Resumen

  • Tras el anuncio del fin de la degradación intencionada de la señal pública de GPS, Dave Ulmer publicó en mayo de 2000 una invitación para encontrar un cubo e intercambiar objetos.
  • La conversación original pasó enseguida a los datos necesarios para repetir el juego: referencia geográfica, formato, ordenación y unidades de capacidad.

Los satélites podían ayudar a encontrar el tesoro. Aclarar qué galón se estaba utilizando seguía siendo tarea de los terrícolas.

El 8 de mayo de 2000, una conversación sobre una nueva búsqueda con GPS había llegado al volumen del recipiente. Un participante proponía indicarlo en la descripción. Otro recordaba que un cubo de cinco galones era un objeto muy conocido en Estados Unidos. Pronto entraron en escena el galón británico y las medidas estadounidenses para líquidos y productos secos. Un cubo enterrado estaba dando bastante conversación.

Primero llegó la invitación

El contexto era una mejora importante en la señal disponible. La declaración presidencial estadounidense del 1 de mayo anunciaba el fin de la degradación deliberada de la precisión del GPS público a partir de aquella medianoche. El texto preveía que la precisión civil pudiera mejorar hasta diez veces. Los usuarios de receptores recibían una oportunidad para probar nuevos usos.

El 3 de mayo, Dave Ulmer publicó un mensaje en el grupo de Usenet sci.geo.satellite-nav. La ficha oficial de The Original Stash conserva la descripción recuperada de aquel mensaje: coordenadas, un cubo de plástico negro enterrado en gran parte y una invitación a llevarse cosas, dejar otras y anotar el intercambio en un cuaderno. Había libros, software, comida y hasta un tirachinas.

El equipo de navegación y la publicación hacían trabajos complementarios. Uno acercaba al visitante a una posición; la otra le explicaba qué buscar y qué podía hacer al encontrarlo. Con unas pocas instrucciones, un lugar pasaba a ser una actividad en la que podían participar desconocidos.

Una dirección necesita contexto

Al día siguiente, un lector preguntó qué datum utilizaban las coordenadas y sugirió UTM, una forma de expresar la posición mediante una cuadrícula. Dave respondió con una idea organizativa: una descripción de una línea y 80 caracteres que resultara fácil de ordenar y gestionar. Faltaba decidir qué debía contener.

La discusión obligó a separar dos elecciones. El datum proporciona la referencia geográfica que permite relacionar las coordenadas con la Tierra; el formato determina cómo se presentan. Richard Cochran explicó el 5 de mayo que un mismo datum podía utilizarse tanto con UTM como con latitud y longitud. La elección de la referencia y la del modo de mostrarla eran independientes. Una respuesta posterior reconoció haber mezclado ambas cuestiones.

La precisión de un número tiene un límite bastante terrenal: otra persona debe entender qué representa. Una lista puede conservar todos sus decimales y seguir omitiendo la referencia que permite usarlos correctamente.

El 8 de mayo llegó una propuesta más detallada. Incluía coordenadas con indicación de hemisferio, volumen del contenedor y unidad, además de un comentario. Añadir ceros al principio de los números ayudaría a ordenar las entradas. Usar litros evitaría la pregunta sobre la clase de galón. El formato se estaba discutiendo a la vista de quienes podían utilizarlo.

La capacidad del recipiente resolvía una necesidad sencilla: saber aproximadamente qué tamaño de objeto se podía dejar. La búsqueda tenía coordenadas y también tenía tapa. La geometría cotidiana seguía imponiendo condiciones.

La ficha salía de viaje

El cubo permanecía donde su creador lo había colocado. Su descripción podía circular, clasificarse y llegar a alguien dispuesto a ir. Esa separación entre objeto quieto e información viajera daba utilidad práctica a una conversación en Internet.

Los mensajes conservan el momento en que una idea divertida empieza a recibir instrucciones suficientes para funcionar entre personas distintas. Mejoró la señal, apareció un escondite y los lectores comenzaron a preguntar por las convenciones. La aventura necesitaba unos cuantos acuerdos pequeños. Incluso los tesoros agradecen una dirección bien escrita.

Fuentes