Resumen

  • Be a Martian reunió en noviembre de 2009 tareas científicas, avatares, puntos y un foro para proponer preguntas a especialistas.
  • El proyecto recurrió a servicios de nube para afrontar una afluencia que podía crecer con el lanzamiento y disminuir después.

La ciudadanía marciana incluía elegir un animal robótico como avatar. Así recibía a los visitantes Be a Martian, presentado por NASA y Microsoft en noviembre de 2009. Había imágenes que examinar, tareas y puntos. Pertenecer a otro planeta empezaba a caber en una ventana del navegador.

La invitación tenía contenido: mejorar mapas y contar cráteres. Un ayuntamiento virtual permitía plantear preguntas y votar las más interesantes para que expertos abordaran algunas en encuentros en línea. El sitio ofrecía entradas distintas a quien quería hacer algo, a quien tenía una duda y a quien pensaba volver a escuchar la respuesta.

La multitud también necesitaba alojamiento informático. En el relato del lanzamiento de Microsoft, Marc Mercuri planteó el problema de comprar máquinas suficientes para el máximo de visitas y decidir después qué hacer con ellas cuando bajara el interés. Una buena campaña podía dejar unos recuerdos bastante caros en la sala de servidores.

La web empleaba Windows Azure para el cómputo, una aplicación Silverlight y el servicio de información entonces llamado Dallas. Obtener capacidad mediante un servicio alquilado cambiaba el compromiso de los operadores. Podían organizar los recursos según la demanda, en vez de equipar un parque completo para su día más brillante de publicidad.

Después de recibir a la gente, había que darle algo útil que hacer. Un cráter ofrecía una tarea acotada; un voto en el foro daba salida a la curiosidad. Ambas acciones reclamaban recursos diferentes. Entregar otra imagen ocupaba capacidad informática. Preparar una respuesta de un experto ocupaba tiempo humano. La comunidad tenía varias colas, aunque todas aparecieran en la misma pantalla.

El 2 de noviembre de 2010, JPL informó de más de 54.000 ciudadanos marcianos registrados. Era un recuento de altas. La misma publicación explicó que la experiencia con aplicaciones como los sitios de participación pública había reforzado su confianza en la nube.

Por entonces, el equipo de los vehículos de exploración de Marte había trasladado el software y los datos de planificación diaria a recursos de nube con ayuda de Amazon. Be a Martian era la colaboración con Microsoft. JPL acumulaba experiencia en distintas aplicaciones y con varios proveedores, aprendiendo a obtener cómputo y almacenamiento cuando los necesitaba.

La invitación juguetona y la decisión de capacidad se daban la mano. Una institución quería que el público acudiera, mirara y participara; también tenía que gestionar su llegada y su marcha. Marte podía conceder ciudadanía virtual. Los gastos corrientes se resolvían en la Tierra.