Resumen

  • La guía de conexión de OLPC conservada en diciembre de 2007 distinguía entre un punto Wi-Fi, una malla con servidor escolar y una malla sencilla para colaborar directamente entre XO. Hablar con el pupitre vecino y alcanzar Internet requerían rutas distintas.
  • La guía de despliegue de julio de 2009 situaba la biblioteca local y la salida a Internet en un servidor. Al crecer la instalación aparecían ordenadores compartidos, puntos de acceso, almacenamiento y tareas permanentes de administración.

Una red dentro del aula

En una escuela sin puntos Wi-Fi, el primer éxito era que dos alumnos pudieran encontrarse. El XO llevaba una tarjeta inalámbrica capaz de enrutar tráfico aun cuando el procesador principal dormía, según la documentación de red de OLPC. Un equipo podía actuar como destino de su propio trabajo y como paso para el mensaje de otro. La malla prometía ahorrar cableado local y extender el alcance entre mesas, aulas y patios mediante vecinos dispuestos a retransmitir.

La guía de inicio de 2007 presentaba tres formas de conexión en la pantalla «Neighborhood»: Wi-Fi ordinario, malla con servidor escolar y malla sencilla. Para esta última, el documento explicaba la función concreta: colaborar directamente con otros XO. Dos niños podían trabajar juntos sin consultar una página alojada fuera de la escuela. La palabra «conectado» describía bien esa cooperación local, pero podía sugerir mucho más de lo que el circuito disponible entregaba.

El diseño contemplaba una antena activa para unir un servidor a la malla o repetir paquetes por sí misma. Aquella pieza acercaba la red compartida a la puerta del edificio. Al otro lado esperaba el proveedor de acceso. La propia página de red suponía que cada escuela buscaría alguna capacidad de Internet y un servidor que actuara como pasarela y proxy para la web, el correo y la hora de red. Advertía además que ciertas funciones seguían en desarrollo y que saltos, latencia y ancho de banda necesitaban pruebas de campo. La topología propuesta era una herramienta de planificación, no una cifra observada en todas las escuelas.

La separación tenía consecuencias económicas sencillas. El fabricante podía incorporar una radio a cada portátil. El colegio no podía incorporar una suscripción de telecomunicaciones al aire. Un salto más dentro de la malla acercaba a otro niño; no adquiría por arte de magia el tramo de salida. Si la conexión exterior se caía, las actividades entre compañeros podían continuar. Si los XO no alcanzaban la pasarela, el colegio podía seguir pagando una conexión que los alumnos apenas podían utilizar.

El servidor que no salía en la foto

La descripción oficial del servidor escolar reconocía dos clases de actividad. Muchas podían vivir en el XO. Otras necesitaban servicios y recursos compartidos: conexión exterior, almacenamiento, capacidad de proceso e interacción asincrónica. El XS era un sistema Linux instalable en un servidor común de bajo coste. La idea de un ordenador personal por alumno convivía con una máquina central que varios alumnos debían compartir.

El manual de despliegue de julio de 2009 daba una lista de trabajos a esa máquina. Debía servir como biblioteca local, portal a Internet y punto de reunión para hasta tres canales de malla. Podía guardar materiales, copias de seguridad y actualizaciones, además de apoyar funciones de enseñanza y gestión. Una biblioteca dentro del colegio era especialmente útil cuando la salida era lenta o cara. También necesitaba selección de contenidos, discos, electricidad y un responsable que comprobara que seguía sirviendo las páginas correctas.

El manual conservó una excepción importante. Para menos de veinte portátiles, el servidor no era imprescindible, aunque sus funciones resultaban útiles. En configuraciones mayores recomendaba servidor y más puntos de acceso. El propio texto avisaba de que los números estaban cambiando y debían ensayarse. Esas filas eran presupuestos de diseño, no mediciones de rendimiento garantizadas. Su mensaje operativo era claro: aumentar la cifra de XO incrementaba la infraestructura compartida que hacía falta alrededor de ellos.

OLPC esperaba que, algún día, un XO pudiera desempeñar también el papel de servidor para centros pequeños. En julio de 2009 la función todavía era una meta y el manual pedía un PC corriente. La máquina que hacía atractiva la campaña no sustituía aún a la que tenía que atender a toda la escuela. Comprar los portátiles no cerraba el inventario.

La guía técnica de OLPCorps bajaba hasta las conexiones físicas. Un servidor con Internet debía disponer de dos tarjetas de red, una para el enlace exterior y otra para los puntos de acceso locales. Estos puntos no debían manejar DHCP ni NAT: el servidor tenía que controlar ambas funciones. La misma guía preguntaba quién instalaría y mantendría la máquina. Esas decisiones fijaban la asignación de direcciones, el recorrido hacia Internet y la reparación posterior a la entrega.

El enlace exterior no crecía en la malla

Los planes etíopes de 2007 ilustran el límite con particular nitidez. El documento conceptual imaginaba aproximadamente 500 alumnos compartiendo una salida satelital. Era una hipótesis de diseño, no una medida de velocidad o de éxito. El manual de implementación llamaba crucial al enlace con el troncal nacional, proponía estudiar un socio de telecomunicaciones y redes existentes, y colocaba un servidor escolar en el borde de la malla para administrar también el espacio de direcciones IP. El proyecto debía resolver quién hablaba con quién en la escuela y quién proporcionaba la carretera hacia fuera.

El reparto de control seguía esa frontera. Los niños podían participar en la retransmisión local. La escuela, el gobierno, el operador o el socio de despliegue decidían el enlace contratado, su precio, la capacidad disponible, el contenido guardado dentro, la política de actualizaciones y quién respondía a una avería. Una entrega de portátiles podía contarse una vez; la salida a Internet tenía que funcionar todos los días. Para medir una escuela concreta harían falta sus registros de red, facturas y pruebas de uso simultáneo. Las fuentes de OLPC muestran qué había que operar, no una estadística de funcionamiento de todos los centros.

La historia es más interesante que el eslogan. El portátil podía conectar una clase consigo misma. Para conectar esa clase con el mundo había que construir y sostener otro sistema alrededor de ella. La segunda máquina era menos simpática y mucho más difícil de regalar.