Resumen

  • El presupuesto 2026 de LACNIC prevé 11,766 millones de dólares de ingresos operativos y 12,156 millones de gastos operativos. Una partida de resultados financieros por 303.000 dólares reduce la brecha de 390.000 a una pérdida contable prevista de 87.000.
  • El ejercicio 2025 enseña por qué ese último importe no es una previsión de caja: el resultado financiero quedó casi exactamente dentro del presupuesto, la brecha operativa fue mayor de lo esperado y, aun así, el efectivo aumentó.

El presupuesto de LACNIC termina con una cifra tranquilizadora: una pérdida prevista de apenas 87.000 dólares. Para llegar a ella, sin embargo, hay que cruzar una partida mucho mayor y bastante menos transparente.

El presupuesto 2026 suma 11,766 millones de dólares de ingresos operativos y 12,156 millones de gastos. La operación ordinaria, por tanto, queda 390.000 dólares por debajo. Después aparecen 303.000 dólares de “resultados financieros”. El saldo final es la pérdida de 87.000.

La cuenta es correcta. La categoría que hace de puente admite varias lecturas. Un resultado financiero puede incorporar cobros de cupones, ganancias realizadas, cambios de valoración, deterioros, efectos de tipo de cambio y comisiones. No todo se cobra en el mismo momento. Tampoco toda disminución de caja constituye gasto: comprar un bono transforma efectivo en otro activo. Y no todo gasto contable consume caja ese año: la depreciación es el ejemplo elemental.

Para una organización financiada en gran medida por sus miembros, esto no es un tecnicismo reservado al auditor. En 2026, las cuotas representan el 96% de los ingresos operativos presupuestados. Los miembros necesitan saber qué parte del funcionamiento recurrente se paga con ingresos recurrentes, qué parte descansa sobre una hipótesis financiera sensible al mercado y cómo se conciliará después el resultado contable con el movimiento de caja.

Dos brechas, no una

La presentación presupuestaria ya permite distinguir dos etapas. Las cuotas aportarían 11,248 millones de dólares y otros ingresos, 518.000. Del lado del gasto, salarios y personal representan 6,043 millones, la mitad del total operativo. Viajes, costes fijos, actividades de vinculación, servicios profesionales, cooperación, formación, proyectos comunitarios, contingencia y depreciación completan los 12,156 millones. La inversión de capital, 330.000 dólares, aparece separada.

Antes del resultado financiero existe una brecha operativa de 390.000 dólares. Después existe una pérdida contable presupuestada de 87.000. Son indicadores relacionados, pero responden a preguntas distintas. El primero dice si los ingresos de operación cubren el coste de operar. El segundo incorpora una cesta financiera que todavía no se ha materializado.

Llamar a los 303.000 dólares “rendimiento de inversiones” sería ir más allá del documento. Llamarlos “uso de reservas” también. Presentarlos como caja garantizada sería aún peor. La página pública no desglosa esa partida. Las cuentas de 2025 sí muestran qué puede esconder una cifra neta de esa naturaleza.

La prueba del año 2025

El presupuesto 2025 tenía la misma arquitectura. Preveía 11,292 millones de dólares de ingresos operativos y 11,666 millones de gastos: una brecha de 374.000. Los resultados financieros aportarían 277.000 y la pérdida anual quedaría en 97.000.

En los estados auditados, los ingresos operativos netos fueron 11.079.646 dólares y los gastos operativos, 11.553.040. La brecha real alcanzó 473.394 dólares, es decir, 99.394 más de lo previsto. En cambio, el resultado financiero neto fue 277.600 dólares: apenas 600 dólares por encima de la hipótesis presupuestaria.

Tras otra pérdida de 131 dólares, el ejercicio cerró con una pérdida de 195.925. El saldo final fue casi el doble del presupuestado, pero atribuir la diferencia a un fallo del resultado financiero sería falso. Esa partida prácticamente cumplió. El desvío relevante se produjo en la operación.

Esta separación cambia el valor del presupuesto. El aprendizaje de 2025 no es “las inversiones salvaron” ni “las inversiones fallaron”. Es que un buen resultado financiero puede coincidir con una brecha operativa peor, y que el saldo final por sí solo no permite asignar la causa.

Qué contenían los resultados financieros

Los estados financieros auditados de 2025 abren la cesta de 277.600 dólares. El resultado de inversiones aportó 508.867. Se restaron 147.782 de comisiones de cobranza, 62.641 de gastos bancarios, 48.347 por moneda extranjera y 946 por deterioro. Otros resultados financieros sumaron 28.449.

