Resumen
- time.gov nació tras el éxito de un reloj instalado en la web de NIST en 1997. El dominio se registró en junio de 1999 y la página abrió poco después.
- El ordenador del visitante mantenía el reloj en marcha con una corrección obtenida del servidor; el tiempo empleado en la consulta aparecía también en pantalla.
Pedir la hora por Internet tiene algo de encargo imposible: se solicita el presente y llega un presente ligeramente usado. El servidor ha contestado, la respuesta ha recorrido la red y el navegador ha hecho su trabajo. Mientras tanto, el tiempo ha seguido a lo suyo.
Una captura del manual de NIST de mayo de 2002 enseña cómo afrontaba time.gov ese pequeño inconveniente. Debajo de los grandes números aparece «Accurate within 0.5 seconds». La estimación corresponde a la consulta de la imagen. La letra pequeña daba cuenta del trayecto.
El reloj se independiza
Según el artículo técnico sobre sus comienzos, NIST añadió un reloj a la web de su división en 1997. Gustó lo suficiente para conseguir una dirección propia. El dominio time.gov se registró el 23 de junio de 1999 y el sitio abrió inmediatamente después, a partir de una decisión conjunta con United States Naval Observatory.
El visitante elegía un huso horario en el mapa. Una aplicación Java recibía la hora del servidor, la comparaba con la del ordenador y calculaba la diferencia. Después, el reloj de la pantalla avanzaba con la hora local corregida por ese desfase. Volvía a consultar cada diez minutos. El ordenador doméstico ponía el ritmo; el laboratorio, la referencia.
Había que llegar primero al servidor. La animación utilizaba el puerto 8013 y algunos cortafuegos impedían esa conexión. La alternativa era una página fija enviada por el puerto 80, habitual en la web. El usuario podía actualizarla para obtener otra instantánea. Consultar un reloj y tener que pedirle que se pusiera al día: Internet también sabía añadir trámites al tiempo.
Para saber la hora, menos equipaje
El documento de renovación de 2007 describe el trabajo que arrastraba cada consulta: arrancar un intérprete Perl en el servidor, solicitar varios archivos y efectuar varias lecturas. La respuesta breve tenía una preparación bastante concurrida.
La versión anunciada emplearía Flash, un programa compilado para obtener la marca temporal y el puerto 80. Mostraría juntos los husos estadounidenses desde la primera pantalla. Las pruebas dentro de la red de NIST encontraron una respuesta mucho más rápida ante peticiones simultáneas. Quitar trabajo repetido al servidor ayudaba a que la hora saliera antes por la puerta.
Los autores conservaron, sin embargo, la indicación del retraso. Medían el viaje de ida y vuelta, pero descartaron restar automáticamente la mitad. Desconocían dónde se había producido la espera. Si esta se concentraba antes de que el servidor leyera su reloj, esa corrección podía adelantar la hora mostrada. Una cuenta perfectamente limpia podía dejar el reloj demasiado optimista.
La propuesta seguía apoyándose en el reloj local entre consultas. Lo interesante era la atención prestada a la entrega: una referencia excelente debía atravesar programas, conexiones y esperas para servir al lector. Los grandes números daban la hora; la pequeña cifra de retraso enseñaba cuánto había costado traerla.
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