Resumen
- NASA anunció el 20 de julio de 1994 que dejaría de enviar por correo postal sus comunicados habituales desde el día 25. Internet, CompuServe y el fax a petición serían las vías principales.
- La colisión de Shoemaker-Levy 9 con Júpiter atrajo a lectores que querían obtener las imágenes por su cuenta. La nueva distribución incluyó confirmaciones, instrucciones y ayuda para acceder.
La luz de Júpiter tardaba unos 48 minutos en llegar a la Tierra. En julio de 1994, esa era la primera espera para seguir los golpes de Shoemaker-Levy 9 contra el planeta, según el registro de NASA. Después venían la recepción de imágenes, su publicación y el ordenador de cada curioso. La velocidad de la luz tenía su límite; la paciencia del público, el suyo.
Los fragmentos del cometa chocaron entre el 16 y el 22 de julio. NASA había difundido los horarios previstos para recibir las imágenes y comentarlas en NASA TV. Brian Dunbar, responsable de servicios de Internet, recordó en una retrospectiva oficial que los usuarios llegaban a las webs unos minutos antes de las transmisiones esperadas. El público aprendía a consultar la fuente con el calendario en la mano.
Un anuncio terrenal en plena semana cósmica
El 20 de julio, la sede de NASA publicó una instrucción para cambiar el reparto de noticias. Desde el lunes 25 dejaría de mandar por correo postal comunicados de prensa, anuncios de contratos y avisos para las redacciones. Los servicios de Internet, CompuServe y el fax a petición asumirían el papel principal. Los cohetes llevaban años haciendo viajes extraordinarios; los comunicados iban a ahorrarse uno bastante ordinario.
Geoffrey H. Vincent, responsable adjunto de asuntos públicos y del grupo que dirigía la incorporación de Internet, explicó que llevaban casi un año preparando el cambio. Para mostrar el interés existente ofreció una cifra del momento: desde el 8 de julio, un servidor de Jet Propulsion Laboratory había recibido más de 90.000 consultas sobre el choque del cometa. Había lectores dispuestos a buscar la información por sí mismos.
JPL ya contaba con personas acostumbradas a ese trato directo. En el relato de Dunbar, el antiguo responsable de información pública Frank O’Donnell recuerda un tablón electrónico por conexión telefónica, creado a finales de los ochenta para descargar imágenes y textos. Ron Baalke publicaba información en Usenet. La historia oficial de la investigación de objetos cercanos a la Tierra recoge, en la página 128, más de un millón de solicitudes de archivos de 59 países en la web de Baalke dedicada al cometa. Los documentos científicos habían encontrado una concurrida ventanilla pública.
Cómo recoger una noticia
El comunicado del día 20 servía también de manual. Quien se suscribiera por correo electrónico recibiría primero una confirmación y después otro mensaje con información del servicio. El depósito FTP anónimo contenía noticias, materiales de misiones y otras publicaciones; un archivo readme explicaba sus directorios. En CompuServe se elegía una categoría dentro del espacio de NASA. Para obtener un fax, el usuario seguía las indicaciones de un sistema telefónico.
Cada opción cambiaba un poco el reparto de trabajo. Con una suscripción, las noticias siguientes llegaban al buzón electrónico. Con FTP, el lector escogía qué archivo llevarse y cuándo. El fax producía papel en el extremo que lo pedía. NASA quería que profesores, estudiantes y otros interesados dispusieran de materiales que la oficina de prensa distribuía a periodistas.
La transición cuidó a los destinatarios existentes. Los medios que figuraban en la lista de la sede continuarían recibiendo comunicados por fax. Los dosieres de las misiones seguirían enviándose por correo durante el periodo previsto, además de ofrecer versiones de texto en línea. Un servicio telefónico automatizado atendería dificultades de acceso. La revolución digital se había acordado de dejar un número de ayuda.
Son detalles que explican cómo una novedad llega a ser un servicio. La confirmación permitía saber que la suscripción había funcionado; el readme evitaba buscar a ciegas; el fax mantenía una ruta conocida. Las imágenes del planeta herido atraían la atención y esas pequeñas piezas permitían volver a buscar información al día siguiente.
NASA estaba abriendo su mostrador a una audiencia que elegía cuándo presentarse. Para llegar a ella, además de buenas fotografías, hacían falta archivos localizables y puertas que funcionaran. Júpiter puso el espectáculo. En la Tierra, alguien tuvo que escribir las instrucciones.
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