Resumen
- RedClara es una asociación sin fines de lucro registrada en Uruguay, que une las redes nacionales de investigación y educación; no es una empresa propiedad de accionistas ni un operador que controle el acceso a cada campus.
- Ocho nodos principales de enrutamiento y capacidad internacional a largo plazo constituyen una red troncal de clase 100G; los materiales públicos enumeran enlaces de 100, 200 y 300 Gbps, además de un segmento compartido de menor capacidad en Centroamérica.
- ALICE y ALICE2 establecieron la institución y la primera red; BELLA obtuvo capacidad a largo plazo en la ruta directa Portugal-Brasil, reduciendo la dependencia de rutas indirectas a través de Norteamérica.
- La prueba para BELLA II es transformar la financiación de proyectos en infraestructura sostenida por los miembros, al tiempo que fortalece las redes nacionales más débiles, mejora la evidencia pública y evita que surjan cuellos de botella por parte de proveedores o estructuras de membresía.
BELLA transformó la geografía de la red
BELLA (Building the Europe Link to Latin America) combina elementos submarinos y terrestres. BELLA-S adquiere espectro a largo plazo en el cable submarino directo entre Portugal y Brasil, y BELLA-T actualiza la red troncal terrestre sudamericana. El sistema de cable submarino real es EllaLink, de aproximadamente 6.000 km entre Sines y Fortaleza.
El proyecto configuró dos enlaces de 100 Gbit/s, uno que conecta GÉANT con RedClara y otro que apoya las necesidades relacionadas con Copernicus de observación de la Tierra. El tráfico de investigación y educación utiliza el canal directo desde 2021. Los materiales del proyecto mencionan una reducción de latencia de hasta un 50% en ciertos trayectos, una cifra que debe acotarse a combinaciones específicas de origen-destino y no generalizarse.
El coste de la acción BELLA-S1 registrado en CORDIS de la UE fue de 12,44 millones de euros, con una contribución de la UE de 10 millones; el programa BELLA más amplio también incluye trabajos terrestres, otras agencias de la UE y contribuciones en especie de los países. Los distintos totales pueden corresponder a alcances diferentes y no deben sumarse simplemente.
Un informe de 2024 describe la infraestructura BELLA en un sentido más amplio como 35.830 km y Nx100G. Esta cifra incluye múltiples componentes submarinos y terrestres, y no debe confundirse con la longitud única del cable EllaLink.
Cuarenta canales ópticos no equivalen a ser propietario del cable submarino
BELLA obtuvo derechos a largo plazo sobre cuarenta canales ópticos en el sistema EllaLink. Este es uno de los hechos infraestructurales más importantes de RedClara, y también el que más fácilmente se exagera. Los derechos de espectro brindan a la comunidad científica capacidad dedicada, actualizable y de largo plazo, pero no significan la propiedad exclusiva de todo el sistema submarino.
EllaLink es un cable submarino comercial, con sus propios inversores, operadores, estaciones de amarre y otros clientes. RedClara y GÉANT controlan la capacidad contratada, pero no controlan por sí solos los barcos de reparación, todos los repetidores, la ruta física, cada estación de amarre ni los otros servicios que transitan por el cable.
El valor de los cuarenta canales radica en la opcionalidad. La alianza no está obligada a quedarse perpetuamente con un ancho de banda inicial fijo; puede iluminar o actualizar capacidad con sistemas ópticos de nueva generación siempre que las condiciones contractuales y de equipo lo permitan. Esto reduce el riesgo de que la velocidad de compra inicial quede obsoleta demasiado pronto.
Los límites de propiedad también determinan la responsabilidad ante fallos. Un incidente puede requerir la intervención del operador del cable, de la estación de amarre, del proveedor de equipos ópticos, de RedClara, de GÉANT o de la NREN nacional. La verdadera resiliencia proviene de los contratos, los mecanismos de actualización y las rutas alternativas, no de la etiqueta “directo” en un mapa.
BELLA y la ruta directa del Atlántico Sur
El cambio más visible que BELLA aporta a la conectividad científica entre Europa y América Latina es geográfico. Antes, el tráfico podía enrutarse por Norteamérica aunque ambos extremos estuvieran en las dos orillas del Atlántico Sur. La ruta directa Sines–Fortaleza ofrece una alternativa más corta para muchos trayectos y deja para la comunidad científica un activo actualizable de largo plazo.
