• Los críticos advierten que CAIGA podría empeorar la postura de seguridad de África al consolidar el poder en los gobiernos en lugar de abordar las fallas sistémicas de AFRINIC.
  • Crece la preocupación de que Smart Africa e ICANN están facilitando la captura política en lugar de fortalecer la independencia técnica necesaria para una seguridad real.

Una ‘solución’ de seguridad basada en el poder político, no en una reforma técnica

La Arquitectura de Gobernanza de Internet del África Continental (CAIGA) de Smart Africa se está comercializando como una fuerza estabilizadora tras años de descomposición de la gobernanza de AFRINIC. Pero la propuesta no contiene un marco de seguridad claro y, en cambio, se centra en la supervisión liderada por el estado, mecanismos de respaldo político y un Secretario Permanente situado fuera de la rendición de cuentas de la comunidad. Nada de esto aborda los problemas reales y bien documentados: las auditorías deficientes de AFRINIC, las fallas procesales, la toma de decisiones opaca y años de mala gestión.

Los expertos en seguridad coinciden ampliamente en que la seguridad de Internet requiere independencia técnica, no dirección política. Sin embargo, CAIGA incorpora actores políticos en la cima de la infraestructura de Internet de África. Esto no es una mejora de la ciberseguridad: es una toma del control de la gobernanza disfrazada de lenguaje de seguridad.

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La centralización de Smart Africa genera señales de alarma, no confianza

Smart Africa describe a CAIGA como un marco de gobernanza continental destinado a armonizar la gobernanza de Internet en toda África, pero los críticos señalan que la arquitectura margina efectivamente a la comunidad de múltiples partes interesadas y reemplaza la participación abierta por membresías pagadas y procesos de decisión que dan prioridad al gobierno. La veterana experta en gobernanza Alice Munyua advierte que CAIGA es “una toma del control estatal de Internet en África”, que corre el riesgo de subordinar la seguridad a las prioridades políticas en lugar de a las mejores prácticas técnicas.

Las propias actas de las reuniones de Smart Africa, que celebran que “7 de 8 candidatos respaldados por la coalición fueron elegidos”, enmarcan abiertamente la influencia en la junta como un objetivo político, no como una medida de seguridad y ciertamente no como una reforma impulsada por la comunidad. Este es precisamente el entorno en el que la seguridad se ve comprometida, no fortalecida.

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El papel de ICANN agrava la desconfianza

Lo que más alarma a las partes interesadas es la participación de la ICANN. ICANN financió el Plan de Gobernanza de Internet de Smart Africa, el documento que permite la estructura de CAIGA, a pesar de afirmar neutralidad e insistir en que no respalda la interferencia política. ICANN no puede predicar la gobernanza de múltiples partes interesadas a nivel mundial mientras financia experimentos de gobernanza liderados por el estado en África. La seguridad no puede ser salvaguardada por instituciones cuyas acciones contradicen sus propios principios.

Hasta que ICANN explique por qué África recibe un trato diferente al de otras regiones, y por qué se utilizaron sus recursos para legitimar CAIGA, la confianza en cualquier “mejora de seguridad” seguirá siendo baja.