Resumen

  • Tawei Chang describió en febrero de 1982 un sistema experimental del UCL con un fax DACOM, un ordenador LSI-11 y enlaces por ARPANET/SATNET. El ordenador simulaba ser otro fax en una línea telefónica. El equipo intercambió imágenes con ISI y COMSAT, pero la máquina abandonaba la página cuando el ordenador intentaba frenarla para seguir el ritmo de la red.
  • El remedio fue recibir primero la hoja en un disco local, enviarla entre discos a la velocidad posible y alimentar el fax remoto solo después de recibirla entera. La cola ahorraba tiempo al operador y podía esconderle cuánto faltaba para que el papel apareciera al otro lado.

La máquina de fax tenía una idea muy concreta de lo que era una conversación telefónica: un flujo que no se detiene para que un ordenador consulte el estado de la red. El ordenador del University College London le ofreció una imitación convincente de otro fax. La máquina empezó a transmitir; la red no siguió el paso; el ordenador pidió que aflojara. El fax diagnosticó un problema en la línea y cortó la operación en mitad de la página. Así aparece el choque de ritmos en RFC 809, el informe de Tawei Chang publicado en febrero de 1982.

No se trataba de un sueño futurista dibujado en una pizarra. El UCL había conectado un fax DACOM a un microordenador LSI-11 con sistema MOS, disqueteras, pantalla y consola. Una interfaz especial parecía una línea de teléfono a ojos de la máquina; el ordenador representaba al otro fax. Una vez dentro, la imagen podía tratarse como datos informáticos. Las pruebas intercambiaron fotografías entre Londres, ISI en Los Ángeles y COMSAT en Washington a través de ARPANET/SATNET. A un extremo había papel y una máquina criada por la telefonía; en el medio, un transporte con sus propios tiempos.

Chang compara el volumen de una página comprimida con más de 20 000 caracteres alfabéticos. Es una comparación de la experiencia, no el tamaño obligatorio de cada fax. Ese volumen exigía más almacenamiento y tiempo de transmisión que una carta de texto. La máquina, en cambio, emitía a velocidad constante. Cuando el ordenador intentaba ajustarla a una red más lenta, la máquina interpretaba la demora como una anomalía que una línea telefónica normal no debía presentar. El error estaba en pedirle a un aparato de ritmo fijo que obedeciera el freno de otro sistema.

La reforma cabía en tres pasos. Primero, el fax volcaba una página completa a un disco junto a él, sin esperar a la red. Segundo, los dos ordenadores transferían la imagen de disco a disco al ritmo sostenible del enlace. Tercero, cuando el disco remoto ya contenía toda la página, el ordenador alimentaba el fax receptor con la rapidez que este podía aceptar. El papel no quedaba atrapado en una conversación larga y variable con la red. Chang informa que la lectura local de una página pasó a durar menos de un minuto.

La cola hizo más cómodo el trabajo de las personas. Un operador podía entregar varias páginas y volver a otra tarea; si el destino estaba ocupado, el sistema esperaba en vez de obligarlo a marcar una y otra vez. También introdujo una sorpresa contable. La rapidez con que el primer disco aceptaba una hoja no decía cuándo saldría del último fax. Chang advierte que el remitente ya no conocía la demora hasta la impresión y que las hojas acumuladas podían hacer esperar a la última. El mismo almacenamiento que evitaba el cuelgue separó la admisión del desenlace.

El proyecto del UCL tenía otros juguetes serios: convertir formatos entre máquinas, comprimir, limpiar y editar imágenes, combinarlas con texto. El ordenador era una mesa de trabajo además de un mensajero. Pero la escena que define el mecanismo de RFC 809 es una máquina de fax ofendida por una pausa. Los ingenieros no le ganaron una discusión al aparato: lo apartaron de la parte lenta y pusieron dos discos a mediar.

Al final, «página recibida» dejó de ser una sola frase. El primer disco podía decir que la había capturado; el segundo, que había cruzado la red; el papel en el fax remoto era la prueba de impresión. La nueva libertad del operador dependía de no confundir esos tres momentos.