No garantiza que la latencia se reduzca a la mitad en todas partes. La ganancia real depende del origen, el destino, el acceso doméstico, la congestión y el backhaul. La afirmación del proyecto de “hasta un 50% de reducción” debe limitarse a trayectos concretos. La conclusión más sólida es que la conectividad europea ya no depende completamente de puertas de enlace norteamericanas, y que la diversidad de rutas ha mejorado.
La transferencia masiva de datos, la astronomía, la observación de la Tierra, la computación distribuida, la telemedicina académica y la colaboración interactiva se benefician de rutas más directas y predecibles. RedClara y GÉANT también adquieren así una capacidad de interconexión científica más controlable que el tránsito público ordinario.
El cable submarino directo sigue estando expuesto a cortes, fallos de alimentación, problemas en las estaciones de amarre, equipos ópticos y operaciones de reparación. La resiliencia exige rutas alternativas, pruebas de conmutación y suficiente capacidad hacia Miami u otras direcciones cuando EllaLink falle. “Directo” mejora la arquitectura, pero no reemplaza la redundancia.
BELLA es también una cooperación institucional de largo plazo. La capacidad se obtuvo dentro de programas de colaboración científica, no como compra de tránsito comercial ordinario, lo que otorga a la comunidad científica más influencia sobre el uso y la actualización. No obstante, los operadores comerciales siguen siendo una dependencia física ineludible.
Derechos de espectro, cobertura terrestre y límites de propiedad
La expresión “red de RedClara” puede ocultar formas de control muy diversas. La organización puede ser propietaria de enrutadores, alquilar espacio y energía, comprar servicios gestionados, poseer IRU, adquirir derechos de espectro en cables submarinos de terceros o intercambiar capacidad con socios. Cada modalidad tiene plazos, responsabilidades de mantenimiento, derechos de actualización y riesgos distintos.
En el mar, BELLA obtuvo espectro de largo plazo en EllaLink; en tierra, BELLA-T y los miembros combinan fibra doméstica, longitudes de onda y servicios para llegar a los PoP y las instituciones. Los 35.830 km del informe de 2024 son una medida de cobertura del programa, no la longitud de fibra óptica propiedad exclusiva de RedClara.
Distinguir los derechos de propiedad evita dos errores opuestos: subestimar el valor estratégico de los derechos de espectro a largo plazo, o exagerar el control de RedClara sobre la construcción, las estaciones de amarre, las reparaciones, los equipos ópticos y los contratos nacionales.
La verdadera robustez reside en las cláusulas contractuales: cuánto duran los derechos, quién realiza el mantenimiento, si son actualizables, qué ocurre si el operador es adquirido o quiebra, si se puede acceder a las estaciones de amarre y cuáles son las rutas de salida y las alternativas. Las líneas en un mapa solo adquieren sentido completo cuando estas preguntas tienen respuesta.
El modelo federal permite cobertura regional sin ser propietario de todos los activos físicos, pero a costa de una mayor exigencia en la gobernanza de proveedores. Hay que identificar qué dependencias son sustituibles y cuáles se han convertido en puntos únicos difíciles de revertir.
Una red continental que no está controlada por un único operador
Llamar a RedClara simplemente “la red de investigación latinoamericana” puede inducir a error, como si controlara desde la troncal internacional hasta el puerto de la universidad. La estructura real es federal. Los investigadores suelen pasar primero por la red del campus o de la institución, luego por la red nacional de investigación y educación (NREN) de su país, y solo después utilizan la capa regional e intercontinental que ofrece RedClara.
RNP (Brasil), REUNA (Chile), RENATA (Colombia), CEDIA (Ecuador), CUDI (México), RedCONARE (Costa Rica) y RAU (Uruguay) conservan su propia gobernanza nacional, infraestructura doméstica, relaciones institucionales y responsabilidades operativas. RedClara no sustituye a estas redes, sino que las conecta, agrega necesidades comunes, coordina capacidad y servicios, y da acceso a redes científicas mundiales como GÉANT, Internet2, CANARIE.
Un recorrido científico extremo a extremo puede pasar sucesivamente por la red local del campus, el cortafuegos institucional, las líneas de acceso doméstico, la troncal de la NREN, RedClara, el peering internacional, la NREN del país de destino y la instalación experimental remota. Un enlace regional de 100 Gbit/s no puede compensar la congestión en la salida del campus, las líneas domésticas insuficientes, la configuración errónea del almacenamiento o las restricciones de política en el extremo remoto.
