Resumen
- Did You Feel It recogía las experiencias de los internautas después de un terremoto y las incorporaba a mapas de intensidad por zonas.
- El sistema descrito en 2006 repartía el trabajo entre servidores, filtraba respuestas sospechosas y conservaba los registros para su revisión.
La estantería llevaba años guardando libros de ciencia. De pronto podía aportar una observación científica propia: si había dejado caer alguno. La web Did You Feel It de USGS encontraba valor en esas noticias de andar por casa. Quien entraba a consultar dónde se había producido un terremoto recibía una pregunta de vuelta: ¿qué había ocurrido donde estaba usted?
Una explicación oficial de 2001 describe esa secuencia tras el terremoto de Hector Mine de 1999, en el sur de California. Los visitantes consultaban la localización y la magnitud, introducían su código postal y contestaban preguntas sobre el despertar o la caída de objetos. El mapa empezaba a formarse en minutos. En un par de horas llegaban varios miles de respuestas.
El formulario enseñaba adónde iba la respuesta
La intensidad expresa los efectos de la sacudida en un lugar concreto. Ahí resultaban útiles las observaciones de quienes la habían vivido. USGS había recopilado durante años cuestionarios enviados por correo a oficinas postales; completar el proceso hasta obtener un mapa podía llevar meses. La recogida por Internet permitía agrupar respuestas por zona postal y actualizar los colores conforme entraban nuevos datos. Según la descripción de 2001, las zonas sin datos quedaban grises.
La ficha de 2005 proponía elegir región y terremoto —también se podía señalar un evento desconocido—, rellenar el formulario y regresar al mapa para ver la contribución. Tras San Simeon, en 2003, se habían recibido más de 14.000 respuestas en pocas horas. El formulario tenía una cortesía poco habitual: mostraba qué se hacía con el tiempo que acababa de pedir.
David J. Wald, Vincent Quitoriano y James W. Dewey explicaron el mecanismo en su trabajo de 2006. Situaban el comienzo informal en Internet en 1997; el método de puntuación procedía de cuestionarios telefónicos anteriores. Asignar valores numéricos a las respuestas permitía procesarlas de manera uniforme. Los mapas estadounidenses se actualizaban cada cinco minutos. La recogida internacional, incorporada en 2004, agrupaba las observaciones por ciudad.
Recibir visitas también daba trabajo
El terremoto de junio de 2005 cerca de Anza aportó casi 21.000 respuestas durante la primera hora. Por separado, las consultas de páginas habían alcanzado miles por segundo. El equipo convirtió la mayoría de las páginas en contenido estático, utilizó cachés y separó la entrega de páginas, el tratamiento de formularios y la generación de mapas en servidores redundantes. Cada curiosidad satisfecha consumía recursos; había que reservar capacidad para recibir la siguiente observación.
Después venía la revisión. Un error al escribir el código postal podía trasladar una respuesta a miles de kilómetros. Los registros sospechosos se marcaban para omitirlos en el cálculo y se conservaban. Entre duplicados se elegía la entrada más reciente. Los analistas retenían la decisión final sobre la calidad. Una pregunta sencilla desembocaba en un archivo que necesitaba recordar también sus correcciones.
La población y el acceso a Internet condicionaban la distribución de respuestas. El mismo trabajo de 2006 señalaba que los cortes eléctricos y los daños en ordenadores podían dejar vacíos en las zonas más afectadas. La nueva cartografía dependía de esa cadena completa: observar, conectarse, contestar y procesar. La estantería aportaba el primer dato; conseguir que llegase al mapa seguía siendo una tarea institucional.
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