- Arielle Roth niega priorizar a Starlink de Elon Musk en las asignaciones de subsidios federales de banda ancha.
- Los demócratas advierten contra el traslado de fondos de fibra a satélite en medio de preocupaciones por los costos.
Lo ocurrido: El debate sobre la financiación de la banda ancha se intensifica en medio de tensiones políticas
Arielle Roth, nominada por la administración Trump para dirigir la Administración Nacional de Telecomunicaciones e Información (NTIA), fue interrogada durante una audiencia en el Senado el jueves por acusaciones de que el programa de Equidad, Acceso y Despliegue de Banda Ancha (BEAD, por sus siglas en inglés) de $42 mil millones podría beneficiar de manera desproporcionada a la empresa satelital de Elon Musk, Starlink. El programa, aprobado en 2021 bajo la administración Biden, tiene como objetivo conectar regiones desatendidas de EE. UU., pero ha recibido críticas por su lenta implementación, ya que hasta la fecha solo tres estados han finalizado sus propuestas.
Los demócratas, liderados por el senador Ed Markey (D-MA), acusaron al equipo de Trump de intentar modificar los criterios de financiación para favorecer a proveedores satelitales como Starlink en lugar de la infraestructura de fibra óptica más económica. Markey citó una preferencia legal por la fibra en la legislación original, argumentando que el satélite debería limitarse a áreas donde tender cables sea “excesivamente costoso”. Roth respondió, afirmando su compromiso de administrar los fondos “en beneficio del pueblo estadounidense, no de un solo individuo o empresa”.
Los republicanos, incluido el senador Ted Cruz (R-TX), desestimaron las acusaciones de parcialidad y acusaron a la administración Biden de “incluir a Musk en una lista negra” por razones políticas. Cruz destacó que ningún estadounidense ha sido conectado aún bajo el programa BEAD, culpando a los retrasos burocráticos. Mientras tanto, el secretario de Comercio, Howard Lutnick, anunció recientemente una revisión del programa para adoptar un “enfoque tecnológicamente neutral”, lo que generó preocupación entre los demócratas de que el estatus prioritario de la fibra podría debilitarse.
Hasta marzo de 2024, 30 estados aún están evaluando solicitudes de proveedores, mientras que cuatro han seleccionado contratistas. Los demócratas alegan que la administración Trump ha estancado el progreso desde enero, aunque Roth enfatizó los esfuerzos para acelerar las aprobaciones.
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Por qué es importante
El programa BEAD representa la mayor inversión federal en infraestructura de banda ancha de EE. UU., dirigida a más de 8 millones de hogares que carecen de internet confiable. Sus criterios de asignación tienen implicaciones significativas para las economías rurales, la telemedicina y la educación. Las redes de fibra óptica, aunque son más costosas de instalar inicialmente, ofrecen velocidades más rápidas y menores costos de mantenimiento a largo plazo en comparación con el satélite.
Un cambio hacia el satélite podría reducir los gastos iniciales, pero corre el riesgo de crear un sistema de dos niveles donde los usuarios rurales enfrentan una mayor latencia y límites de datos.
El debate también subraya tensiones más amplias sobre la supervisión federal de las tecnologías emergentes. La banda ancha satelital, liderada por Starlink, se ha expandido rápidamente, atendiendo a 2,7 millones de usuarios globales a partir de 2023. Sin embargo, los críticos argumentan que su dependencia de los satélites de órbita terrestre baja requiere lanzamientos frecuentes, lo que genera preocupaciones de sostenibilidad. La revisión de la NTIA sobre la “neutralidad tecnológica” podría sentar precedentes para futuros proyectos de infraestructura, equilibrando la innovación con el acceso equitativo.
Políticamente, el enfrentamiento refleja divisiones partidistas cada vez más profundas sobre el papel de Musk en proyectos públicos. Como aliado de Trump y crítico frecuente de las políticas de Biden, las empresas de Musk—desde SpaceX hasta X (anteriormente Twitter)—se han convertido en puntos críticos en los debates sobre la influencia corporativa. El resultado podría determinar cómo las agencias federales navegan los conflictos entre el avance tecnológico y los mandatos legislativos.

