Summary

  • El primer servidor horario de NIST comprobaba su reloj mediante llamadas al servicio telefónico ACTS cada 3.000 segundos.
  • El funcionamiento documentado hasta 2001 separaba las respuestas a Internet de la calibración; una línea averiada podía dejar al servidor disponible, pero con la hora deteriorada.

La hora exacta también marcaba un número

Dar la hora a otros ordenadores exigía cierta humildad doméstica: llamar a casa de vez en cuando para comprobar cómo iba uno. Así trabajaba el primer servidor del servicio horario de Internet de NIST. El módem tenía un puesto bastante serio en la nueva economía digital.

Judah Levine presentó el sistema en la reunión PTTI de 1993. Desde Boulder, Colorado, el servidor contestaba en tres formatos, Daytime, Time y NTP. Distribuía UTC(NIST), la escala de tiempo mantenida por National Institute of Standards and Technology.

El texto original explica cómo se ajustaba aquella máquina: una llamada a Automated Computer Time Service, ACTS, cada 3.000 segundos. En el experimento descrito, eso mantenía su reloj a unos 0,8 milisegundos RMS de UTC(NIST). El recorrido de la respuesta por la red añadía incertidumbre hasta llegar al usuario.

El programa cliente que presentaba Levine permitía obtener la hora sin que el usuario hiciera su propia llamada de larga distancia. El trabajo telefónico quedaba concentrado en el servidor. A partir de una referencia cuidada allí, podían atenderse las peticiones de otras máquinas.

El cable que quedaba detrás

El informe operativo de mayo de 2002 retrata el servicio en noviembre de 2001. Cada servidor llevaba un módem analógico conectado a una línea dedicada. Llamaba periódicamente a ACTS en Boulder e ignoraba las llamadas entrantes. Las solicitudes de Internet llegaban por Ethernet.

El software tenía dos tareas separadas. Unos procesos entregaban códigos horarios y otros corregían el reloj interno. Las llamadas de calibración se hacían normalmente cada pocas horas y duraban unos quince segundos. Durante el intervalo, el programa modelaba el oscilador y seguía ajustando la hora.

Había ayudas adicionales según la instalación. Los servidores de Boulder recibían también una señal directa de un pulso por segundo. Algunos equipos remotos contaban con una referencia de rubidio para mejorar la estabilidad a corto plazo y aguantar durante un tiempo limitado si no podían llamar. El servicio común se apoyaba en condiciones físicas distintas.

Un servidor puede contestar y estar equivocado

NIST documentó fallos de las líneas telefónicas y problemas del propio ACTS. La conexión a Internet podía seguir funcionando mientras el reloj perdía contacto con su referencia. El cliente necesitaba conocer el estado de la máquina que contestaba.

Ante fallos parciales, los servidores solían incluir una señal de mal estado. La mayoría de los programas clientes la comprobaban y buscaban otro servidor; algunos no lo hacían. El antiguo formato Time planteaba un problema especial: carecía de un campo para comunicar ese estado.

Los operadores probaron a guardar silencio. El informe cuenta que muchos clientes interpretaban la falta de respuesta como una hora del año 2037. Después llegaron las cartas de protesta. El servidor había intentado abstenerse y el cliente lo había ascendido a máquina del tiempo.

La broma la había escrito el software instalado. Para resolverla, el operador debía considerar cómo se comportaban los programas del otro extremo. Publicar una señal de fallo solo servía cuando esa señal terminaba cambiando la actuación del cliente.

La puntualidad tenía copias de seguridad

En noviembre de 2001 había catorce servidores operativos, además de instalaciones de prueba. NIST dirigía el servicio; el personal de las ubicaciones remotas ayudaba con el hardware. Los contratos del fabricante cubrían piezas y trabajo. Las actualizaciones se ensayaban primero en servidores privados.

Las imágenes de disco se guardaban en cintas, junto con cuadernos que detallaban configuraciones y versiones, dentro de una caja resistente al fuego. Era material para reconstruir una máquina conocida cuando algo se rompía. La exactitud tenía también una pequeña oficina de archivos.

El usuario pedía la hora y recibía una respuesta breve. Sostener esa sencillez exigía cuidar la calibración, el teléfono, las averías y la posibilidad de recuperar el sistema. El reloj de Internet podía ser muy moderno. Sus obligaciones de mantenimiento tenían los pies en el suelo.