Resumen

  • ICDL abrió en 2002 con la participación de niños en el diseño de búsquedas basadas, entre otras cosas, en el color y las sensaciones de una historia.
  • Las categorías planas aceleraron las búsquedas en un estudio con 36 niños; los botones para llegar a más categorías siguieron pasando inadvertidos.

Un catálogo puede saber mucho de libros y entender bastante poco una petición infantil. El lector recuerda una cubierta roja, quiere animales o busca una historia que dé miedo. Ahí hay información. Pedirle que vuelva con el título correctamente escrito es una manera bastante solemne de perderlo. La International Children's Digital Library, ICDL, decidió aprovechar aquellas pistas y darles sitio en la pantalla.

El proyecto se estrenó el 18 de noviembre de 2002. La crónica de Library of Congress lo presenta como una colaboración del Human-Computer Interaction Lab de University of Maryland e Internet Archive. Siete niños de entre siete y once años ayudaron a diseñarlo. Las emociones, los personajes y los lugares del relato formaban parte de sus maneras de elegir. La institución estadounidense aportó libros de dominio público digitalizados. Reunir lecturas de distintos países exigía también aprender cómo buscarlas.

La entrada pedía conocimientos de informática

El acceso inicial tuvo una dificultad considerable. En el análisis de las primeras siete semanas, los investigadores calcularon que solo el 12 % de los visitantes del sitio consiguió ejecutar el programa. La edad de esos visitantes era desconocida. Los autores señalaron los requisitos: conexión rápida, 250 MB de memoria, Java y Java Web Start. Ante las peticiones de simplificar el acceso, empezaron a desarrollar una alternativa basada únicamente en HTML.

El libro era gratuito; llegar a él podía costar una sesión de preparativos. Ese trabajo recaía en la persona que quería leer. Para una biblioteca en internet, la distancia entre la página de entrada y la primera página del cuento es parte del servicio. Instalar software también consume las ganas de seguir.

Los libros salen de su escondite

Había además un problema de distribución del espacio. El artículo del equipo de 2006 explica que la jerarquía de categorías obligaba a retroceder y que algunos niños no encontraban los resultados. Una primera revisión conservó los niveles y añadió una animación que distraía. En octubre de 2004 llegó otra solución: categorías planas, representadas por botones redondos, alrededor de los libros situados en el centro.

El equipo comparó después una disposición plana y otra jerárquica con 36 niños de seis a once años, procedentes de cuatro escuelas de Maryland. Ambas versiones experimentales tenían ya los libros en el centro. Las tareas de búsqueda se completaron más rápido con la disposición plana. Pero, durante la exploración sin instrucciones, solo doce niños utilizaron los botones de acceso a más categorías; veinticuatro no lo hicieron. Quedaba un pequeño pasillo mal señalizado hacia la segunda página.

La historia tiene la virtud de mostrar el trabajo concreto. Dar valor al color de una cubierta cambiaba lo que el sistema aceptaba como búsqueda. Colocar los resultados a la vista cambiaba el esfuerzo de encontrarlos. Escuchar a los niños permitía revisar las dos decisiones. El catálogo podía ahorrarse parte de su ceremonia y encargarse de una tarea más útil: acercar el libro a quien ya tenía ganas de abrirlo.