones de grabación, como el uso de mono o la reducción de ruido, y pedir un aviso por correo electrónico cuando la canción estuviera disponible.

La imagen tenía que caber en una hoja de tamaño carta estadounidense. La guía recomendaba contraste alto para facilitar el escaneo y blanco y negro para obtener un archivo menor. También aceptaba imágenes ya guardadas en un disco compatible con PC.

El texto cumplía una función comercial muy sencilla: presentar al grupo antes de que un desconocido decidiera descargarlo. Podía incluir contactos u ofrecer una maqueta completa. Los autores aconsejaban enviarlo en disco para ahorrarles la tarea de volver a escribirlo. Si llegaba a mano, pedían letra legible. Antes de alcanzar una audiencia internacional, había que superar la prueba del manuscrito.

Las instrucciones dejaban ver el trabajo que sostenía la oferta. IUMA calculaba aproximadamente una hora para procesar, subir y archivar una canción junto con su ilustración y su texto. La cifra era una estimación del propio proyecto, ligada a un conjunto de operaciones muy poco automáticas.

El dinero compraba un lugar en la cola

En aquella guía de diciembre no se exigía pagar. Se aceptaban donaciones, se sugerían 20 dólares y se daba prioridad a los donantes. El catálogo podía recibir obras sin cobro obligatorio mientras sus responsables decidían el orden en que atenderían las tareas pendientes.

Había otra posibilidad para los músicos capaces de preparar el audio: depositarlo en un directorio de entrada. Primero debían comprimirlo con MPEG y se les recomendaba respetar las mismas especificaciones. El correo físico y el envío del archivo distribuían el trabajo de manera distinta entre el grupo y el archivo.

En septiembre de 1994, Jon Luini informó de música disponible de más de 220 bandas independientes o sin contrato. Identificó a tres socios —Rob Lord, Jeff Patterson y él— y a unos siete voluntarios que trabajaban a diario. La colección tenía canciones, pero también personas dedicadas a mantenerla.

La guía de envío reservaba unas líneas para devolver el material. El músico debía adjuntar un sobre protector, con dirección y franqueo pagado. Incluso podía mandar un casete vacío para recibir una copia en cinta de la canción digitalizada. La ruta hacia Internet admitía billete de vuelta por correo.