• En 1986, el desastre de Chernobyl liberó enormes cantidades de partículas radiactivas a la atmósfera, provocando miles de casos de cáncer y creando una zona de exclusión de 1.000 millas cuadradas que aún hoy está restringida.
  • Las plantas de energía nuclear generan toneladas de residuos radiactivos, y no es como la basura cotidiana. Este material sigue siendo peligroso durante miles de años.

Cuando las plantas de energía nuclear fallan, es como una pesadilla. El desastre de Chernobyl de 1986 desató enormes partículas radiactivas, provocando miles de casos de cáncer y una zona de exclusión de 1.000 millas cuadradas. De manera similar, en 2011, las fusiones de Fukushima debido a un terremoto y un tsunami causaron una grave contaminación radiactiva, lo que subraya los inmensos riesgos de la energía nuclear.

Catastróficos accidentes

En 1986, el desastre de Chernobyl liberó enormes cantidades de partículas radiactivas a la atmósfera, provocando miles de casos de cáncer y creando una zona de exclusión de 1.000 millas cuadradas que aún hoy está restringida.

Avancemos hasta 2011, y el desastre de Fukushima en Japón nos mostró que incluso en un país altamente desarrollado con tecnología avanzada, las cosas pueden salirse de control. La combinación de terremoto y tsunami dejó fuera de servicio los sistemas de energía y refrigeración, causando fusiones de reactores y una contaminación radiactiva masiva.

Cuando las plantas de energía nuclear fallan, fallan catastróficamente, como en Chernobyl y Fukushima. No fueron pequeños errores; fueron desastres en toda regla que tuvieron efectos duraderos en la salud humana y el medio ambiente. Estos accidentes no son solo notas al pie de página históricas, son recordatorios inquietantes de lo mucho que está en juego cuando se trata de energía nuclear.

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Radiactivos residuos

Las plantas de energía nuclear generan toneladas de residuos radiactivos, y no es como la basura cotidiana. Este material sigue siendo peligroso durante miles de años.

Imagina tener un cubo de basura en tu patio trasero con el que tus futuras generaciones aún tendrán que lidiar. Eso es esencialmente lo que estamos haciendo con los residuos nucleares. No hay una forma infalible de eliminarlos. La mayoría se almacena en instalaciones temporales que no fueron diseñadas para el largo plazo.

Se suponía que Yucca Mountain en EE. UU. sería un sitio de almacenamiento a largo plazo, pero ha estado envuelto en controversia política y científica.

Transportar estos residuos es un asunto arriesgado. Un movimiento en falso y podría ocurrir un derrame radiactivo en una autopista o en una zona poblada.

Altos costos y económicos riesgos

Construir y mantener plantas de energía nuclear es caro, por lo general hablamos de miles de millones de dólares solo para poner en marcha una planta.

Por ejemplo, se proyecta que el proyecto Hinkley Point C en el Reino Unido cueste más de £22.000 millones (29.000 millones de dólares). Es una enorme cantidad de dinero que podría invertirse en fuentes de energía más seguras y sostenibles como la eólica o la solar.

Y no se trata solo de los costos iniciales; desmantelar las plantas antiguas también es costoso y complejo. Además, en casi todos los países, quien paga la factura de los sobrecostos y retrasos son los contribuyentes.

Luego está el problema de que las plantas nucleares son blancos fáciles para ataques terroristas o conflictos geopolíticos. Imagina un ciberataque que deshabilite los sistemas de seguridad o un ataque con misiles dirigido a una planta. Los costos financieros y humanos de tales escenarios son casi inimaginables.