Resumen

  • La Regional Commonwealth in the Field of Communications (RCC) propuso que ICANN reúna a la comunidad para diseñar indicadores nacionales de aceptación universal pensados para una posible recopilación periódica por la UIT, con método distinto del trabajo conjunto de ICANN y la UNESCO.
  • ICANN respondió el 28 de septiembre que desea colaborar, pero señaló comités ya existentes y sus contactos con la UIT y la UNESCO. No anunció el proceso nuevo solicitado ni afirmó que la UIT haya incorporado una serie de indicadores.

Pensemos en una oficina pública que declara que todos sus formularios aceptan direcciones de correo internacionalizadas. Otra jurisdicción prueba una muestra de formularios con automatización. Ambas pueden decir que miden la aceptación universal, pero no han observado el mismo fenómeno ni bajo la misma responsabilidad. Convertir esas señales en una estadística nacional comparable exige un acuerdo anterior al gráfico: quién define la unidad, quién obtiene los datos y qué organismo valida el resultado. Esa decisión institucional es el asunto de la correspondencia publicada por ICANN esta semana.

Alexey Borodin, director general de la RCC, escribió a Kurt Erik Lindqvist el 3 de septiembre de 2026; la carta se publicó el día 21. La RCC apoyó una idea que ICANN había planteado en la conferencia mundial de desarrollo de las telecomunicaciones de 2025: desarrollar indicadores para seguir la adopción de la aceptación universal (UA). Su propuesta concreta fue iniciar un proceso comunitario dedicado a un conjunto coherente de indicadores a escala nacional. No se trata únicamente de escoger variables. El diseño tendría que responder a las necesidades del entorno estadístico de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT): recogida regular, coherencia metodológica, comparación internacional y aplicación práctica en los países.

La RCC pidió además mantener ese marco separado de los indicadores sobre multilingüismo y UA que ICANN trabaja con la UNESCO. A su juicio, objetivos parecidos no justifican mezclar procesos de obtención de datos distintos. La secuencia que planteó también fue condicional: elaboración por la comunidad, consultas de ICANN, consenso amplio y, solo después, una posible propuesta a la UIT para que la considere. La carta ofrece poner en contacto a agencias estadísticas regionales y administraciones de comunicaciones. No comunica que la UIT ya haya aceptado los indicadores.

Lindqvist contestó el 28 de septiembre; ICANN publicó la respuesta el 29. Reconoció el interés de la RCC y orientó a sus miembros hacia el Comité de Aceptación Universal de la ccNSO y el grupo de trabajo del GAC sobre UA y nombres de dominio internacionalizados. También citó los espacios internacionales en los que ICANN ya participa: un tema de posibles indicadores UA sugerido en 2025 para un grupo de expertos de la UIT-D y una respuesta conjunta con la UNESCO que destacaba un indicador básico de nombres internacionalizados. ICANN está examinando las directrices de su grupo de expertos sobre UA para decidir prioridades.

La respuesta abre canales de participación, pero no constituye el grupo especial pedido por la RCC. Tampoco es una negativa a colaborar.

Las directrices finales del grupo de expertos son útiles precisamente por su lenguaje prudente. La número 44 pide medidas claras y de bajo coste, con un responsable de informar; la 45 abarca conocimiento público, políticas, implantación y capacidades. La 46 propone que ICANN coordine dentro de su ámbito y explore con organizaciones intergubernamentales la inclusión de indicadores en marcos globales. La 47 anima a utilizar cauces existentes para las declaraciones de los interesados. Son recomendaciones consultivas sujetas a revisión y planificación. En la tabla de prioridades para medición aparecen la 44 y la 45, no una decisión de ejecutar toda la cadena internacional.

Así, las dos instituciones no están discutiendo si conviene medir. La divergencia visible es de recorrido: la RCC pide una vía diseñada para estadísticas de la UIT; ICANN enumera foros y relaciones que ya operan. La lectura editorial de Daniel Kade es que aún falta un punto de unión con mandato reconocible. Una futura lista de indicadores, por detallada que sea, no responderá sola a quién acuerda el método nacional ni a qué procedimiento de la UIT podría darle uso regular. La correspondencia no acredita un conflicto diplomático, una clasificación de países ni una decisión estadística de la UIT.

Fuentes