Resumen

  • Mapquest.com se lanzó a comienzos de 1996. Ese mismo año, la empresa empezó a suministrar mapas e información de destinos desde su sitio a otras empresas y portales.
  • El catálogo de 1999 distinguía herramientas alojadas por MapQuest y productos como Enterprise Server, operados en la infraestructura del cliente. Alojarlos allí no eliminaba las licencias de software y datos.
  • En 1999, la actividad para empresas aportó el 38,0 % de los ingresos totales, la de consumidores el 19,2 % y la cartografía digital el 42,8 %. El informe no reparte los beneficios de esa manera.

El mapa aparecía donde estaba el cliente

Un conductor pedía una ruta. Una cadena de tiendas pedía otra cosa: que cada visitante descubriera qué sucursal le quedaba cerca sin montar por su cuenta un sistema cartográfico. MapQuest podía satisfacer ambas peticiones. La primera se veía en su página pública; la segunda podía aparecer dentro de la web de la cadena. Quien miraba el mapa quizá nunca visitaba el sitio de MapQuest, aunque su motor hubiera calculado la respuesta.

El formulario S-1 que MapQuest presentó a la SEC en febrero de 1999 sitúa el lanzamiento de mapquest.com en el primer trimestre de 1996. En el tercero ya suministraba mapas e información de destinos a empresas y portales desde su propio sitio. El servicio público y la distribución a terceros nacieron juntos. La marca atraía a quienes buscaban direcciones; las empresas pagaban para incorporar la función a sus páginas.

El informe anual de 1999 permite abrir la caja de herramientas. MapQuest Connect servía un mapa pedido mediante una dirección, ciudad o código postal. InterConnect buscaba ubicaciones próximas; Locator combinaba la búsqueda con parámetros de la base del cliente; TripConnect ofrecía indicaciones puerta a puerta con mapa, distancia y tiempo estimado. El nombre de cada producto correspondía a una tarea comercial. Una empresa con muchos establecimientos necesitaba proximidad; otra, una ruta completa hasta su destino.

La columna más reveladora de la tabla del informe no describe el mapa: dice quién lo aloja. Para esos servicios Connect, la respuesta era MapQuest. La empresa mantenía las máquinas y entregaba la función a la web compradora. Los contratos solían incluir un pago de instalación y una tarifa anual ligada al uso. Una dirección solicitada mil veces no era una imagen que se imprimía mil veces sin más: era una llamada repetida a un servicio, y el tráfico formaba parte de la factura.

La misma carretera, otro servidor

El informe también enumera Enterprise Service, alojado por MapQuest y orientado a sitios de alto volumen, con páginas de mapas personalizables. Enterprise Server figura con otro anfitrión: el cliente empresarial. Había incluso un producto para Windows NT ejecutado por el cliente. MapQuest había introducido Enterprise Server en 1998. La opción de llevar el programa a la infraestructura de otra organización ya pertenecía al catálogo, junto a las opciones alojadas.

Para el comprador, la diferencia podía ser decisiva. Con el servicio remoto evitaba operar parte de la maquinaria cartográfica; con el servidor propio acercaba el cálculo de rutas a sus aplicaciones y bases de locales. Pero hacerse cargo de la máquina no equivalía a hacerse dueño de toda la información que circulaba por ella. El S-1 explica que Enterprise Server licenciaba datos de MapQuest y sublicenciaba determinados datos de terceros a las empresas. El ordenador cambiaba de sala; las autorizaciones sobre las calles seguían viajando en el contrato.

MapQuest tampoco podía tratar todos los trazados como si los hubiese inventado. El S-1 señala que una parte importante de sus datos geográficos primarios procedía de un número limitado de proveedores bajo licencias no exclusivas y de corta duración. El informe anual distingue esos materiales de las bases propias que MapQuest integraba y editaba. La empresa hacía un trabajo real de ensamblaje, mantenimiento y entrega. Si se interrumpía el suministro de datos, una instalación en el servidor del cliente no fabricaba por sí sola calles actualizadas.

Los ingresos enseñan por qué esta historia no cabe en la nostalgia de una web de viajes. En 1998, el negocio para empresas representaba el 26,4 % de los ingresos, mientras que el negocio para consumidores suponía el 5,6 %. El resto venía de cartografía digital, incluidos productos para soportes ajenos a Internet. En 1999, las proporciones fueron 38,0 %, 19,2 % y 42,8 %. La web pública ganaba principalmente por anuncios y patrocinios; las empresas pagaban instalación, servicio, licencias de software y datos. Una misma capacidad geográfica encontraba varios compradores.

Esas cifras son ingresos, no márgenes. MapQuest agrupó costes de las actividades empresariales y de consumo porque compartían personal y operaciones. Para comparar la rentabilidad de un servidor instalado con un servicio remoto harían falta contratos y costes separados. El dato publicado ya alcanza para corregir la imagen incompleta: la página de rutas era una fachada visible de una empresa que también vendía el mecanismo que hacía funcionar rutas en páginas ajenas.

La cartografía anterior al navegador seguía presente. MapQuest vendía mapas impresos, atlas, trabajos digitales y soluciones hechas para otros medios. El salto a Internet añadió distribución dinámica, no borró de un plumazo la base de datos ni el oficio que la alimentaba. La nueva pregunta era dónde se ejecutaba el cálculo y quién respondía por él. La misma carretera podía aparecer en mapquest.com, en el sitio de otra empresa servido por MapQuest o en un sistema alojado por esa empresa. El resultado parecía uno; el reparto de control tenía tres versiones.

Fuentes