• El radar del HMAS Canberra bloqueó involuntariamente el Wi‑Fi y la radio
  • Nueva Zelanda y Australia coordinaron una rápida resolución del problema

Qué ocurrió: El radar del HMAS Canberra causa interferencias a gran escala en Nueva Zelanda

El miércoles temprano, el buque de la Marina Real Australiana HMAS Canberra navegó cerca de Wellington. Su radar de navegación comenzó a operar en la banda compartida de 5 GHz. Esa frecuencia también transporta señales de Wi‑Fi y radio utilizadas en Nueva Zelanda. La interferencia del radar interrumpió la internet inalámbrica y las transmisiones de radio en regiones que abarcan desde Taranaki hasta Marlborough. Servicios locales como la radio BrianFM e internet Primo activaron sistemas de respaldo para mantenerse en línea.

La Fuerza de Defensa de Nueva Zelanda se puso en contacto con la parte australiana. El HMAS Canberra entonces cambió la frecuencia de su radar. Ese cambio restauró las redes afectadas en cuestión de horas. El incidente ya está completamente resuelto, según funcionarios de ambos países. El evento pone de relieve la vulnerabilidad de las bandas de frecuencia compartidas y la necesidad de coordinación en torno a los buques militares.

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Por qué es importante

La interferencia causada por el HMAS Canberra subraya los riesgos del uso compartido del espectro. Servicios civiles clave dependen de la banda de 5 GHz para Wi‑Fi y radiodifusión. El uso compartido pone a las redes en riesgo de interrupción por radares de alta potencia. Los funcionarios neozelandeses están revisando los protocolos de espectro cerca del tráfico naval. El incidente también podría impulsar nuevas medidas de seguridad. La coordinación entre las autoridades de defensa y telecomunicaciones se vuelve esencial.

Los sistemas de banda ancha civiles requieren protección contra interferencias militares no intencionadas. Las comunidades rurales y costeras dependen en gran medida de las redes inalámbricas. Garantizar su resiliencia exige políticas actualizadas y soluciones técnicas. Ambos gobiernos buscan ahora evitar eventos similares en el futuro. Este caso subraya el creciente desafío de gestionar de forma segura las frecuencias de radio compartidas.