Resumen

  • En una reunión celebrada el 11 de enero de 1982 en ISI, los participantes acordaron ampliar username @ hostname a username @ host.domain. La jerarquía nueva quedaría enteramente a la derecha de un único @; las reglas del usuario seguirían en manos de cada sistema.
  • La propuesta exigía dominios ordenados y nombres superiores únicos. También requería que el software aceptara puntos en el campo de host y que DARPA fijara una fecha para poder enviar esas direcciones por la red sin que los destinatarios protestaran.

Supongamos que un cartero conoce todas las puertas de una calle y que algunos vecinos usan un punto como parte del nombre en el buzón. Alguien decide ampliar la ciudad y dibuja un mapa precioso. Si para estrenarlo borra los rótulos viejos, el cartero encontrará la nueva avenida y perderá al vecino. El acta que Jon Postel publicó como RFC 805 cuenta una discusión parecida sobre el correo informático en ISI, el 11 de enero de 1982. La salida fue añadir geografía a la derecha de @ sin tocar los buzones de la izquierda.

Había una alternativa intelectualmente seductora: unique-id @ location-id. Una identidad estable seguiría al usuario aunque cambiara su lugar de entrega; la segunda parte daría la pista de ruta. El problema era el presente. user @ host ya estaba instalado y los sistemas locales habían acumulado distintas formas de escribir user. Para obtener una identidad global elegante habría que obligar a demasiados programas a aprender otras reglas. La reunión aparcó esa idea y decidió ampliar la forma que ya funcionaba.

Los participantes compararon colocar niveles de jerarquía antes o después de @ y ordenarlos de distintas maneras. La cantidad de información era equivalente; las consecuencias para el software no. Algunos nombres de usuario ya contenían puntos. Convertir esos puntos en separadores globales habría dado un significado nuevo a direcciones antiguas. Por eso toda la estructura adicional fue al lado del host. La regla mantenía exactamente un @, seguido de componentes separados por puntos desde el más concreto hasta el más general. El ejemplo del documento es Postel @ F.ISI.IN. En la parte alta de la jerarquía, los nombres debían ser únicos en todo el mundo y su elección quedar bajo control administrativo. Abajo, cada sitio conservaba su taller de nombres.

El acta distingue también dos maneras de orientarse: el nombre jerárquico es una dirección absoluta; la ruta de origen expresa un trayecto relativo. Y desarma la idea de un único buscador milagroso. Una cosa es encontrar a una persona por sus atributos; otra, convertir su identidad estable en un lugar; una tercera, obtener la dirección numérica de ese lugar. Solo la tercera hacía falta pronto. Al preguntar, un programa podía recibir el host final, otro servidor encargado de una rama o un reenviador. Esas respuestas necesitaban etiquetas distintas, porque una pista para seguir buscando no es una puerta de entrega.

Se debatieron además datos de servicio para un entorno donde convivían NCP/FTP y TCP/SMTP.

Para poner nombres al alcance de los programas se barajaron un archivo de texto por FTP y consultas mediante conexiones similares a TCP o datagramas UDP. Un servidor central podía abrir camino; servidores por dominio permitirían administrar las ramas, con réplicas para resistir fallos. RFC 805 recoge posibilidades de diseño, no la prueba de que el sistema posterior estuviera funcionando. El trabajo urgente era revisar el estándar de correo, preparar la transición y conseguir que el campo host admitiera puntos.

Quedaba el detalle que decide si llega la carta: cuándo usar la nueva forma. Duane Adams, de DARPA, recibió el encargo con plazo hasta el 1 de marzo de 1982 de fijar la fecha a partir de la cual podrían circular nombres de host con puntos por ARPANET e Internet sin objeciones de los receptores. El documento registra el encargo, no el cumplimiento del plazo ni una actualización simultánea de todas las máquinas. Un nuevo formato escrito en papel sigue siendo un problema de reparto si al otro extremo espera un lector antiguo.

La decisión más fértil fue respetar la vieja línea divisoria. El nombre de la persona pertenecía a su sitio; la ubicación podía crecer mediante una jerarquía común. Así se agrandó la ciudad sin quitar los letreros de los buzones. El calendario de los carteros, por supuesto, también formaba parte del protocolo.