Summary
- El 7 de abril de 1998, el W3C publicó MathML 1.0 como Recomendación, la primera aplicación de XML con ese rango, para describir notación y contenido matemático en la Web.
- El marcado de presentación indicaba cómo se ordenan los símbolos; el de contenido, qué operaciones y relaciones podían procesar otras herramientas. Hacían falta editores y lectores capaces de aprovecharlo.
Una fórmula encerrada en un GIF se parece a un plano de una máquina pegado a la máquina. Se ve el dibujo; nadie puede agarrar una pieza. El W3C describió en 1998 la costumbre de insertar ecuaciones como imágenes en páginas Web. Servía para enseñar su aspecto. Buscar un término dentro, copiar una subexpresión o pasarla a un programa de cálculo era otra historia. La página sabía enlazar documentos de un continente a otro y, sin embargo, trataba su propia álgebra como decoración.
Ni siquiera la decoración siempre salía bien. La imagen preparada para una letra de cierto tamaño quedaba diminuta cuando el lector aumentaba la fuente. Sobre un fondo distinto podía aparecer un halo blanco. Alinear la base de la fórmula con el renglón era difícil y al imprimir se notaba la diferencia entre los píxeles de pantalla y el texto nítido. Un texto alternativo ayudaba a describir la imagen; no volvía seleccionables sus partes ni reconstruía el árbol de operaciones. El retrato guardaba la cara de la ecuación, no sus manos.
La Recomendación MathML 1.0 planteó un vocabulario XML con dos familias. La presentación indicaba fracciones, exponentes, filas, operadores y otras formas visibles. El contenido nombraba operaciones, argumentos y relaciones matemáticas. El documento contaba 28 elementos de presentación y 75 de contenido. Un lector podría ver una notación; otro programa, recibir una estructura útil para buscar, transformar o expresar la misma idea de otra manera. La separación daba trabajo a las herramientas, y también les daba material con el que trabajar.
Mezclar las dos familias exigía disciplina. El capítulo cinco pide que una expresión de presentación siga pudiendo dibujarse con sentido y que una de contenido mantenga una interpretación matemática clara. Hay operadores cuyo aspecto visible necesita una anotación para identificar su significado. Una curva elegante no le dice al software qué hacer con ella por arte de magia. El estándar ponía la estructura a la vista y marcaba dónde la ambigüedad seguía viva.
El anuncio del W3C del 7 de abril situó MathML como la primera aplicación XML convertida en Recomendación. Ya existían algunas herramientas iniciales; la especificación esperaba que editores y convertidores produjeran el marcado en la mayoría de los casos. La buena impresión, la lectura en voz, el braille, la búsqueda y el intercambio con software matemático eran objetivos explícitos. El W3C mencionó soporte en su navegador-editor Amaya, un banco de pruebas de la época. La especificación abría camino; cada programa tenía que recorrerlo.
El cambio interesante no era que las fórmulas fueran a verse de golpe más bonitas. Era que podían circular sin dejar el significado en la sala de revelado. El usuario veía el resultado, el buscador podía examinar una parte y el editor podía modificarla. La ecuación seguía teniendo una cara; por fin podía mover la boca.
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