Resumen

  • Los dos talleres de APNIC Academy en APNIC 62 sumaron 55 asistentes. El de automatización funcionó como formación de instructores y enseñó a reconstruir sus prácticas de laboratorio.
  • Participantes señalaron posibles usos en Bhutan Telecom y un futuro intercambio con MMNOG en Myanmar. Esas intenciones ofrecen pistas concretas para seguir el recorrido del curso.

En un congreso siempre llega el momento de apagar el proyector. La pregunta para APNIC es quién sabrá encender el siguiente. Su balance del 27 de octubre cuenta que 55 personas asistieron, en conjunto, a los talleres de seguridad y automatización de APNIC Academy celebrados en Mumbai. La cifra reúne ambas aulas. El curso de automatización tenía una tarea adicional: preparar a quienes volverían a enseñar.

Según el programa del encuentro, Dave Phelan y Makito Lay trabajaron con inventarios, plantillas, gestión de configuraciones, automatización por eventos y comprobación de cambios. El formato de formación de instructores añadió destrezas de presentación y facilitación, además de montar la infraestructura del laboratorio. Esto último separa una buena charla de una clase repetible: cuando falla un ejercicio, alguien tiene que saber levantarlo de nuevo antes de que lleguen los alumnos.

El propio informe da nombres de los destinos, aunque no de los participantes. Uno habló de llevar la automatización a las tareas de configuración y vigilancia de Bhutan Telecom, con la idea de enseñarla a su equipo. Otro imaginó cambios de red más consistentes en MMIX y difusión hacia la comunidad MMNOG de Myanmar. Son planes expresados en el taller. Un curso impartido en esas organizaciones, un inventario actualizado o una configuración verificada permitirán ver qué parte del viaje ocurrió.

APNIC había anunciado en su presentación previa que los asistentes aprenderían a reproducir el laboratorio en su propia organización. Esa promesa convierte el aula en una pequeña infraestructura: necesita equipos compatibles, accesos, ejemplos adecuados y tiempo de mantenimiento. Un archivo de diapositivas pesa poco; sostener la práctica pesa bastante más.

La siguiente prueba tiene nombre y lugar: un taller impartido por antiguos alumnos, un inventario que siga actualizado y una configuración que pase la validación antes de entrar en la red. Ahí se verá si la lección de Mumbai terminó en una diapositiva o llegó a la mesa de cambios.