Resumen

  • En octubre de 1994, CERIST informó de unas 500 solicitudes atendidas, pero atribuyó el escaso uso efectivo a la falta de módems y, en algunos casos, de teléfono u ordenador.
  • La ampliación internacional dependía de otra decisión, y los nodos regionales de 1996 todavía necesitaban completar su acceso telefónico. La incorporación de los investigadores exigía resolver cada tramo.

Para intercambiar un trabajo con colegas de otra institución, tener una cuenta de correo era un avance. Si en el despacho no había cómo conectar el ordenador al teléfono, el avance podía quedarse en el registro de usuarios. Ese problema aparece con una precisión poco habitual en una carta de Aouaouche El-Maouhab del 24 de octubre de 1994.

Desde CERIST, El-Maouhab explicaba que universidades, centros de investigación y otras instituciones habían presentado unas 500 solicitudes de acceso al correo. Se habían atendido todas. Sin embargo, calculaba que solo el 10 % de los usuarios podía utilizarlo realmente: muchas instituciones carecían de módem y algunas tampoco tenían línea telefónica o PC. El módem hacía de enlace entre el ordenador y la llamada. Faltaba, por tanto, una pieza modesta y decisiva para que la correspondencia pudiera salir del despacho.

El dato describe aquel grupo de usuarios, no a la población argelina. Tampoco permite convertir una estimación en un recuento exacto de personas conectadas. Su fuerza histórica está en mostrar qué podía resolver CERIST al aceptar una petición y qué seguía fuera de su alcance inmediato. Un investigador podía figurar como admitido y continuar sin los medios de participar.

La finalidad era muy concreta. El centro trabajaba en catálogos de publicaciones, bases de datos y servicios de comunicación para la comunidad científica, según su presentación de marzo de 1994. Su boletín institucional de 2010 situaría las redes informáticas en una trayectoria más larga de cooperación entre bibliotecas. Poder consultar y compartir información científica daba sentido a la conexión. La carencia de equipos limitaba ese trabajo antes incluso de discutir qué servicios avanzados ofrecer.

CERIST ya había salvado un tramo difícil. Una línea alquilada, financiada por el Gobierno argelino, unía Argel con CNUCE, en Pisa. Dos redes locales del centro tenían conexión. El-Maouhab decía en octubre que la fiabilidad había mejorado desde septiembre, aunque persistían las interrupciones. La capacidad era de 9.600 bits por segundo. Por eso, explicaba, la primera oferta para las instituciones externas se restringía al correo electrónico.

No conviene fundir todos esos pasos en una fecha de inauguración. El documento de marzo afirmaba que la línea se había establecido a finales de enero de 1994, con el registro aún en curso. Una carta de 1996 fecharía la conexión a Internet en marzo de 1994. Instalar el circuito y poner en marcha una conexión son hitos distintos en los propios relatos; ninguno demuestra que ese día hubiera acceso general.

En junio de 1995, las máquinas de las redes locales funcionaban, pero la velocidad internacional seguía igual. CERIST había solicitado al PTT una segunda línea de 64 K hacia el nodo de Ebone en París. Todavía esperaba una respuesta positiva. La alternativa propuesta pasaba por Dz-Pac y Transpac, las redes públicas de datos de Argelia y Francia. El-Maouhab la consideraba económicamente inadecuada. No aportaba precios ni una explicación del PTT; la carta documenta la espera, sin probar una intención de bloquear el proyecto.

El balance de diciembre de 1996 recogía cambios visibles: tras el correo gratuito de 1994, en 1995 se ofrecieron servicios de Internet por acceso telefónico desde terminales. Al terminar aquel año había unos 1.500 usuarios registrados. Más tarde se añadió SLIP/PPP, que permitía a los ordenadores utilizar protocolos de Internet a través de la llamada. En junio de 1996 se instaló un nodo en Sétif y en diciembre otro en Orán, aunque aún quedaba finalizar los accesos telefónicos regionales.

El centro también ofrecía alojar servidores web de instituciones que todavía no tenían conexión directa. Así, su información podía estar disponible antes de completar su propia infraestructura. Estas medidas ampliaban las posibilidades, pero no prueban que los solicitantes iniciales hubieran conseguido todos los equipos. Las solicitudes de 1994 y los registros de 1995 no miden lo mismo.

La historia permanece abierta en esas cartas: los aumentos de capacidad para 1997 eran planes. Son testimonios del operador, conservados por NSRC, y no una auditoría independiente de uso. Aun con ese límite, dejan ver algo que una cronología de inauguraciones puede perder. Para incorporar a los investigadores a una conversación internacional había que conectar ciudades, pero también equipar las mesas desde las que se escribirían los mensajes.