Resumen

  • Bill Manning rechazó en APNIC 24 la comparación de los últimos grandes bloques con «la última cucharada de arroz»: las direcciones IPv4 ya utilizadas seguirían existiendo tras agotarse la reserva libre de IANA.
  • Recordó una idea debatida en otra región: reducir las entregas de IANA a los registros, quizá hasta bloques de /19. Paul Wilson señaló el precio en política global, DNS inverso y operación. La reunión cerró sin consenso sobre la propuesta final.

El arroz entró en el debate de direcciones sin pedir permiso. También una bañera. En septiembre de 2007, mientras la sala de política de APNIC discutía el destino de los últimos grandes bloques IPv4, Bill Manning protestó por esas imágenes. Si IANA dejaba de repartir bloques enormes, los números que ya estaban en manos de redes no se iban a convertir en vapor. Randy Bush respondió que hablaban de la reserva libre de IANA. Esa respuesta delimitó el problema: que se vacíe el almacén central no significa que desaparezcan las mercancías que salieron de él.

Manning había atacado antes la rigidez de dos esquemas de reparto. Dijo que llevaba ese día un «sombrero ARIN» y trasladó una sugerencia escuchada en otra región. Al acercarse a los diez últimos /8, IANA podría disminuir sus entregas a los registros hasta tamaños como /19. Con menos salto al final, pensaba, la desaceleración sería más manejable. Se ofreció a compartir referencias. La transcripción no le atribuye la autoría de una propuesta formal ni registra la adopción de esa receta.

Paul Wilson puso el coste encima de la mesa antes de que la idea pudiera volverse consigna. Dividir los bloques que IANA entregaba por /8 suponía cambiar una práctica operativa y una política de alcance mundial. Habría consecuencias para el DNS inverso y más trabajo para IANA. Una pendiente suave en el gráfico podía crear una cuesta bastante empinada para quienes llevaban los registros.

Las actas de APNIC 24 anotan que no hubo consenso sobre la propuesta del último /8. Ahí termina la escena, sin victoria legislativa para Manning. Su intervención dejó dos preguntas mejores que el arroz: ¿qué inventario termina, y quién opera el mecanismo elegido para repartirlo?