Resumen

  • El portal permitía buscar por zona y periodo y seguir un resultado hasta la imagen completa en la institución que la conservaba.
  • Las fichas llegaban a menudo por correo electrónico. Mantener la web encendida y mantener actualizados sus destinos requería trabajos distintos.

Lo normal era quedarse poco tiempo. El informe de 2013 de Old Maps Online lo reconocía y explicaba su propósito: llevar al usuario cuanto antes a la biblioteca que tenía el mapa buscado. La despedida rápida podía ser el mejor servicio de la casa.

Llegar hasta allí tenía su complicación. Un lector sabía qué lugar quería investigar, pero quizá desconocía el título del mapa y la institución que lo guardaba. Los catálogos convencionales preguntaban por autores, editores o títulos. Para encontrar la respuesta, parecía conveniente traer ya medio examen resuelto.

Primero, señale dónde

El anuncio británico del 29 de febrero de 2012 ofrecía otra entrada: desplazarse y acercarse en un mapa, o escribir un topónimo, y acotar el periodo con una barra temporal. Los resultados cambiaban con la zona visible. Una miniatura y su ficha conducían a la imagen completa alojada en la institución correspondiente.

Cinco colecciones participaron en el arranque; el informe contabilizaba diecinueve en febrero de 2013. Cada biblioteca conservaba el control de sus imágenes y de su visualización. El portal guardaba miniaturas e información para localizarlas. Había una recepción compartida y muchas salas de consulta al otro lado.

A la cartografía también le hace falta domicilio

El artículo de los creadores de 2012 fijaba una ficha mínima: título, fecha de la información representada, dirección de la imagen y coordenadas de las esquinas inferior izquierda y superior derecha. Ese rectángulo permitía relacionar la hoja histórica con la zona elegida por el lector.

En mapas antiguos, las coordenadas podían ser aproximadas. El servicio admitía imágenes sin una rectificación geométrica detallada, de modo que las bibliotecas podían aprovechar sus escaneos y visores existentes. Añadir la ubicación abría otra vía de acceso a lo que ya tenían en línea.

La dirección web era un domicilio más mudable. Cambiar el visor o la organización de una página podía romper el enlace aunque el mapa siguiera sano y salvo. El artículo insistía en direcciones estables. Una miniatura preciosa que desemboca en un error hace bastante mal papel como guía turístico.

El atlas llegó como archivo adjunto

El informe de 2013 explica que la mayoría de las fichas llegaba por correo, en hojas de cálculo o archivos parecidos. Los sistemas de recolección automática disponibles solían omitir las coordenadas de cobertura, incluso cuando la biblioteca las tenía. El equipo ajustaba los datos que conseguía recibir. La elegante búsqueda geográfica también tenía que vaciar su bandeja de entrada.

Usar el programa existente MapRank Search permitió estrenar el portal en los cuatro meses siguientes al inicio de la financiación, en noviembre de 2011. Quedaba buena parte de un proyecto de quince meses para captar colecciones y lectores. Tener algo funcionando facilitaba trabajar con quienes iban a alimentarlo.

La continuidad se dividía en dos encargos. Había alojamiento y mantenimiento de software previstos hasta enero de 2018; ampliar y corregir las fichas seguía necesitando personal especializado. Se podía pagar por adelantado la luz de la recepción. Los caminos hacia los mapas requerían atención aparte.