Resumen

  • El primer borrador público W3C de WOFF 1.0 apareció el 27 de julio de 2010. Era un paquete para fuentes tabulares existentes, con compresión opcional de sus tablas y metadatos aparte. La Recomendación WOFF 1.0 llegó el 13 de diciembre de 2012.
  • El primer borrador público de WOFF2 salió el 8 de mayo de 2014 y su Recomendación el 1 de marzo de 2018. El preprocesamiento de los datos y Brotli permitieron una maleta más compacta para una fuente llamada desde @font-face.

La revista había pagado por una cabecera con aire de cartel de cine. En el ordenador de la redacción imponía respeto; en otro equipo, la fuente sustituta la apretaba hasta convertirla en un rótulo de oficina. El título saltaba de línea justo sobre la fotografía y el equilibrio de la portada se iba al suelo. CSS ya podía pedir una fuente con @font-face. Lo complicado era lograr que el archivo cruzara la red dentro de un paquete comprensible para todas las partes. El diseño no pedía un milagro: pedía que llegara el equipaje que había salido de la redacción.

La pregunta y respuesta del W3C sobre WOFF retrataba aquel atasco. El mecanismo CSS de enlazar fuentes llevaba años disponible, mientras que faltaba un formato interoperable. Navegadores, diseñadores de tipos, fundiciones y creadores de sitios tenían que acordar cómo entregar el recurso. El asunto no era inventar una nueva forma para la letra «a» en cada visita; era enviar la «a» correcta junto con el artículo.

El primer borrador público de WOFF 1.0, fechado el 27 de julio de 2010, propuso una maleta sobria. Envolvía las tablas de fuentes basadas en TrueType, OpenType y Open Font Format. Podía comprimirlas y adjuntar metadatos o datos privados en zonas separadas. El navegador deshacía el paquete para usar la fuente en la página. Recortar el juego de caracteres, retocar un glifo o editar la fuente original eran trabajos previos, fuera de la función del contenedor.

Esa separación dejaba a cada cual su oficio. Quien dibuja la fuente decide sus letras; la editorial selecciona la voz de la cabecera; el formato transporta el material y el navegador lo interpreta. Los metadatos opcionales podían incluir información sobre uso y licencia sin alterar el dibujo visible. La maleta no redactaba la etiqueta ni decidía quién tenía derecho a viajar. Hacía posible que el diseño llegara en condiciones reconocibles.

La Recomendación WOFF 1.0 del 13 de diciembre de 2012 convirtió el formato en referencia final del W3C. También delimitó su destino. Una fuente enlazada mediante @font-face servía al documento que la solicitaba; no pasaba a instalarse para todas las aplicaciones del ordenador. Entregar una maleta a una habitación no equivale a abrirla y repartir el contenido por todo el edificio.

Con el acuerdo sobre el equipaje, quedaba la cuestión del peso. El primer borrador público de WOFF2, del 8 de mayo de 2014, combinó un tratamiento previo atento a la estructura de la fuente con una compresión más eficaz de los datos, basada en Brotli. La idea era ordenar mejor lo que ya había dentro, retirando redundancias. Los contornos de las letras no se sometían a una dieta visual; se reducía el espacio que exigía transportarlos.

La Recomendación WOFF 2.0 del 1 de marzo de 2018 fijó esa segunda generación. Comparó el método con la compresión Flate de WOFF 1.0 y explicó el papel del preprocesamiento. Al descomprimir, el navegador recupera una fuente funcional. El orden de las tablas y algunas transformaciones pueden producir bytes distintos de los del archivo de partida. Quien examina la cabecera juzga si la fuente cumple su papel; quien compara archivos binarios estudia otra propiedad.

La fuente tenía una dirección de entrega: la página que la había llamado. Allí la abría el navegador; el resto del ordenador conservaba sus propias letras. La cabecera recuperaba su sitio encima de la fotografía y dejaba de parecer un formulario. Una editorial puede ser muy exigente con la curva de una letra. Por fin había una forma razonable de llevar esa exigencia hasta la pantalla del lector.

El recorrido tuvo dos estaciones decisivas: un paquete común, fijado entre 2010 y 2012, y un modo más inteligente de llenarlo, desarrollado entre 2014 y 2018. La recompensa se ve antes de conocer las siglas: el nombre de la revista llega a casa del lector con la voz que eligió su equipo. La maleta puede quedarse fuera de plano.