A la inversa, una sola red nacional tampoco puede negociar por sí misma todas las rutas intercontinentales, las federaciones de identidad y los servicios colaborativos.
Por tanto, la definición más precisa es la de “capa compartida de coordinación e infraestructura”. Compartida en gobernanza, ingeniería, derechos de capacidad a largo plazo y servicios públicos, no porque posea cada fibra, cada enrutador, cada PoP o cada cable submarino que aparece en el mapa. El mecanismo central de RedClara consiste precisamente en organizar múltiples sistemas nacionales y contratos de infraestructura comercial para crear una red regional con fines científicos públicos.
Por qué América Latina necesita una capa regional
El problema fundamental en el momento de su creación era la fragmentación. A principios del siglo XXI algunos países ya tenían redes nacionales de investigación o estaban construyéndolas, pero faltaba una institución continental duradera que agregara demanda, operara una troncal regional y negociara en pie de igualdad con las redes científicas europeas y norteamericanas. Los enlaces internacionales dedicados eran caros, los mercados nacionales de telecomunicaciones muy diversos y las rutas comerciales servían sobre todo a la economía de los operadores, no a la colaboración científica distribuida.
Una universidad con buena conectividad doméstica podía verse obligada a utilizar transmisiones internacionales caras y tortuosas para colaborar con otra institución latinoamericana. El tráfico entre Europa y América Latina a menudo transitaba por Norteamérica porque las infraestructuras de cable y de interconexión existentes eran más fáciles de contratar. El coste no era solo la latencia, sino también la falta de poder de negociación, la escasa diversidad de rutas y el hecho de que las prioridades de servicio las fijaran agentes ajenos a la comunidad científica.
Crear un operador que controlara centralizadamente todo el continente no era realista. Los países difieren enormemente en madurez de sus NREN, financiación pública, regulación, recursos de fibra, sistemas universitarios y puntos de amarre internacionales; las organizaciones nacionales debían conservar su autonomía jurídica y operativa. La solución viable fue, por tanto, la federación: las redes nacionales se ocupan de su país, la asociación regional se ocupa de la capa común y se relaciona con los socios globales.
Este diseño también genera valor institucional. Una NREN aislada difícilmente puede influir en grandes programas científicos internacionales o aportar pruebas de demanda suficientes para una ruta dedicada. Una organización regional puede reunir escenarios científicos y fondos, combinar subvenciones con activos nacionales y presentarse como interlocutor único ante la Comisión Europea, GÉANT, los bancos de desarrollo, los operadores y las empresas de cables submarinos.
Toledo, Valle de Bravo y la asociación jurídica
La idea institucional se fraguó en 2002. Representantes de las NREN latinoamericanas debatieron la red regional en una reunión de viabilidad del proyecto CAESAR en Toledo (España), y las conversaciones continuaron en Río de Janeiro, Buenos Aires, Santiago de Chile y México. No se discutió solo la topología, sino también la membresía, la relación entre la institución regional y las redes nacionales, la forma de tomar decisiones y cómo convertir la financiación externa en una organización sostenible.
La cronología jurídica incluye tres fechas que conviene conservar. RedClara registra que los estatutos se firmaron el 9 de junio de 2003 en Valle de Bravo (México); los registros de la sociedad civil de la OEA utilizan el 10 de junio como fecha de creación; y RedClara también afirma que su existencia jurídica fue reconocida por Uruguay el 23 de diciembre de 2003. Pueden entenderse respectivamente como el acuerdo constitutivo, el registro administrativo y el reconocimiento jurídico posterior.
La descripción jurídica más segura es: asociación civil internacional sin ánimo de lucro, con sede en Montevideo y reconocida conforme a la legislación uruguaya. RedClara utiliza a veces la expresión inglesa “international law organisation”, pero los estatutos y registros disponibles no demuestran que haya sido creada por un tratado internacional ni que posea estatus de organización intergubernamental. Es una asociación de miembros, no un regulador supranacional ni una agencia gubernamental.
Los estatutos vigentes fueron aprobados en noviembre de 2019 y publicados en enero de 2020. La Asamblea es el órgano supremo de gobierno; el Consejo Directivo marca la orientación; la Comisión Fiscal supervisa; la Comisión Técnica reúne a los expertos de las NREN y la Dirección Ejecutiva se encarga de la ejecución. La legitimidad de la red procede de la colaboración entre los miembros, no de la propiedad accionarial ni del poder territorial.
