• Internet Accountability Compass lanzado en un foro en Bruselas tras las preocupaciones sobre la fragmentación digital y el control autoritario
  • La herramienta proporciona puntos de referencia para evaluar si los estados están cumpliendo con las declaraciones de libertad digital en medio de una creciente vigilancia y censura

Qué sucedió

La UE lanzó el Internet Accountability Compass en un foro en Bruselas que reunió a responsables políticos, representantes de la sociedad civil, investigadores y actores del sector privado para abordar la defensa de los principios de una internet abierta y basada en derechos en medio de la creciente fragmentación digital y el control autoritario. El evento de dos días incluyó debates de expertos sobre desinformación, rendición de cuentas de la inteligencia artificial y ecosistemas de libertad en internet, seguidos de paneles más amplios que examinaron cómo equilibrar la rendición de cuentas, la seguridad y los derechos en el ámbito digital.

Desarrollado a través de la Iniciativa Global sobre el Futuro de Internet financiada por la UE e implementada por el Centro Robert Schuman del Instituto Universitario Europeo, el Compass ofrece una herramienta práctica para evaluar cómo los países están cumpliendo con sus compromisos digitales, ayudando a fortalecer la transparencia y la confianza. La herramienta responde a una brecha fundamental en la gobernanza digital internacional.

Si bien los estados y actores no estatales han respaldado los principios de una internet abierta y segura a través de declaraciones como la Declaración para el Futuro de Internet, sin mecanismos claros de rendición de cuentas estos compromisos a menudo quedan sin cumplir. El Compass pretende cerrar esta brecha mediante el seguimiento de los avances y ofreciendo puntos de referencia para el diálogo internacional.

Por qué es importante

El lanzamiento se produce en un momento en que los principios fundamentales de la gobernanza de internet están bajo una presión sin precedentes. Los debates del foro destacaron problemas recurrentes como el uso creciente por parte de actores estatales y no estatales de la desinformación y la censura para restringir el espacio cívico e influir en las elecciones, la vigilancia automatizada y las tecnologías biométricas que socavan la confianza y los derechos humanos, y la amenaza de que normas técnicas y regulaciones divergentes creen una “splinternet”.

Estos desafíos representan más que preocupaciones políticas abstractas. Reflejan una disputa fundamental sobre la arquitectura futura de la propia internet. ¿Seguirá siendo una red globalmente interoperable gobernada por procesos de múltiples partes interesadas, o se fragmentará en redes regionales o nacionales sujetas a diversos grados de control autoritario? La respuesta tiene profundas implicaciones para todo, desde el comercio internacional hasta la libertad de expresión.

El Compass proporciona un mecanismo para ir más allá de las declaraciones aspiracionales hacia una rendición de cuentas medible, ofreciendo herramientas basadas en evidencia para la formulación de políticas y una cooperación sostenida entre múltiples partes interesadas. Para la UE, esta iniciativa refuerza su posicionamiento como un referente en la gobernanza digital, extendiéndose más allá de su alcance regulatorio a través de instrumentos como la Ley de Servicios Digitales para influir en las conversaciones globales sobre las libertades en internet.

Las entidades subrayaron la importancia de integrar los derechos humanos en los marcos de gobernanza digital y continuar el diálogo internacional para evitar la fragmentación y mantener la internet global e interoperable. Que el Compass gane tracción más allá de los países alineados con la UE pondrá a prueba si los mecanismos voluntarios de rendición de cuentas pueden influir genuinamente en el comportamiento de los estados en un panorama digital cada vez más multipolar.