Resumen

  • El informe actual estudia rutas obtenidas mediante Speedchecker desde veinte países de origen, pero no publica una fecha inicial y final de observación, una matriz de muestras, un identificador del conjunto de datos ni una versión del método.
  • El documento remite a un estudio anterior de LACNIC que sí sitúa sus mediciones en 2022. Esa referencia no demuestra que las figuras actuales utilicen aquellas trazas; demuestra que hace falta declarar la relación entre ambas campañas.
  • La fecha de un informe identifica una edición. La fecha de una medición determina qué estado de la red pudo observar. Confundirlas vuelve frágil cualquier comparación operativa.
  • Un manifiesto breve por edición permitiría comprobar la procedencia de los resultados sin convertir un estudio regional en una orden central sobre cómo debe enrutar cada red.

La primera pregunta del operador queda sin respuesta

Supongamos que un equipo de interconexión reconoce en una figura una ruta que sale de su subregión y regresa a ella. Antes de cambiar tránsito, solicitar una sesión de peering o abrir una investigación, tendría que preguntar: ¿cuándo ocurrió? Una trayectoria observada durante una incidencia, una campaña de 2022 y una medición de 2025 pueden dibujarse igual y exigir decisiones completamente distintas.

Los materiales de LACNIC permiten fechar la publicación. La ficha técnica muestra el 15 de septiembre de 2025 y una modificación el 8 de enero de 2026; la entrada de blog en inglés se publicó el 12 de enero de 2026 y llama al trabajo “2025 Traffic Paths Study”. La ficha atribuye el informe a Elisa Peirano. El PDF en español contiene treinta y cinco figuras, mientras que los campos visibles de versión y proyecto están vacíos. Ficha técnica de LACNIC Entrada de blog

Esa cronología editorial no fecha los paquetes. En el informe público no aparecen el comienzo y el fin de la observación, un identificador de campaña, el número total de sondas, orígenes, destinos o traceroutes, ni una tabla de muestras por país o pareja de países. Tampoco se declara la fecha de las fuentes auxiliares, una versión de código o método, ni la ubicación de un conjunto de datos bruto para esta edición. El anexo reúne imágenes; no enlaza cada figura con una campaña verificable. PDF del análisis regional

La ausencia no refuta el análisis. Delimita lo que puede decirse de él. Sabemos lo que sus autores encontraron en el material que analizaron. No podemos establecer, a partir de los archivos públicos, el intervalo en que ese material representó a la red.

El valor está en provocar una comprobación local

LACNIC explica que utilizó datos de Speedchecker con rutas originadas en veinte países: siete de América Central, diez de América del Sur y tres del Caribe. El blog pide a los operadores que contrasten los hallazgos con sus propios datos y advierte que una cobertura suficiente es importante. Esa invitación reconoce algo esencial: una vista regional y la telemetría de una red cumplen funciones distintas.

Entre sus conclusiones, el informe afirma que los promedios nacionales de latencia para trayectos con destinos fuera de la región oscilan entre 100,9 y 178,6 milisegundos. También sostiene que, entre los traceroutes cuyo origen y destino están en la misma subregión, del 48 al 71 por ciento sale de ella antes de volver. Son resultados capaces de orientar preguntas sobre tránsito, interconexión y localización del tráfico. Aquí se citan como afirmaciones del informe; no se reprodujeron con trazas de paquetes ni se comprobó que describan el enrutamiento actual.

Una media por país tampoco es “la ruta del país”. Depende de qué redes de acceso participaron, qué destinos se eligieron, cuántas observaciones sobrevivieron a los filtros y en qué momento se tomaron. Si cambia la composición de la muestra, una media puede desplazarse sin que cambie ninguna política de BGP. Si no cambia, puede ocultar movimientos opuestos entre rutas concretas. Publicar la matriz de muestras no eliminaría esas limitaciones, pero las haría visibles.

El informe actual excluye Aruba, Belice, Cuba, las Islas Malvinas, la Guayana Francesa, Guyana, las antiguas Antillas Neerlandesas y Surinam por insuficiencia de resultados. Es una regla de análisis, no un diagnóstico de conectividad. Un país que no alcanza el umbral de una campaña no es un país desconectado.