Siete miembros jurídicos, once países conectados y una misión más amplia
El directorio público actual de miembros enumera siete NREN: RNP, RENATA, RedCONARE, REUNA, CEDIA, CUDI y RAU. La página más reciente de conectividad avanzada, sin embargo, indica que la red conecta once países: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Paraguay y Uruguay. Materiales más antiguos mencionaban incluso trece. Estas cifras no pueden mezclarse.
Los miembros jurídicos deciden el voto, las obligaciones y la gobernanza de la asociación; la conectividad operativa puede darse a través de socios, acuerdos transitorios o presencia de proyectos, aunque la red nacional correspondiente no sea miembro de pleno derecho en ese momento. Las cifras históricas pueden reflejar antiguos miembros o alcances de proyectos anteriores. Por tanto, conviene escribir con claridad: “siete miembros jurídicos actuales de las NREN, once países actualmente conectados”.
Esta diferencia crea una tensión estratégica. RedClara presta servicio a una región más amplia que la que gobierna formalmente la asociación. Un país puede recibir conectividad o participar en BELLA II sin tener el mismo asiento en la Asamblea, mientras que los siete miembros asumen mayores cargas de gobernanza, trabajo técnico y, posiblemente, obligaciones financieras recurrentes. Esto no implica automáticamente un fracaso institucional, pero sí afecta a la representatividad, al reparto de costes y a la legitimidad a largo plazo de la plataforma regional.
El Consejo Directivo para el período 2025–2027 está compuesto por José Palacios (REUNA), presidente; Eduardo Grizendi (RNP), vicepresidente; Juan Pablo Carvallo (CEDIA), tesorero; Carlos Gamboa (RedCONARE), secretario; y Eduardo Grampín (RAU) como vocal. Luis Eliécer Cadenas es el director ejecutivo. La información pública no revela de manera completa las actas recientes de la Asamblea, la ponderación de votos, las cuotas de membresía vigentes ni la forma en que los países conectados sin membresía participan en las decisiones importantes.
ALICE proporcionó el capital inicial para la red regional
La constitución jurídica de RedClara y la puesta en marcha de su primera red operativa están estrechamente ligadas a ALICE (Proyecto de Interconexión Europa-América Latina). La Comisión Europea y DANTE firmaron el contrato en junio de 2003, con un presupuesto total de 12,5 millones de euros: 10 millones aportados por la Comisión y 2,5 millones por los socios latinoamericanos. Tras varias prórrogas, el proyecto funcionó hasta marzo de 2008.
ALICE resolvió simultáneamente la financiación inicial, la contratación conjunta, los objetivos operativos de la nueva asociación y el acceso a GÉANT. No exigió que un modelo de ingresos de los miembros, aún inmaduro, estuviera listo de antemano; permitió que la red demostrara su valor mediante el funcionamiento real mientras la institución se consolidaba.
La red inicial, modesta para los estándares actuales, estableció los PoP regionales, la interconexión productiva entre las NREN participantes y las relaciones técnicas con las redes científicas europeas y norteamericanas. Estas relaciones se extendieron después a la identidad, el middleware, la computación en malla, la ciencia abierta y los proyectos conjuntos. Una red realmente operativa impidió que la asociación se quedara en una mera plataforma de reuniones.
ALICE también dejó planteada la cuestión central de la sostenibilidad: la financiación periódica permite construir la red, pero no paga automáticamente su funcionamiento cuando el proyecto termina. Para perdurar hacía falta aumentar las contribuciones regionales, reducir los costes recurrentes, obtener derechos de capacidad a más largo plazo y formar una institución capaz de negociar y operar de forma continuada.
ALICE2 trasladó la coordinación a América Latina
ALICE2 se puso en marcha en diciembre de 2008, con un contrato de la Comisión Europea por 18 millones de euros. El cambio institucional clave fue que RedClara pasó a ser la entidad coordinadora, en lugar de limitarse a participar como beneficiaria regional; esto desplazó hacia las instituciones latinoamericanas una mayor responsabilidad en la gestión del consorcio, la ejecución y el liderazgo.
Los objetivos del proyecto incluían reforzar la sostenibilidad, ampliar la participación de los países, reducir los costes recurrentes mediante fibra oscura, longitudes de onda y derechos irrevocables de uso, desarrollar la comunidad de usuarios y formar a los técnicos. Pasar de alquilar líneas a corto plazo a poseer derechos de infraestructura de largo plazo era a la vez una estrategia económica y una actualización tecnológica.
