Resumen

  • Old Weather hacía que al menos tres personas transcribieran cada página y comparaba sus lecturas.
  • El caso de HMS Defence mostró tanto cifras difíciles de descifrar como un valor claramente escrito que el proyecto consideró erróneo en origen.

El 28.80 se leía estupendamente. Precisamente por eso resultaba incómodo.

Era la altura del barómetro anotada a medianoche del 7 de octubre de 1914 en el cuaderno de HMS Defence. En un análisis publicado en marzo de 2011, el autor del proyecto Old Weather, que firmaba Philip, identificó un error del registro original y sugirió que quizá se había querido escribir 29.80. Una transcripción muy cuidadosa podía entregar la equivocación antigua recién pasada a limpio.

Old Weather había arrancado en octubre de 2010 para convertir observaciones meteorológicas manuscritas de la Royal Navy en datos utilizables por ordenadores. Los internautas aportaban la lectura. El material naval llegaba con lo que tenía: información, caligrafía y alguna cifra que pedía explicaciones.

Tres personas, tres respuestas

Cada página se transcribía al menos tres veces. Comparar las entradas permitía detectar una lectura aislada que difería de las demás. Pero tampoco convenía dar por hecho que todo desacuerdo era torpeza de quien tecleaba.

La anotación del barómetro de las cuatro de la mañana del 10 de septiembre de 1914 produjo 30.18, 30.10 y 30.12. El análisis consideraba plausibles las tres interpretaciones del trazo. No había una lectura que pudiera aceptarse con confianza.

La discrepancia había encontrado un dato difícil de recuperar. Por eso el proyecto animaba a intentar leer los valores complicados: varias respuestas distintas podían señalar una inscripción ambigua. La falta de consenso también entregaba información útil.

En la muestra del Defence había 1.119 observaciones de presión. En 997 coincidían todas las transcripciones. En 107, una lectura mayoritaria convivía con una persona que discrepaba. Las quince restantes no tenían una mayoría clara. Eran resultados del encuentro entre lectores modernos y tinta vieja; daban al equipo varias clases de problema.

El marinero tampoco quedaba fuera del examen

El caso de octubre exigía dar otro paso. Los dígitos eran claros, pero el 28.80 aparecía como un pico descendente muy visible en la serie del proyecto. El análisis cuestionaba lo anotado a bordo. Pedir otra lectura de una cifra perfectamente legible devolvería la misma cifra. El 29.80 propuesto seguía siendo una posible enmienda.

La comparación entre usuarios podía descubrir una pulsación equivocada o una letra imposible. El examen del registro meteorológico en contexto podía encontrar una observación sospechosa. Se pasaba de descifrar a valorar; cada tarea tenía su propio objeto.

En agosto de 2011, Old Weather anunció que 150 barcos tenían todas sus páginas disponibles para el periodo correspondiente transcritas por al menos tres personas: 89.000 páginas en total. El tamaño del conjunto procedía de muchas tareas pequeñas y repetidas.

El ejemplo del Defence explica para qué servía repetir. No ponerse de acuerdo podía dejar marcada una dificultad auténtica. Ponerse de acuerdo podía conservar fielmente algo que aún necesitaba revisión. Internet había aprendido a leer a la marina. Todavía quedaba comprobar lo que la marina había escrito.