Resumen
- En 1992, REUNA y Unired llegaban a Internet mediante dos enlaces internacionales independientes de 56 kbps; un trabajo de 1993 afirma que no existía una conexión local entre ambas redes.
- La disputa por costos y control se cruzó con una tarifa internacional por megabyte difícil de medir: el tráfico entre equipos cercanos de Santiago acababa pasando por Estados Unidos y regresando.
En Santiago, dos ordenadores separados por unos pocos kilómetros podían enviar sus datos a Estados Unidos antes de recibirlos. Ese es el detalle más revelador de un trabajo de 1993 sobre los primeros años de Internet en Chile. Ricardo Baeza-Yates, José M. Piquer y Patricio V. Poblete describieron dos enlaces internacionales independientes de 56 kbps y la falta de una conexión local entre las redes. Según los autores, por eso el tráfico entre máquinas cercanas cruzaba Estados Unidos, con demoras que volvían casi inútil la comunicación interactiva. Es un relato de participantes, no una captura de paquetes, y conviene mantener clara esa diferencia. El trabajo contemporáneo
Las fechas corresponden a hitos distintos. La cronología de REUNA sitúa el inicio del proyecto en 1990, impulsado por universidades del CRUCH con apoyo de CONICYT, y la constitución de la corporación REUNA en 1994. CONICYT fecha la conexión de REUNA a Internet el 2 de enero de 1992 y dice que financió su primer año. El trabajo de 1993 sostiene que Chile tenía dos enlaces internacionales desde enero y que REUNA y Unired aparecieron en las tablas de rutas de MERIT en febrero, tras una demora que los autores atribuyen a la política de NSFNET de «un país, un enlace». El proyecto, el primer enlace de REUNA, dos rutas internacionales y la constitución posterior de la corporación no son un único «primer Internet». Cronología de REUNA · Historia de infraestructura de CONICYT
REUNA se concibió como una troncal TCP/IP nacional para las universidades. Sin embargo, las instituciones participantes no lograron ponerse de acuerdo sobre el control de la red ni sobre cómo repartir sus costos operativos. Algunas se marcharon para crear un enlace independiente, primero como Internet-Chile y después como Unired. No se trataba solo de escoger un cable o un satélite. El enlace internacional costaba mucho: durante la planificación, el trabajo calcula unos US$7.000 al mes. Cada universidad temía pagar por el tráfico de las demás.
Según los autores, el financiamiento público cubriría la inversión inicial; las instituciones y los ingresos de posibles clientes tendrían que sostener la operación.
La propuesta de facturación volvió tangible esa preocupación. Las instituciones miembros de REUNA repartirían la mayoría de los costos según sus presupuestos y, aparte, pagarían por megabyte de tráfico internacional entrante y saliente. Los usuarios protestaron al ver cuánto podían costar el correo electrónico y FTP. Las quejas obligaron a reabrir el debate, pero los equipos no podían producir el detalle contable que exigía la regla. REUNA pasó a usar tramos acordados de tráfico, con umbrales distintos para el día y la noche.
Los autores cuentan que Unired eligió otra salida tras las críticas: eliminó el cobro internacional para clientes académicos y sin fines de lucro, aunque mantuvo tarifas para los comerciales.
Esos cambios de precio no crearon una ruta local entre las redes. En el relato de mayo de 1993, seguían sin conectarse directamente dentro de Chile. REUNA primero prohibió que sus abonados se conectaran con Unired; después relajó la regla para permitir conexiones de terceros, con un cargo adicional por cada una. Los autores opinaban que los esquemas internacionales, distintos y complejos, dificultaban negociar una conexión directa. Esa explicación pertenece a los participantes y no demuestra que una tarifa por sí sola causara la separación.
La consecuencia operativa que describen es más concreta: el tráfico local pasaba por Estados Unidos y el enlace de REUNA sufría congestión.
Hubo una excepción instructiva a la rivalidad. El mismo trabajo indica que el servidor primario del dominio .CL permanecía en el departamento de informática de la Universidad de Chile, con un servidor secundario administrado por REUNA y otro por Unired. El departamento se consideraba un intermediario técnico neutral, aunque formaba parte de la Universidad de Chile, uno de los miembros fundadores de REUNA. Un servicio compartido de nombres podía seguir funcionando a ambos lados de la división sin conectar directamente las redes. Compartir el espacio de nombres no equivalía a compartir una ruta.
Por eso, las fuentes son más útiles que una fecha única para la «primera conexión». CONICYT identifica el enlace de REUNA del 2 de enero; los investigadores describen dos accesos internacionales separados y las fricciones de operarlos. Ninguna fuente demuestra que todas las universidades, empresas o familias chilenas estuvieran conectadas en 1992. En la parte de REUNA que ya funcionaba, el trabajo contabiliza tres universidades, un instituto de investigación y CONICYT; la expansión nacional seguía pendiente.
El problema inicial no era solo la falta de capacidad internacional. Faltaba un acuerdo para interconectar las redes nacionales y contabilizar el tráfico entre ellas. Una regla de precios pensada para distribuir una capacidad escasa no podía separarse de lo que podían medir los routers, de quién fijaba las condiciones de acceso ni de la ruta que recibía cada usuario. El viaje de ida y vuelta por Estados Unidos hizo visible esa frontera institucional.
Informe para miembros
Contexto ampliado del perfil
Inicia sesión con el nivel de membresía adecuado para desbloquear el informe completo y las notas de las fuentes.
Solo para Strategic Circle
Strategic Circle
Abierto a todos los lectores. Desbloquea informes de perfil después de unirte e iniciar sesión.
Únete a Strategic CircleSolo para Leadership Alliance
Leadership Alliance
Para propietarios y directivos cualificados de activos de propiedad intelectual; inicia sesión para desbloquear los informes de la alianza.
Unirse a Leadership Alliance