Distintas fuentes sitúan la finalización en marzo de 2012 o en enero de 2013. La expresión más segura reconoce un período operativo y administrativo de cierre entre 2012 y 2013 y señala la discrepancia entre las fuentes. Esta pequeña contradicción ilustra que la entrega del proyecto, el cese de la operación y el cierre administrativo no deben fusionarse sin más.
ALICE2 demostró que RedClara podía seguir gestionando una red de producción después de que terminara un único período de subvención, pero también demostró que “liderazgo regional” no equivale a autosuficiencia total. La expansión seguía dependiendo de la cooperación europea, los activos nacionales y los contratos comerciales.
De las líneas alquiladas a corto plazo a los derechos de capacidad de largo plazo
El modelo económico de una red científica regional depende en gran medida de cómo se adquiera la capacidad. Las líneas gestionadas a corto plazo ofrecen un servicio definido, pero el operador queda expuesto a renovaciones, subidas de precios y cambios de estrategia del proveedor. La fibra oscura, el espectro, los IRU o el intercambio de capacidad exigen más ingeniería inicial, pero proporcionan un mayor control a largo plazo y un coste marginal de actualización más bajo.
La red real de RedClara se compone de diversos derechos: puede poseer enrutadores, alquilar espacio y energía, contratar servicios de explotación y mantenimiento, poseer derechos de espectro en un cable submarino que no le pertenece o intercambiar capacidad con socios. Por tanto, la red lógica es un conjunto de activos técnicos, derechos contractuales e infraestructuras de terceros.
Los derechos a largo plazo no eliminan los riesgos. Dependen de la vida útil del cable, del acceso a las estaciones de amarre, de los equipos terminales, de las reparaciones marítimas o terrestres, de la solvencia de los socios y de las cláusulas de sucesión. Un derecho de espectro sin financiación para iluminarlo, actualizarlo y mantenerlo puede convertirse en un activo ocioso.
La ventaja reside en alinear la duración de la infraestructura con la de la cooperación científica. Los programas de investigación y las relaciones entre NREN suelen durar décadas; comprar solo conexiones anuales expone a la red a la volatilidad de precios y contratos. Convertir una parte de la subvención en derechos utilizables a largo plazo es esencial para que quede valor una vez terminado el proyecto.
Antes de BELLA, el camino a Europa solía pasar por Norteamérica
La falta de una ruta científica directa de alta capacidad entre Europa y América Latina lastraba el rendimiento y la dependencia. Incluso con ambos extremos a orillas del Atlántico Sur, el tráfico podía entrar primero por un nodo norteamericano y cruzar después el Atlántico Norte, porque esas líneas comerciales eran más fáciles de contratar.
El rodeo aumentaba la latencia, concentraba los dominios de fallo y hacía que la relación científica europea quedara incrustada en una topología moldeada por los centros norteamericanos. Para la ciencia interactiva, la observación de la Tierra, las transferencias masivas de datos y la instrumentación remota, la distancia y la fluctuación importan por igual.
Estas rutas no eran técnicamente “erróneas”, sino el resultado de la economía de los cables y las interconexiones. Para cambiarlas hacía falta invertir en capacidad submarina y terrestre, no solo modificar las preferencias de enrutamiento. La comunidad científica debía agregar demanda suficiente para sostener derechos directos de largo plazo.
El objetivo de BELLA, por tanto, no era solo más ancho de banda, sino diversidad física e institucional: una vía directa a través del Atlántico Sur que la comunidad científica pudiera usar y actualizar durante décadas.
Topología actual: ocho nodos principales, múltiples formas de capacidad
La última descripción técnica de RedClara enumera ocho nodos principales de enrutamiento: Buenos Aires, Fortaleza, Porto Alegre, São Paulo, Santiago, Manta, Ciudad de Panamá y Miami. Las NREN sudamericanas se conectan a estos nodos y se interconectan mediante anillos de 100 Gbit/s o superiores; la infraestructura compartida de Centroamérica se describe como de 20 Gbit/s. Fortaleza es la principal puerta de entrada directa hacia GÉANT y los socios científicos de Europa y África; Miami es la puerta principal hacia Internet2, CANARIE y los socios norteamericanos.
