Resumen
- El remitente elegía una imagen y escribía; el destinatario recibía la dirección de la oficina y un número para recoger la tarjeta.
- El sitio conservaba los mensajes, indicaba plazos de recogida y afrontaba el aumento de tráfico en las fiestas.
La Navidad también llegó a la ventanilla del primer Web. Según el relato de Judith Donath, The Electric Postcard superó las 19.000 tarjetas en algunos días de las fiestas de 1995–1996. El servidor ponía el límite a los envíos adicionales. Hasta un saludo cariñoso podía necesitar refuerzos en mostrador.
La idea había empezado a funcionar a finales de diciembre de 1994. Donath explica en su tesis del MIT una rutina sencilla: elegir una imagen, añadir un mensaje y escribir la dirección electrónica de un amigo. Después, la tarjeta quedaba guardada en línea y un correo avisaba al destinatario.
Ese correo llevaba la dirección de la oficina y un número de recogida. Para ver la imagen y las palabras había que visitar la página y presentar el número. El saludo había salido; su lector todavía tenía un pequeño recado pendiente.
Una oficina con mucha seguridad en sí misma
El aviso imitaba la brevedad de una notificación postal. Donath dejó la dirección Web sin explicación deliberadamente: la tarjeta electrónica debía parecer un objeto cotidiano. La oficina virtual hablaba con una soltura que quizá su visitante aún estaba adquiriendo.
El catálogo original de SIGGRAPH 1995 describía el procedimiento y anunciaba una sucursal especial con imágenes de la Art Gallery y de los programas técnicos. La tarjeta servía también como recuerdo de un lugar descubierto. Los enlaces de las imágenes podían conducir después al artista o a la exposición de origen.
Había que entrar en el sitio y esperar a que cargaran las imágenes. Sin embargo, elegir una de ellas podía resultar mucho más llevadero que redactar una carta. Donath veía ahí buena parte del atractivo: mantener el contacto cuando apenas hay novedades. La imagen daba algo que regalar, y unas pocas palabras podían acompañarla sin ponerse solemnes.
El saludo ocupa sitio
El artículo Sociable Information Spaces conserva una muestra del aviso: las tarjetas sin recoger podían descartarse al cabo de tres semanas. La notificación incluida en la tesis habla de dos semanas. Son dos versiones documentadas de las condiciones de espera.
La diferencia interesa porque deja ver la tarea del anfitrión. El remitente ya ha terminado, pero alguien debe conservar la tarjeta y servirla cuando llegue su destinatario. El aviso puede permanecer en el buzón mientras el objeto al que conduce sigue sujeto a las condiciones del sitio.
También había que atender las visitas de golpe. Donath situaba el total acumulado cerca de 1,7 millones de tarjetas a finales de la primavera de 1996. El pico navideño había mostrado que el entusiasmo de los usuarios desembocaba en una capacidad de servidor muy concreta.
Menos HTML, más ganas de saludar
El texto admitía HTML: se podían incorporar imágenes, sonidos y enlaces. Donath esperaba mucho de esa libertad expresiva. Después estimó que solo una de cada quince a veinte tarjetas incluía HTML en el mensaje.
Para muchos bastaba con escoger la imagen. La invención social estaba en dar un formato cómodo a una atención pequeña. Un amigo elegía, otro iba a mirar y el sitio sostenía el encuentro entre ambos. La tarjeta podía decir muy poco; el servidor tenía que hacer unas cuantas cosas para que ese poco llegara a verse.
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