Resumen

  • Una petición de identificación podía terminar en una nueva página de la guía.
  • El crecimiento exigió repartir la edición y trasladar el sitio a un alojamiento universitario.

Una foto de un insecto desconocido contiene una pregunta bastante concreta. La respuesta puede quedar enterrada en una conversación o servirle al siguiente visitante. BugGuide construyó su utilidad alrededor de esa segunda posibilidad: identificar, ordenar y dejar la imagen donde alguien pudiera encontrarla otra vez.

Troy Bartlett puso en marcha el sitio en 2003. Para agosto de 2005, el éxito ya sobrepasaba tanto el servidor como su tiempo libre, según el boletín de enero de 2007 de Iowa State University. John VanDyk se puso en contacto con él y juntos trasladaron la web al centro de datos del departamento de entomología. Los bichos habían demostrado una notable capacidad para consumir recursos sin tocar un solo cable.

La consulta deja una habitación amueblada

La ayuda de la guía, actualizada por última vez en febrero de 2008, explicaba el recorrido. Quien no encontrara su insecto podía registrarse y subir una foto a la sección de identificación. Una aportación adecuada podía dar pie a una nueva página; el equipo creaba el espacio y trasladaba allí el contenido.

El siguiente lector recibía algo más que un nombre. Podía llegar a la imagen recorriendo la clasificación. En la vista de navegación aparecían las ramas inmediatamente inferiores; en la de imágenes, las fotos de todas las ramas descendientes. Había una forma de avanzar paso a paso y otra de mirar un álbum más amplio.

Esa diferencia de presentación convertía el trabajo de ordenar en parte de la respuesta. Una foto bien situada podía ayudar a alguien que todavía no conocía el término que necesitaba buscar.

Los usuarios registrados podían aportar imágenes, libros, enlaces y comentarios. La creación de páginas correspondía a un papel mayor: el de editor. Las instrucciones ofrecían esa invitación a quienes demostraran de forma continuada cuidado al investigar e identificar. La confianza terminaba convirtiéndose en un permiso de trabajo.

El álbum también pide mantenimiento

El boletín de 2007 hablaba de más de 12.000 páginas y 75.000 imágenes, con editores que se especializaban en distintas áreas. Los foros atendían cambios de clasificación, problemas técnicos y consejos de fotografía.

En enero de 2011, la colección superaba las 380.000 imágenes y sumaba 33.552 páginas, mantenidas por 155 editores voluntarios. Para responder a la carga, el sitio había pasado a un servidor con el doble de núcleos de procesador. Una campaña de diciembre había partido de 4.000 dólares ofrecidos por varios donantes; la comunidad añadió otros 4.700 para futuras mejoras.

El público llevaba preguntas y, con ellas, materia prima. Hacer que esa materia fuera consultable requería atención, espacio y continuidad. El insecto seguía siendo diminuto. El trabajo que había provocado en internet ya tenía unas dimensiones respetables.