• Los registros de Internet están diseñados para administrar recursos numéricos, no para juzgar conductas ni imponer sanciones.
  • Confundir la administración con la aplicación de normas amenaza la confianza, la previsibilidad y la estabilidad de la infraestructura de Internet.

“El papel de un registro es administrativo, no punitivo. Confundir ambos es uno de los errores más peligrosos en la gobernanza de Internet. Un registro existe para mantener registros precisos: quién utiliza qué número y bajo qué procedimientos documentados. Es, en esencia, una guía telefónica. Pedir a una institución de este tipo que vigile el comportamiento, imponga sanciones o ‘castigue’ a los participantes es un error de categoría.”

——Lu Heng, CEO de Cloud Innovation, CEO de LARUS Ltd, Fundador de LARUS Foundation.

La administración no es aplicación de normas

Lu Heng argumenta que los registros de Internet ocupan una posición estrechamente definida pero crítica dentro de la infraestructura global de Internet en su ensayo “Por qué los registros nunca deben convertirse en ejecutores”. Su propósito es registrar y mantener información sobre los recursos numéricos, garantizando precisión y continuidad mediante procedimientos documentados. Esta función administrativa sustenta el funcionamiento técnico de Internet, pero no otorga a los registros autoridad para disciplinar o sancionar a los participantes.

Según Heng, utilizar los servicios esenciales de registro como palanca contra una supuesta mala conducta es irracional dentro de cualquier sistema de gobernanza responsable. Negar o retirar recursos numéricos como forma de castigo confunde el mantenimiento de registros con la aplicación de la ley. En sistemas maduros, las disputas de comportamiento se manejan a través de canales legales apropiados en lugar de retener servicios fundamentales.

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Autoridad soberana y debido proceso

El texto enfatiza que las reglas y el cumplimiento son necesarios, pero las consecuencias deben ser aplicadas por instituciones con autoridad soberana. Los tribunales, los reguladores y los gobiernos operan con mandatos legales, salvaguardias procesales y mecanismos de rendición de cuentas. Los registros no. Funcionan mediante la participación voluntaria y acuerdos contractuales, no a través de la ley.

Heng subraya que un registro no puede actuar simultáneamente como administrador, fiscal y juez sin socavar su legitimidad. Cuando un registro intenta hacerlo, corre el riesgo de perder la confianza de las redes que dependen de su neutralidad. La ausencia de debido proceso hace que las acciones de aplicación por parte de los registros sean inherentemente inestables y difíciles de justificar.

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Separar la comunidad y la infraestructura

Una fuente central de confusión, explica Heng, radica en no distinguir entre las plataformas comunitarias y la administración de recursos numéricos. Los registros pueden moderar listas de correo o foros como parte de la gestión de espacios de discusión, pero esta autoridad no se extiende al control sobre los recursos numéricos. Estos operan en una capa legal y de gobernanza diferente, donde la discreción debe estar estrictamente limitada.

El peligro se intensifica bajo el llamado modelo comunitario, que en la práctica involucra a un pequeño grupo autoseleccionado cuyas opiniones pueden no reflejar la membresía global o los diversos entornos legales. A medida que la coordinación de Internet ha evolucionado hasta convertirse en infraestructura crítica, los principios de acceso universal y no discriminatorio deben prevalecer. Los registros deben mantener registros y ejecutar transferencias, mientras que la aplicación de normas permanece exclusivamente en manos de las autoridades soberanas.

Cruzar ese límite crea imprevisibilidad e invita al abuso, debilitando los cimientos mismos de Internet.