Cada componente obedece a un mecanismo diferente. Las comisiones bancarias y de cobranza acompañan el circuito de pagos. El efecto cambiario depende de exposiciones y cotizaciones. El deterioro reconoce pérdida de valor. El resultado de inversiones no tiene por qué coincidir con los cupones efectivamente cobrados ni con el efectivo producido por ventas y vencimientos.

Nada de esto demuestra que LACNIC carezca de un modelo interno detallado para 2026. La afirmación defendible es más limitada: la página pública no permite reconstruir los 303.000 dólares ni saber qué parte es ingreso de caja, resultado realizado o valoración.

Un anexo breve podría separar intereses y cupones cobrados, ganancias o pérdidas realizadas, cambios de valoración, deterioro, divisas, gastos bancarios y comisiones de cobranza. No hace falta revelar cada posición de cartera. Basta con identificar el tipo de resultado, la fecha de la hipótesis, el responsable y el umbral a partir del cual una desviación exige explicación.

La pérdida contable no fue consumo de caja

El estado de flujos de efectivo corrige otra lectura tentadora. Parte de la pérdida contable de 195.925 dólares, añade depreciación y amortización, elimina el resultado de inversiones e incorpora las variaciones del capital de trabajo. Después de esos ajustes, las actividades operativas generaron 86.066 dólares netos de caja.

Las actividades de inversión consumieron 23.526 dólares netos, pero ese saldo compacto reúne movimientos grandes: 3.711.656 dólares en compras de bonos; 3.497.053 procedentes de amortizaciones y ventas; 529.027 en cobro de cupones; 199.984 en propiedades y equipos; y 137.966 en activos intangibles. El efectivo aumentó 62.540 dólares, desde 1.160.113 hasta 1.222.653.

LACNIC registró así una pérdida contable y un aumento de efectivo en el mismo ejercicio. No hay contradicción. La contabilidad de resultados y el flujo de caja miden dimensiones distintas.

El balance tampoco respalda una narrativa de emergencia. Al cierre de 2025 había 2.697.480 dólares en inversiones corrientes y 8.980.431 en inversiones no corrientes, además del efectivo. Los activos totales ascendían a 19.093.744; los pasivos, a 1.720.689; y el patrimonio, a 17.373.055. Estos datos no determinan qué activo puede utilizarse para cada propósito, pero sí impiden convertir mecánicamente la pérdida anual en riesgo inmediato de liquidez.

La conclusión inversa también sería equivocada. Que el efectivo aumente no significa que la operación recurrente se autofinancie. El capital de trabajo, el vencimiento de una inversión o el momento de una compra pueden elevar la caja sin cerrar la brecha operativa. Precisamente por eso hace falta una conciliación.

Un puente del presupuesto a la caja

El instrumento propuesto puede caber en una sola hoja. Su primera sección compararía presupuesto y ejecución de ingresos y gastos operativos con categorías estables, variación absoluta, variación porcentual y explicación cuando se supere un umbral.

La segunda descompondría los resultados financieros. Intereses y cupones de caja quedarían separados de ganancias realizadas, valoración, deterioro, divisas y comisiones. La tercera llevaría el resultado contable hasta el flujo operativo, mostrando partidas sin caja y cambios relevantes del capital de trabajo. La cuarta registraría compras, ventas, amortizaciones y cobros de la cartera. La última uniría saldos iniciales y finales de efectivo, inversiones corrientes e inversiones no corrientes.

Cada importe recibiría una etiqueta inequívoca: presupuesto, devengo contable o movimiento de caja. Esa sencilla disciplina evita que una ganancia prevista se convierta en efectivo antes de existir, que la compra de un activo parezca gasto operativo o que una pérdida contable se venda como quema de caja.

El puente debería incluir también la decisión. ¿Quién es responsable de la hipótesis de 303.000 dólares? ¿Qué fotografía de cartera y tipo de cambio se utilizó? ¿Cuándo se aprobó? ¿Qué desviación obliga a revisar el gasto o a explicar el riesgo? Publicar esas coordenadas no significa gestionar la cartera ante el público. Significa hacer reproducible el presupuesto.

Lo que no decide una pérdida de 87.000 dólares

El importe previsto es pequeño en relación con el balance auditado. Eso descarta dramatismos, no preguntas. Una organización puede aceptar racionalmente una brecha operativa temporal para invertir en personal, comunidad o infraestructura. Puede absorber volatilidad con recursos acumulados. Son decisiones legítimas si se presentan como tales.

El cierre de 2025 ofrece una referencia útil para juzgarlas: el resultado financiero acertó; la operación se desvió; la caja subió. Comprimir esos tres hechos en “la pérdida fue peor de lo previsto” destruye información. Mantenerlos separados convierte el presupuesto siguiente en una afirmación comprobable.

Fuentes