El antecedente de 2022 no debe convertirse en una conjetura

La sección de datos del documento actual enlaza un informe anterior y señala que las consideraciones allí formuladas siguen siendo válidas. Aquel informe es más concreto: indica que las mediciones se realizaron en 2022 mediante Speedchecker, menciona 5.588 redes dentro del alcance y 511 redes intermedias, aplica un umbral inferior a diez resultados y dice que los gráficos se prepararon a partir de CSV brutos. Página del estudio anterior Informe anterior en inglés

Las listas de países con pocos datos son parecidas, aunque no iguales. Es una razón para preguntar por la continuidad, no para afirmar que las gráficas nuevas contienen trazas de 2022. El expediente público no permite saber si la edición actual reutiliza, amplía o sustituye aquella campaña. Cualquiera de las tres opciones puede producir investigación valiosa. Una relectura de datos antiguos puede descubrir una estructura que la primera pregunta no capturó. Una campaña prolongada puede mejorar cobertura. Una campaña nueva puede revelar cambios. Lo que necesita el lector es saber cuál de esas operaciones se realizó.

Ni la ruta de descarga que contiene “2025”, ni la fecha de creación del PDF, ni la fecha de modificación de la página pueden usarse como sustitutos. Los archivos se regeneran; un texto puede corregirse sin repetir una sola medición. El reloj del documento no debe atribuirse al conjunto de datos.

Una contradicción pequeña con una lección grande

La explicación de los diagramas de caja ofrece un ejemplo preciso. Una parte del PDF define los bigotes como los percentiles primero y nonagésimo. Más adelante, el texto habla del mínimo y el máximo, mientras que el eje de la figura señala p1–p90. El desacuerdo está acotado. No prueba que el gráfico sea incorrecto y no permite deducir qué cálculo ejecutó el código.

Sí muestra por qué una definición debe estar vinculada a la versión del análisis. Un manifiesto puede indicar mediana, caja, regla de bigotes, tratamiento de valores atípicos y unidad de agregación. Si una corrección cambia solo la prosa, debe registrarse como corrección editorial. Si cambia el cálculo, debe producir una nueva versión del análisis y nuevas huellas de los artefactos.

Las etiquetas generales tampoco hacen ese trabajo. “Estudio 2025” es un nombre editorial, no una identidad de campaña. “Datos de Speedchecker” nombra una plataforma, no la composición de la muestra. “Veinte países de origen” indica alcance geográfico, no cuántas observaciones sostienen cada pareja. La procedencia aparece cuando esas piezas se relacionan explícitamente.

Un pasaporte mínimo para cada edición

La solución no exige publicar la topología privada ni cada registro de una sonda. Bastaría con acompañar cada edición con un manifiesto inmutable y legible: identificador y versión del informe; inicio y fin de la observación; identificadores de campaña y conjunto de datos; plataforma de recogida; recuentos totales y por país o pareja; reglas de inclusión y exclusión; fechas de instantáneas auxiliares; versión del método o código; y ubicaciones duraderas o hashes de los artefactos publicados.

Puede haber límites legítimos por privacidad, licencias o seguridad. Los recuentos pueden agruparse, los identificadores pueden seudonimizarse y un campo sensible puede omitirse con explicación. Verificabilidad no significa exponer a abonados o revelar infraestructura privada. Significa que el perímetro de una afirmación pública no dependa de la memoria de una institución.

Las correcciones deberían añadir una entrada, no borrar la anterior. Así sería posible distinguir una revisión del texto, una sustitución del conjunto de datos, un nuevo cálculo o una campaña nueva. Dos gráficos aparentemente iguales podrían demostrar que comparten observaciones; dos gráficos diferentes podrían explicar si cambió la red, la muestra o el método.

LACNIC controla la edición que publica. Speedchecker y los participantes controlan la superficie de recolección que les corresponde. Cada operador decide su tránsito, sus acuerdos y su política. Un manifiesto conserva esa distribución: coordina evidencia común, pero deja la acción cerca de la red que soportará sus consecuencias.

Un informe no es el estado presente de Internet

Incluso con una procedencia perfecta, una campaña tiene fecha de caducidad interpretativa. Las rutas cambian por fallos, mantenimiento, ingeniería de tráfico, acuerdos comerciales y por el punto desde el que se observa. La mejor documentación del mundo no convierte una medición histórica en un mapa en tiempo real.

Por eso el objetivo razonable no es que LACNIC certifique el enrutamiento de toda la región. Es que un lector pueda identificar qué observaciones sostienen una edición, reproducir el límite analítico cuando tenga acceso y compararlo con evidencia local sin inventar la edad de los datos.

El estudio ya convierte miles de trayectorias en una pregunta regional comprensible. Dar identidad a su campaña haría que esa pregunta pudiera circular con menos riesgo: de la página al NOC, de una edición a otra y de una institución a las redes que conservan la última palabra.

Fuentes

  1. Blog de LACNIC: Analysis of Interconnection Paths in Latin America and the Caribbean
  2. LACNIC I+D: Analysis of Paths from Each Country to the Rest of the Region
  3. LACNIC: PDF en español del análisis regional
  4. LACNIC I+D: estudio anterior de rutas dentro de cada país
  5. LACNIC: PDF en inglés del estudio anterior de 2022