• La DPA sostiene que la asequibilidad, las habilidades y la confianza deben abordarse, no solo el acceso a dispositivos. 
  • El impulso llega mientras evoluciona la política digital nacional, con la DPA pidiendo un compromiso sistémico a largo plazo en lugar de ayudas esporádicas. 

Qué sucedió:La Alianza contra la Pobreza Digital renueva su llamado a las empresas tecnológicas para abordar la exclusión digital

En una entrevista reciente con Capacity Media, la Alianza contra la Pobreza Digital (DPA) —una coalición de organizaciones benéficas, grupos industriales y organizaciones educativas— renovó su llamamiento para que las empresas tecnológicas asuman la responsabilidad de abordar la exclusión digital. Según su Director Ejecutivo, la DPA no ve el problema simplemente como una falta de hardware, sino como un problema multifacético que involucra asequibilidad, falta de habilidades, confianza e infraestructura desigual.

Uno de los temas centrales señalados por la DPA es el cambio nacional en curso en el Reino Unido de la telefonía analógica a la digital. La transición amenaza con dejar atrás no solo a las personas mayores, sino también a las personas con discapacidades o con escasa confianza digital, y a las comunidades que dependen de equipos de teleasistencia más antiguos que pueden ser incompatibles con los nuevos servicios. La DPA se ha comprometido a abogar en nombre de estos grupos vulnerables, enfatizando que muchos han recibido poca explicación u orientación sobre lo que realmente implica el cambio. 

En términos más amplios, la DPA está apoyando los esfuerzos liderados por el gobierno para redistribuir dispositivos excedentes —como computadoras portátiles— de organismos públicos a personas necesitadas. Este programa forma parte de un impulso nacional más amplio para mejorar el acceso digital, en el que la DPA espera que las empresas del sector privado se comprometan a donar dispositivos no utilizados o a financiar programas de inclusión digital.

Sin embargo, la DPA se esfuerza por enfatizar que simplemente proporcionar dispositivos no es suficiente. La inclusión digital, argumenta la organización, también exige una inversión sostenida en habilidades digitales, apoyo en el uso y acceso equitativo a la banda ancha —especialmente en zonas desatendidas. 

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Por qué es importante

A medida que los servicios se trasladan cada vez más a Internet —desde la atención médica y la seguridad social hasta la educación y la banca—, aquellos que carecen de acceso fiable a Internet o de habilidades digitales corren el riesgo de quedarse atrás. El cambio de la telefonía analógica y el aumento de las facturas de banda ancha exacerban estos riesgos, afectando de manera desproporcionada a las personas mayores, las personas con discapacidad, los hogares de bajos ingresos y las comunidades rurales. La DPA advierte que estas desigualdades sistémicas podrían profundizarse sin una mayor participación de la industria. 

Si bien los programas de donación de dispositivos son un paso tangible, la evidencia sugiere que solo abordan parte del problema. Según el propio pensamiento de la DPA, la inclusión digital a largo plazo requiere enseñar alfabetización digital, fomentar la confianza en el uso y garantizar una conectividad fiable. Sin esto, las computadoras portátiles o tabletas donadas corren el riesgo de acumular polvo en lugar de permitir una participación significativa en línea. 

El problema se vuelve especialmente urgente en el contexto de los servicios públicos. Por ejemplo, la DPA lanzó recientemente una investigación nacional sobre inclusión digital y salud, recopilando evidencia sobre cómo las personas excluidas digitalmente luchan por acceder a servicios de atención médica esenciales a medida que los sistemas se trasladan a Internet.

La DPA ha expresado su apoyo a las estrategias a nivel nacional y al cambio sistémico. En respuesta a una “Convocatoria de Evidencia” del gobierno, la alianza argumentó que la inclusión digital debería considerarse un derecho fundamental —no un complemento opcional. 

El llamado de la DPA es oportuno: si la conectividad y la alfabetización digitales se convierten en requisitos previos para la participación cívica, el empleo, la educación y la salud, entonces garantizar la inclusión podría ser tan crucial como proporcionar otros servicios públicos. Pero para que sus ambiciones tengan éxito, las empresas tecnológicas, el gobierno y la sociedad civil deben ir más allá de los gestos de buena voluntad hacia un compromiso sostenido y coordinado.