Resumen

  • Robert Kisteleki anunció en agosto de 2016 que los anfitriones de sondas y anclas de RIPE Atlas recibirían un crédito adicional por cada resultado producido. El manual actual conserva esa prima y añade quince créditos por minuto de conexión.
  • Una respuesta ping periódica estándar cuesta tres créditos; un resultado traceroute periódico estándar, treinta. Una subvención inicial única de 50.000 créditos y las transferencias abren la puerta a quienes todavía no alojan una sonda.

Hay una pequeña caja enchufada al router de alguien que jamás conocerás. En algún momento le pedirás que mida un trayecto de Internet para ti. La persona que la aloja pone electricidad, conexión y un rincón de la casa; tú pones la pregunta. En agosto de 2016, Robert Kisteleki escribió a esos anfitriones para anunciar una recompensa nueva: un crédito extra por cada resultado entregado por su sonda o ancla de RIPE Atlas.

Hasta entonces el sistema ya reconocía el tiempo que el equipo permanecía conectado. La novedad pagaba también por producir datos. Kisteleki calculó que una sonda corriente podía sumar hasta 10.000 créditos diarios con la nueva prima; un ancla, unos 200.000; un ancla DNSMON, alrededor de un millón. Eran cálculos del lanzamiento en 2016. La documentación vigente mantiene la regla esencial: un resultado, un crédito.

El otro lado de la cuenta resulta menos sentimental. Una sonda conectada genera quince créditos por minuto, unos 21.600 al día. Pedir un resultado de ping periódico con la configuración habitual cuesta tres créditos. Pedir un traceroute periódico cuesta treinta. Los resultados de una medición puntual salen al doble, porque crear la tarea y guardar sus metadatos añade trabajo. El crédito es una unidad interna para solicitar mediciones, una manera de hacer visible la carga que una pregunta impone al conjunto de sondas.

El manual ofrece un ejemplo con aroma de factura: cinco sondas ejecutan dos traceroutes por hora durante cuarenta y ocho horas. Entregan 480 resultados; la cuenta asciende a 14.400 créditos. El sistema agrupa los cargos cada cuatro a seis horas. Si el saldo cae en deuda, puede detener la medición activa más costosa, aunque los datos ya obtenidos siguen disponibles. La trampa de un experimento mal presupuestado está en el calendario: se crea una tarea una vez, pero se cobran los resultados que siguen llegando.

El perfil oficial de Kisteleki lo presenta como responsable del producto y referente técnico de Atlas, además de uno de sus impulsores. En su relato de los diez años del proyecto cuenta que el equipo vigilaba el «PIB» de los créditos: cuánto se generaba y cuánto se gastaba. El chiste contable señala una tarea seria. Una red de voluntarios necesita suficientes puntos de observación y suficiente disciplina para que cada usuario no convierta su curiosidad en una carga ilimitada para los demás.

No hace falta instalar una sonda para empezar. Las normas actuales conceden una sola vez 50.000 créditos a las cuentas nuevas que cumplan los requisitos. También permiten transferir créditos, enviar cantidades periódicas o compartir acceso a un saldo. Los resultados públicos se pueden consultar libremente. El contador entra en juego cuando alguien encarga una medición propia y pone a trabajar la infraestructura común.

La prima de Kisteleki es minúscula: un crédito por respuesta. Su efecto editorial es enorme. Obliga a mirar quién mantiene encendida cada sonda antes de celebrar el bonito mapa que dibujan todas juntas.