• CAIGA ha expuesto profundas fracturas dentro de la comunidad de internet de África, ya que muchos cuestionan si representa una reforma o una toma de poder político.
  • Los críticos argumentan que Smart Africa e ICANN están acelerando la inestabilidad de la gobernanza al promover un modelo centrado en el Estado durante el momento más débil de AFRINIC.

Una crisis crea espacio para agendas contrapuestas

El ecosistema de gobernanza de internet de África se encuentra en una coyuntura crítica. AFRINIC, el Registro Regional de Internet del continente, ha sufrido años de fracaso institucional: parálisis de la gobernanza, elecciones disputadas, batallas legales y una erosión constante de la confianza de la comunidad. En este vacío ha surgido la Arquitectura Continental de Gobernanza de Internet de África (CAIGA, por sus siglas en inglés), una iniciativa estrechamente asociada con Smart Africa y desarrollada con la participación financiera e institucional de ICANN.

Este momento de colapso ha polarizado a las partes interesadas. Algunos ven a CAIGA como una intervención inevitable tras la quiebra de AFRINIC. Otros lo ven como una toma de poder oportunista, que explota la debilidad institucional para introducir una capa de gobernanza política que remodelaría permanentemente la supervisión de internet en África.

La división no se trata de si AFRINIC ha fracasado —pocos lo discuten—, sino de qué debería reemplazarlo.

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Gobernanza comunitaria versus autoridad política

En el centro del desacuerdo se encuentra un choque fundamental de modelos de gobernanza. El internet de África ha sido gestionado históricamente mediante procesos ascendentes y de múltiples partes interesadas, donde operadores, ingenieros y la sociedad civil comparten autoridad. CAIGA propone algo marcadamente diferente: una arquitectura centralizada en la que los gobiernos desempeñan un papel dominante, con mecanismos de respaldo político por encima de los procesos comunitarios.

Los críticos advierten que este cambio margina a las mismas comunidades que han mantenido el funcionamiento de internet en África a pesar de los fracasos de AFRINIC. Argumentan que CAIGA reemplaza la rendición de cuentas con jerarquía, y el consenso técnico con alineación política. En lugar de reparar la gobernanza, CAIGA corre el riesgo de institucionalizar la misma opacidad y captura que socavaron a AFRINIC, solo que a escala continental.

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La participación de ICANN intensifica la desconfianza

El papel de ICANN ha profundizado aún más las divisiones. La organización ha financiado y participado en el desarrollo del plan de gobernanza de Smart Africa, a pesar de afirmar públicamente su neutralidad. Milton Mueller, del Internet Governance Project, argumenta que esto contradice el compromiso de larga data de ICANN con la gobernanza ascendente y crea un peligroso doble rasero para África.

Las partes interesadas preguntan por qué se está permitiendo un experimento de gobernanza centrado en el Estado en África cuando modelos similares serían rechazados en otros lugares. Hasta que se respondan esas preguntas, CAIGA seguirá siendo una fuente de división, menos una solución a la crisis de gobernanza en África que un catalizador de un conflicto más profundo sobre la autonomía, la rendición de cuentas y el control.