Resumen

  • El balanceador público de Scaleway requiere una dirección IPv4 y admite una IPv6 adicional; no ofrece una configuración pública exclusivamente IPv6.
  • La IPv4 del balanceador figura a 0,005 euros por hora antes de impuestos. Una IP flexible reservada sigue facturándose aunque no esté conectada a ningún recurso, hasta que se elimina.

Hay una forma muy discreta de alargarle la vida a una tecnología: hacerla obligatoria en el producto que presume de admitir la siguiente. El balanceador de carga público de Scaleway acepta IPv6, pero conserva un requisito IPv4. El visitante puede entrar por la puerta nueva. El propietario sigue alquilando la llave antigua.

La documentación de acceso público y privado establece esa combinación con claridad. IPv4 es obligatoria para el balanceador público; IPv6 es opcional. Para un comprador, la consecuencia comercial importa tanto como la compatibilidad: activar el nuevo protocolo no permite retirar por sí solo el recurso anterior.

Una transición con dos contadores

El manual de direcciones flexibles descarta expresamente el balanceador público solo con IPv6. Las opciones son IPv4 o IPv4 junto con IPv6. Falta la casilla que permitiría mantener este servicio público y devolver la dirección antigua.

Por eso conviene llevar dos cuentas. Una mide el porcentaje de conexiones que llegan mediante IPv6. Otra cuenta las IPv4 reservadas. La primera puede mejorar mientras la segunda permanece intacta. Confundirlas convierte un avance en capacidad de comunicación en un ahorro que todavía no existe.

Incluso si todos los visitantes de una entrada utilizaran IPv6, la regla actual del producto seguiría exigiendo IPv4. Es una situación hipotética deducida de la especificación, no una medición de clientes. Sirve para localizar el origen de la dependencia: la demanda de la dirección puede sobrevivir a la demanda de tráfico por ese protocolo.

El mismo límite aparece en la documentación oficial del controlador cloud. El tipo de IP flexible predeterminado es IPv4; las alternativas admitidas son IPv4 y la combinación IPv4, IPv6. El documento mantiene IPv4 como requisito. Kubernetes automatiza el pedido, pero no negocia sus condiciones. Un carrito obligatorio sigue siendo obligatorio aunque se rellene con código.

El precio pequeño que merece una cuenta completa

La tarifa de red publica 0,005 euros por hora para la IPv4 del balanceador y 0,023 euros por hora para LB-S, ambos antes de impuestos. Aplicados a un supuesto de 730 horas, producen 3,65 euros de dirección y 16,79 euros de LB-S: 20,44 euros entre estos dos conceptos. Es un ejercicio aritmético con precios publicados, no una factura observada.

La dirección equivale aproximadamente al 21,7 % de la tarifa base de ese LB-S. El denominador es ese pequeño balanceador; trasladar el porcentaje a todo el gasto cloud de una empresa inflaría la historia. La comparación correcta ya dice bastante: un componente obligatorio añade alrededor de una quinta parte al precio de referencia del producto básico.

Que la tabla lo coloque bajo las IP adicionales no concede libertad para omitirlo. La tarifa organiza conceptos contables y la especificación decide la configuración mínima. Un análisis de compra que copie únicamente el precio principal deja fuera una pieza necesaria para abrir la entrada pública.

La duración añade otra capa. Según la explicación de facturación de IP, las direcciones flexibles se cobran por separado del recurso asociado. El cargo empieza con la reserva y termina con la eliminación. Una IP sin recurso conectado sigue costando mientras se conserva.

Así, dejar de recibir tráfico no equivale a devolver la dirección. Un proyecto terminado puede dejar un pequeño contrato de alquiler funcionando en segundo plano. La infraestructura olvida con facilidad para qué se creó algo; el contador horario tiene una memoria excelente.

Lo fijo tiene valor y también fronteras

La dirección estable presta un servicio real. La sección de preguntas frecuentes describe una IP frontal fija y el redireccionamiento del tráfico a una réplica ante un fallo. Es la función que explica el proveedor. Evita que todos los sistemas externos tengan que perseguir los cambios internos de la entrada.

Ese punto fijo puede acabar escrito en DNS, listas de acceso y configuraciones de terceros. Cuantas más referencias reúne, más trabajo exige sustituirlo. La estabilidad que se compra hoy puede convertirse mañana en una razón para seguir reservando la misma dirección.

La movilidad tiene límites concretos. La IP del balanceador puede reutilizarse en otro balanceador de la misma zona de disponibilidad; no pasa a ser una dirección para una máquina virtual o un servidor bare metal. Las instrucciones tampoco permiten tratar una IP conectada como una pieza que se desconecta y se cambia libremente. Añadir IPv6 a un balanceador que todavía no la tiene es una operación disponible, distinta de sustituir a voluntad las direcciones ya asociadas.

Para eliminar una IP aún conectada, el procedimiento exige borrar el balanceador y elegir la eliminación de la IP. Al borrar el balanceador también se puede conservar la dirección. Esa elección mantiene una posibilidad de reutilización y mantiene el contador. En la factura queda un coste; en el plan operativo puede quedar una opción de recuperación.

La variante privada cambia el alcance del servicio. Carece de IP pública y no admite acceso directo desde Internet. Además, el carácter público o privado no se cambia después de crear el balanceador. Reemplazar uno público por uno privado requiere resolver por dónde entrarán los usuarios. Una reducción de inventario que elimina la puerta de los clientes necesita bastante más explicación que una línea verde en el informe de ahorro.

Una adopción que aún no libera recursos

El registro de miembros de RIPE NCC identifica a Scaleway SAS en Francia. Esa referencia fija la identidad, no la cantidad de direcciones que posee ni su coste. Los documentos citados no explican por qué el producto público exige IPv4; una función oficial que permita mantenerlo solo con IPv6 y liberar IPv4 cambiaría esta dependencia.

Mientras tanto, las pruebas de éxito deben separarse. Activar IPv6 demuestra una capacidad nueva. Eliminar una IPv4 sin perder el servicio necesario demuestra libertad sobre la combinación de recursos. Un mismo proyecto puede lograr la primera y seguir esperando la segunda.

La escasez también se administra desde el diseño de productos. Una casilla obligatoria basta para que una dirección antigua conserve su puesto, aunque las comunicaciones avancen. Para cerrar la cuenta, al plan de migración le falta una operación menos vistosa que estrenar protocolo: entregar la llave y obtener el recibo de devolución.