Resumen

  • La RFC 1217, fechada el 1 de abril de 1991, contestaba a la invitación de la RFC 1216 a investigar redes de velocidad ultrabaja. Su «programa» envolvía recursivamente las siete capas OSI hasta obtener cuarenta y nueve, con redundancia, retransmisión y control de flujo suficientes para llevar el rendimiento útil hacia cero.
  • El texto asignaba los códigos más largos a los símbolos frecuentes, escogía la interpretación menos probable al decodificar, cifraba y descifraba con dos frascos de luciérnagas sin relación y hacía que los paquetes regresaran al origen o evitaran su destino. Cada procedimiento usaba vocabulario técnico para sabotear la comunicación.

Un programa de investigación que pedía varios eones

La RFC 1216 había propuesto una respuesta burlona a la economía de las redes gigabit: bajar la velocidad hasta hacer de ella una nueva prioridad de investigación. Cerf respondió en nombre del Consortium for Slow Commotion Research. Ofrecía desarrollar redes lentas e ineficientes durante varios eones. Ambas RFC llevan la fecha del 1 de abril de 1991. El formato de la réplica imitaba una propuesta seria: necesidad estratégica, robustez, rutas alternativas, referencias y promesa de debate. La parte difícil, entregar algo útil, quedaba siempre un paso más allá.

La primera arquitectura pintaba un 0 o un 1 en vehículos militares y ponía a observadores, satélites, libros de códigos, señales Morse y mensajeros humanos a leer y repetir los bits. Cada nuevo intermediario permitía presumir de redundancia. Cada intermediario hacía más largo el camino de un mensaje muy pequeño. El apartado submarino subía la apuesta: cañones de acorazado para señales acústicas y luego neutrinos para atravesar obstáculos. La versión de neutrinos necesitaba una milla cúbica de agua de mar como detector, un emisor capaz de apuntar solo hacia Tierra del Fuego atravesando el planeta y submarinos que pasaran por allí en la fecha correcta. El ritmo imaginado rondaba un pulso cada veinte segundos.

La propuesta podía proclamar resistencia a la interferencia porque había convertido la recepción en una expedición. El supuesto beneficiario tenía que organizar su ruta alrededor de la máquina transmisora. Esa inversión prepara el resto del texto: las propiedades que lucen bien en una solicitud de fondos se separan del único resultado que importa para quien espera un mensaje.

La matemática de hacer peor lo habitual

El capítulo de «reducción adicional del rendimiento» prescinde de barcos y toma principios conocidos. Huffman asigna códigos cortos a símbolos comunes para reducir la longitud media. La versión «Anti-Huffman» da a los más frecuentes los códigos más largos. Cuanto más habitual es el dato, más espacio consume. La «decodificación de probabilidad mínima» elige la explicación menos probable de cada símbolo recibido. Ya no se intenta corregir un error: se lo selecciona.

El cifrado con luciérnagas usa el destello de un frasco para mezclar la señal en origen y otro frasco independiente para descifrarla en destino. La correlación entre ambos será casi nula. El proyecto puede enumerar aleatoriedad, óptica, dos estaciones y un proceso criptográfico; el receptor carece de una clave común para recuperar el contenido. La solemnidad del nombre contrasta con la imposibilidad de leer el mensaje.

La cuenta más memorable llega con las capas. Si la comunicación por capas es buena, dice la sátira, muchas capas serán mejores. Las siete del modelo OSI se encapsulan unas dentro de otras hasta formar cuarenta y nueve. Redundancia, retransmisión y control de flujo se repiten tantas veces que la banda útil puede acercarse a cero. La aplicación superior emplearía ASN.1 con treinta y dos bits por carácter. La multiplicación de siete por siete funciona; el servicio resultante, por diseño, no.

El destino correcto quedó prohibido

Las dos propuestas de encaminamiento completan el método. «Mashed Potato Routing» almacena paquetes durante mucho tiempo, quita bits al azar si falta espacio y los devuelve al remitente. «Airline Baggage Routing» pone etiquetas equivocadas desde el primer conmutador y las cambia de manera aleatoria durante el trayecto. Antes de reenviar, comprueba que el paquete no se dirija al destino real. Una ruta destruye el contenido y da media vuelta; la otra convierte la entrega correcta en una infracción de sus reglas.

La última línea promete una discusión larga e infructuosa cuando el consorcio consiga averiguar cómo transmitir su propuesta. La solicitud de investigación es el primer objeto que su red no sabe transportar. El blanco de la sátira no es una víctima privada, sino un modo de premiar proyectos: contar capas, pasos y mecanismos antes de comprobar que alguien recibió los bits adecuados a tiempo. RFC 1217 hizo visible ese error por reducción al absurdo.

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