Resumen

  • La página del IGF permite a la Secretaría usar IA para organizar o analizar propuestas del IG Lab, pero prohíbe que la IA las evalúe. No afirma que se haya usado un sistema ni define qué resultados llegarían a los revisores.
  • El documento completo establece filtros de elegibilidad, un pequeño grupo multiactor, una recomendación de hasta seis propuestas y una selección final de hasta tres por el MAG, con consideraciones adicionales de equilibrio de cartera.
  • Propongo un comprobante que acompañe a cada propuesta y relacione versión original, operación asistida por IA, aceptación humana, elegibilidad, fusión, conflictos, evaluación, equilibrio y resolución final.

La distinción más difícil no es entre una decisión completamente automática y otra completamente manual. Está entre dos pantallas humanas: una muestra la propuesta original; la otra, un resumen, unas etiquetas y un conjunto de similitudes preparado por una herramienta. Si la segunda pantalla decide qué se compara o qué se lee primero, ya ha intervenido en el terreno de la selección aunque ninguna máquina emita un veredicto.

La convocatoria, abierta hasta el 15 de septiembre a las 23:59 UTC, dice que la Secretaría puede apoyarse en IA para organizar o analizar los envíos, no para evaluarlos. Para los solicitantes fija otro límite: pueden usar IA al redactar o mejorar el idioma, pero las ideas, la experiencia y las preguntas de política deben seguir siendo propias y expresar una perspectiva humana real.

No hay base para afirmar que la Secretaría haya aplicado IA a una propuesta. La redacción habla de posibilidad. Tampoco identifica un proveedor, un modelo, un conjunto de datos o una salida. Por eso el análisis responsable empieza por lo que todavía no se sabe, no por imaginar una selección automatizada.

Clasificar puede alterar el campo de juego

Una comprobación de fecha o número de palabras tiene un resultado reproducible. En cambio, decidir que una propuesta pertenece a un eje, que es «suficientemente concreta» o que se parece a otra exige contexto. Si una herramienta propone esos rótulos, el rótulo puede determinar el revisor, el grupo de comparación o una invitación a fusionar.

El problema no convierte toda automatización en evaluación. Obliga a definir la frontera por el efecto. Cuando una salida cambia el universo comparado, la asignación, la secuencia de lectura o la evidencia que recibe quien decide, debe aparecer un acto humano responsable: aceptar, corregir o descartar.

El AI Risk Management Framework de NIST es voluntario y no forma parte de las reglas del IGF. Sirve como contraste porque pide diferenciar roles humanos y de IA, documentar el alcance y hacer trazable la supervisión. El eslogan «human in the loop» no explica qué vio esa persona ni si tenía poder real para contradecirlo.

La elegibilidad ya contiene interpretación

El texto completo de 22 páginas asigna a la Secretaría cinco comprobaciones iniciales: entrega a tiempo, integridad y límite de palabras, pertenencia temática, existencia de una propuesta de gobernanza suficientemente concreta y aptitud para publicación y examen multiactor. Las dos primeras pueden resolverse casi mecánicamente. Las demás construyen el conjunto que llegará a evaluación.

Después interviene un pequeño grupo multiactor bajo orientación del MAG. Debe valorar los criterios publicados y recomendar hasta seis propuestas, procurando cuando sea posible una distribución igual entre los tres ejes. El MAG seleccionará hasta tres y considerará el equilibrio general entre regiones, grupos de interés, género, disciplinas, enfoques técnicos y no técnicos, y perspectivas de países desarrollados y en desarrollo.

Conviene separar tres objetos: valoración individual, lista recomendada y cartera aprobada. Un expediente puede perder su lugar no porque cambie su mérito, sino porque cambia la composición buscada. Esa decisión puede ser defendible, pero necesita un motivo distinto.

La FAQ del webinario del 3 de septiembre reconoció que la estrategia exacta de revisión dependía de lo recibido al cierre y seguía en elaboración. También anticipó que se podría animar a unir propuestas parecidas. La fusión añade otra decisión: quién detectó la semejanza, qué problemas se consideraron equivalentes, si los autores aceptaron y qué texto conserva cada aportación.

La consulta pública llega después de la lista corta. El documento aclara que los comentarios no son votos y no sustituyen la evaluación formal. Esa cautela impide confundir participación con autorización: una observación puede aportar hechos o revelar un riesgo, sin decidir por sí sola el resultado.

El nombre del revisor debe viajar con la recusación

La convocatoria dice que la composición del grupo se publicará antes del plazo. Sus integrantes no pueden presentar propuestas en esa edición, deben declarar intereses y recusarse ante un conflicto. Al cierre de evidencias de este artículo, la página principal no incluía los nombres y una búsqueda acotada del dominio oficial no localizó un listado específico. No prueba que el listado no exista en otro lugar. Deja una pregunta comprobable: ¿qué versión estaba vigente y cómo se conectarán las declaraciones y recusaciones con cada expediente?

Un comprobante para cada transformación

Mi propuesta es conservar una cadena de custodia editorial. El comprobante empieza con identificador, hora y huella de la versión recibida. Para cada uso de IA registra tarea autorizada, sistema o modelo, operador, campos de entrada, etiqueta, resumen, grupo o alerta producida, y la persona que aceptó, corrigió o rechazó ese resultado.

Luego añade la decisión de elegibilidad y su criterio; la posible fusión y el consentimiento; revisores, afiliaciones, intereses y recusaciones; evaluación individual; recomendación a la lista de seis; cambio por equilibrio; y aprobación o rechazo del MAG. La capa pública puede omitir datos de contacto y deliberaciones protegidas. Debe conservar al menos versión, etapa, responsable, disposición y razón.

Este comprobante es una recomendación editorial de Daniel Kade, no una obligación anunciada por el IGF ni por NIST. Aplica la disciplina de The Policy Mirror: seguir el mandato y el efecto de una acción, no el nombre administrativo que recibe. También respeta el alcance del Lab: sus discusiones someten propuestas a prueba, pero no negocian resultados, crean posiciones formales del IGF ni constituyen respaldo institucional.

La prohibición de evaluar con IA no necesita una retórica más fuerte. Necesita evidencia que sobreviva a todo el embudo.

Fuentes