Resumen

  • href señala adónde lleva un enlace; ping puede enumerar direcciones adicionales que reciben un POST cuando el navegador sigue ese enlace.
  • La propuesta se presentó como una forma de dejar visible el destino real y declarar el aviso. Los debates posteriores pusieron a prueba la parte más importante de esa idea: que el usuario pudiera enterarse.

Una puerta tiene una dirección pintada en el marco. La abres y llegas al lugar indicado. Ahora imagina que el pomo, al girar, hace sonar un timbre en otra calle. No es magia inmobiliaria: es una descripción bastante fiel de ping, el atributo de HTML que permite adjuntar direcciones de aviso a un enlace. Quien hace clic elige el destino que ve. La página también puede pedir al navegador que mande un mensaje breve a otro servidor.

La discusión comenzó pronto. En la lista de WHATWG de octubre de 2005 ya se examinaban las peticiones POST, la posibilidad de desactivar o filtrar avisos y la conveniencia de indicar al usuario que habría solicitudes secundarias. Nadie necesitaba esperar a un escándalo futuro para descubrir la pregunta central. El atributo podía figurar en el código; hacía falta decidir cómo iba a aparecer en una pantalla corriente.

En enero de 2006, Tyler Close defendió la propuesta con una comparación incómoda. Muchos sitios ya medían qué enlaces externos recibían clics enviando al lector primero por una dirección intermedia. Ese rodeo ocultaba el destino final y complicaba copiar o guardar el enlace. Si el destino verdadero seguía en href y la dirección de medición aparecía en ping, al menos el documento separaría ambas funciones. Era una defensa de la claridad en el diseño, formulada por un participante del debate. Faltaba que esa claridad saliera del código y alcanzara al ser humano.

El HTML Standard vigente especifica el funcionamiento. ping admite una lista de URL HTTP o HTTPS separadas por espacios. El navegador puede enviar a cada una una solicitud POST con el cuerpo PING, cuatro bytes identificados como text/ping. La solicitud va por su cuenta mientras se sigue el enlace. El navegador ignora el cuerpo de cualquier respuesta. También puede omitir algunos o todos los avisos conforme a las preferencias del usuario. La página escribe la lista de timbres; el navegador decide cuáles toca.

El contenido del mensaje parece modesto. Pero el servidor de aviso recibe una petición dirigida a él y el algoritmo contempla cabeceras Ping-To y, según el origen, Ping-From. La pequeña palabra PING no es toda la historia del intercambio. Tampoco lo es un fragmento de código que cualquiera puede inspeccionar: la mayoría de las personas no inspeccionan cada enlace antes de usarlo. La utilidad de una opción de control depende de que exista una forma reconocible de ejercerla.

Boris Zbarsky lo planteó en WHATWG en noviembre de 2007. Una advertencia en la barra de estado podía pasar inadvertida porque mucha gente ni la miraba. Imaginó que la interfaz habitual quizá no mostraría aviso alguno. Era un pronóstico hecho entonces, no una encuesta sobre los navegadores de hoy. Su observación práctica sigue cortando: una señal visible solo para quien sabe dónde buscar no sirve de mucho en el instante del clic.

La historia de las normas tampoco fue una línea recta. El 4 de marzo de 2010, la presidencia de un grupo HTML del W3C comunicó que se había aprobado retirar <a ping> de su borrador HTML5. Se dejó abierta la posibilidad de proponerlo de nuevo. En un borrador del W3C de 2018, la auditoría de enlaces aparecía otra vez. El mismo texto reconocía que, hasta donde se sabía en ese momento, ningún navegador ofrecía al usuario una interfaz para gestionar el seguimiento o siquiera saber que ocurría. La promesa de enseñar el segundo timbre seguía esperando a su electricista.

El estándar mantenido por WHATWG conserva el mecanismo y deja espacio para que el navegador muestre los destinos de aviso y permita modificar su comportamiento. Así se reparte el poder: el autor de la página pide el aviso, el navegador lo ejecuta o lo descarta y la interfaz decide qué parte del trato conoce el lector. El enlace puede decir la verdad sobre la puerta principal y guardar bastante silencio sobre el timbre vecino.

Close vio con razón la virtud de mostrar el destino auténtico. El rodeo por una redirección hacía más opaco el camino. La dificultad nueva era llevar la segunda dirección desde el código a la experiencia de quien hace clic. Dos direcciones caben en una etiqueta HTML; para explicarlas a una persona hace falta más que una etiqueta.