Resumen

  • El 12 de noviembre de 2003, Runeberg empezó a buscar páginas sin una confirmación de revisión completa, aunque ya tuvieran correcciones.
  • El 21 de noviembre, las estadísticas adoptaron ese criterio y muchos libros retrocedieron en las tablas. El trabajo previo seguía guardado.

Sobresaliente en corregir una letra

Un lector encuentra una errata, la arregla y se marcha satisfecho. Otro revisa la página de arriba abajo. Ambos han hecho algo útil. Si la biblioteca anota «revisada» junto a las dos páginas, acaba de conceder el mismo diploma por exámenes bastante distintos.

Esa diferencia apareció con toda claridad en Project Runeberg en noviembre de 2003. El proyecto de literatura nórdica decidió pedir una declaración explícita de que alguien había recorrido la página completa. La declaración cabía en una casilla. Las consecuencias ocuparon varias tablas.

Lars Aronsson anunció el cambio el 12 de noviembre. Había dos novedades en el enlace que llevaba al trabajo pendiente. La búsqueda empezaría a avanzar desde la página actual, en lugar de volver al principio del libro. Además, incluiría páginas que ya habían recibido correcciones pero carecían de la marca «whole page OK», el visto bueno para toda la página.

A partir de entonces, esa marca decidía qué se contabilizaba como revisado. Una página con intervenciones podía volver al recorrido de pendientes.

El formulario que dejó entrar al lector

Runeberg había abierto esa puerta para aliviar un cuello de botella humano. En su explicación para voluntarios fechada en enero de 2003, conservada en una página con revisión de 2012, Aronsson describía demoras porque la pequeña redacción no daba abasto para atender todas las peticiones de ayuda. La respuesta era ofrecer más autoservicio y facilitar la colaboración entre voluntarios.

La corrección en línea figuraba como novedad de 2002. El proyecto publicaba el facsímil y el texto bruto obtenido mediante reconocimiento óptico antes de revisarlos. Bajo la imagen, un enlace invitaba a corregir errores mediante un formulario web. Una página de cambios recientes permitía seguir las aportaciones de los demás.

El lector tenía a mano el impreso y el texto editable. Podía aprovechar un rato libre para arreglar una palabra sin esperar una respuesta de la redacción. Para una biblioteca sostenida por contribuciones dispersas, esos ratos eran material de construcción.

Pero el registro de una modificación decía poco sobre sus límites. ¿Se había revisado todo? ¿Solo la frase que llamó la atención? La casilla añadió un lugar para expresar la amplitud de la revisión. Guardar una mejora y dar por concluida la página pasaron a ser dos afirmaciones distinguibles.

Nueve días después, la contabilidad

En el mensaje del día 12, Aronsson pidió comentarios sobre el funcionamiento práctico y admitió que la transición podía haber dejado algún detalle fuera. También propuso adaptar las estadísticas. Algunas obras, capítulos y páginas que figuraban como terminados bajarían un peldaño.

Hans Persson confirmó el ajuste el 21 de noviembre. Las tablas ya solo daban por completas las páginas con la marca de revisión integral. Muchas obras habían pasado a tablas inferiores.

Todas las correcciones anteriores seguían allí. Persson explicó que se daría prioridad a las páginas marcadas como enteramente revisadas porque consideraba superior su calidad media. Su razonamiento distinguía dos posibilidades: una página sin marca podía estar perfectamente repasada, o podía contener únicamente la reparación de una falta de ortografía.

El nuevo criterio hacía visible esa duda. Parte de la labor pendiente consistía en averiguar cuánto de la página había recibido ya atención.

La biblioteca conservó las palabras arregladas y retiró algunas matrículas de honor. En una lista de tareas, decir con mayor precisión qué se ha terminado puede producir una impresión bastante ingrata: de pronto parece que queda más por hacer.