• La elección de AFRINIC aprobada por el tribunal fue anulada por un solo poder disputado, silenciando cientos de votos válidos y generando temores de un estancamiento electoral interminable.
  • La intervención de la ICANN, considerada por algunos como una supervisión necesaria, es criticada por otros como una extralimitación que socava la autogobernanza de internet en África.

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AFRINIC — el Registro Regional de Internet de África — estaba saliendo finalmente de un vacío de liderazgo de tres años. Tras años de caos legal, una elección aprobada por el tribunal el 23 de junio parecía ofrecer un nuevo comienzo. Cientos de miembros, muchos representados mediante poderes notariados legalmente, emitieron sus votos. Pero entonces — justo antes de que comenzara el conteo — todo se derrumbó.

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Un solo poder disputado. Eso fue todo lo que hizo falta.

El síndico designado por el tribunal congeló abruptamente el proceso y, días después, anuló toda la elección. Cientos de votos válidos fueron invalidados. Sin orden judicial, sin explicación completa, solo una decisión administrativa repentina — y una privación total del derecho al voto.

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Un voto, cientos silenciados

Ese único poder notarial disputado se convirtió en una bola de demolición. Para los proveedores de internet africanos más pequeños — muchos de los cuales habían recurrido a poderes debido a limitaciones geográficas o logísticas — fue devastador. El voto por poder había sido autorizado de antemano. Las reglas se siguieron. Pero ahora, un solo poder cuestionable había eliminado su representación.

Grupos como la Number Resource Society, que ayudó a organizar esos poderes, estaban furiosos. Para ellos, cancelar toda la elección por un solo problema era un precedente peligroso — uno que podría mantener a AFRINIC en un ciclo interminable de disputas y fracasos electorales. Es una receta para la parálisis: si un solo voto puede usarse para cancelar una elección, ¿podrá AFRINIC volver a celebrar una elección válida?

La ICANN interviene — ¿Y se extralimita?

Justo cuando las cosas no podían ser más complicadas, la ICANN entró en escena.

El 19 de junio, incluso antes de que se llevara a cabo la votación, la ICANN intentó retrasar la elección a través de los tribunales de Mauricio. El tribunal rechazó la solicitud, diciendo que la ICANN no tenía legitimación legal. Cuatro días después, AFRINIC celebró su elección. Y dos días después de eso — cuando el proceso ya había sido suspendido — la ICANN emitió una carta pública redactada en términos enérgicos.

En ella, la ICANN advirtió a AFRINIC que unas “acusaciones impactantes” sobre la elección planteaban “serias preguntas” sobre su legitimidad. Dijo que la capacidad de AFRINIC para funcionar como Registro Regional de Internet estaba en peligro. Exigió respuestas inmediatas. Y dejó claro: una revisión formal de cumplimiento estaba sobre la mesa.

Esto empezaba a parecerse al colonialismo digital. Una organización con sede en Estados Unidos que amenazaba con medidas punitivas — incluso después de que los tribunales locales hubieran aprobado el proceso — no sentó bien a muchos en la comunidad de internet de África.

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¿Supervisión o interferencia?

Los defensores de la ICANN dicen que la organización no tenía otra opción. La credibilidad de AFRINIC estaba en juego. Un voto que necesitaba investigación no debía permitirse que se mantuviera. Mejor detener, revisar y arreglar el sistema.

Pero los críticos ven un panorama diferente. La moción judicial de la ICANN ya había sido rechazada. La elección de AFRINIC fue supervisada y sancionada por un juez local. Y sin embargo, la ICANN actuó como si tuviera la última palabra — advirtiendo de sanciones, poniendo en duda decisiones aprobadas por el tribunal y sembrando la alarma pública.

Mientras tanto, se informó que el propio ministerio de TIC de Mauricio intervino entre bastidores para retrasar la publicación de los resultados electorales, difuminando aún más las líneas entre el poder judicial, el estado y la gobernanza de AFRINIC.

¿El resultado? La autonomía de AFRINIC ahora se siente asediada por todos lados.

Los votantes olvidados: Pequeños ISP y redes comunitarias

En medio de todas las cartas legales y los alardes jurisdiccionales, un grupo fue silenciosamente marginado: los pequeños proveedores de internet africanos y los usuarios finales. Ellos son los que luchan con un acceso limitado, una burocracia compleja y barreras de participación de larga data. Para ellos, la elección — y el voto por poder en particular — era una rara oportunidad de ser escuchados.

Y así, sin más, sus votos desaparecieron. Sin investigación. Sin explicación pública. Sin un plan para restablecer los poderes válidos. Solo silencio.

Si el objetivo de la ICANN era proteger los derechos de estos votantes, no lo logró. La carta exigía retrasos y revisiones, pero no ofrecía alivio a aquellos que ya habían sido privados de su derecho. Desde el punto de vista de muchos pequeños ISP, la intervención de la ICANN no parecía diferente de la disrupción interna que anuló sus votos. Era otra fuerza externa moviendo los hilos.

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Una estrecha ventana para la redención

El tribunal de Mauricio ahora ha extendido el plazo de la elección de AFRINIC hasta el 30 de septiembre. Hay una breve oportunidad para arreglar lo que salió mal — pero el tiempo corre.

Los expertos en gobernanza de internet están de acuerdo: las reformas son esenciales. AFRINIC debe asegurar su proceso de voto por poder, verificar identidades, limitar el abuso y garantizar la transparencia. También debe facilitar la participación digital de los miembros remotos que no pueden asistir en persona. Lo más importante, debe asegurarse de que un error — o un poder cuestionado — nunca vuelva a anular toda una elección.

Y tiene que hacerlo públicamente. Publicar los hallazgos. Aclarar las reglas. Mostrar a la comunidad — especialmente a los pequeños actores — que sus voces importan y sus votos contarán.

La verdadera prueba: ¿Pueden coexistir la supervisión y la autonomía?

Al final, la saga ICANN-AFRINIC trata de algo más que de una elección. Trata de quién gobierna internet — y en qué términos.

La supervisión debería ser una red de seguridad, no una soga. La ICANN tuvo razón al preocuparse por la equidad. Pero cuando actúa sin tener en cuenta los fallos de los tribunales locales, o ignora el impacto en los miembros privados de su derecho, corre el riesgo de convertirse en un guardián en lugar de un tutor.

AFRINIC, por su parte, debe superar las divisiones internas y reconstruir la confianza mediante la transparencia y la inclusión. Si la próxima elección es abierta, segura y verdaderamente representativa, la organización saldrá fortalecida. Si no, la narrativa de interferencia y disfunción solo se profundizará.

La comunidad de internet de África merece más que escaramuzas legales e intervenciones desde arriba. Merece un asiento en la mesa — y un sistema que escuche cuando hable.