La página de conectividad avanzada menciona además enlaces de 100, 200 y 300 Gbit/s, once países y más de 1.300 instituciones. El mismo sitio web conserva todavía textos antiguos de 10 Gbit/s. Las topologías y los materiales de proyecto más recientes respaldan la calificación de “red de clase 100G”; la mención de 10G parece más bien deuda documental que evidencia de la capacidad actual de la red.
Estas velocidades no implican que todas las rutas tengan la misma capacidad disponible. La velocidad de línea, la capacidad agregada protegida, los recursos reservados y el ancho de banda efectivamente entregado a los miembros son conceptos distintos. Además, los anillos lógicos pueden compartir el mismo cable comercial o corredor físico, por lo que la redundancia lógica no equivale a diversidad física de extremo a extremo.
Manta proporciona un nodo en el lado del Pacífico; Fortaleza ancla el Atlántico Sur; Ciudad de Panamá y Miami cubren Centroamérica, el Caribe y la dirección norte. La topología está condicionada por los puntos de amarre de los cables submarinos, los mercados domésticos, la colaboración de las NREN y la fibra existente; no es un anillo continental perfectamente simétrico.
“Más de 1.300 instituciones” es un indicador de cobertura, pero no se ha publicado una metodología que explique cuántas están activas, a qué velocidad ni qué servicios regionales utilizan realmente. La madurez debe medirse combinando capacidad, tráfico, disponibilidad, servicios y reutilización, no solo con un número total.
AS27750, peering y separación de tipos de tráfico
AS27750 es el número de sistema autónomo público de RedClara. A través de él, la organización transporta o intercambia rutas de redes miembro, pares de investigación y educación y servicios internacionales. Las bases de datos públicas muestran relaciones con GÉANT, ESnet, Internet2, CANARIE, RNP, REUNA, RENATA, RedCONARE, CEDIA y TENET, entre otros, pero estas bases de datos son solo una instantánea temporal y no deben considerarse una topología contractual completa.
Una red científica no es “una internet más rápida”. El tráfico científico y educativo que cumple los requisitos puede transitar por rutas dedicadas o privadas hasta las NREN, las instalaciones científicas y los socios internacionales, evitando así la compra de tránsito comercial general cuando ya existen relaciones de peering. Esto reduce costes, mejora la predecibilidad y libera capacidad para aplicaciones intensivas en datos.
RedClara ofrece simultáneamente separación del tráfico de internet comercial, peering y conectividad global. Las universidades necesitan tanto acceder a recursos científicos como a internet pública; ambos tipos de tráfico pueden utilizar políticas de enrutamiento, proveedores y modelos de liquidación diferentes. La red científica no está aislada físicamente de internet, sino que se distingue lógicamente mediante criterios de elegibilidad, enrutamiento, capacidad y gobernanza.
El peering selectivo implica que las conexiones directas solo se establecen cuando hay valor mutuo; no garantiza el acceso a cualquier red. Incluso estando en el mismo centro de datos de Miami o São Paulo, se necesitan puertos, conexiones cruzadas, filtrado de rutas, políticas y explotación continua.
La documentación pública no describe de forma completa la validación RPKI actual, la cobertura ROA, el filtrado IRR, la protección contra fugas de rutas, las comunidades BGP ni la disponibilidad por par. Para una red regional crítica, una divulgación más clara —sin exponer información sensible en exceso— de las prácticas de seguridad de enrutamiento mejoraría notablemente la evaluabilidad.
Líneas dedicadas de capa 2, colaboración operativa y fronteras de responsabilidad regional
Los servicios de RedClara incluyen circuitos virtuales dedicados de capa 2. Las VLAN permiten que laboratorios, centros de datos o instrumentos científicos situados en diferentes países funcionen como si estuvieran en el mismo segmento Ethernet, algo útil para transferencias masivas, experimentos distribuidos o flujos de trabajo especiales que el enrutamiento IP convencional no resuelve bien.
Un servicio de capa 2 suele atravesar múltiples dominios administrativos. La institución proporciona el puerto local, la NREN nacional entrega el tráfico a la red regional, RedClara coordina el tramo internacional y, en el destino, el proceso se invierte. VLAN, MTU, redundancia, ancho de banda, direccionamiento, seguridad y ventanas de cambio deben ser coherentes entre todas las partes.
Esto implica una distribución de la responsabilidad operativa. Un fallo puede localizarse en el campus, en la NREN, en RedClara, en el proveedor de transmisión o en la institución remota. El NOC regional necesita identificadores de circuito claros, contactos 24×7, puntos de demarcación y rutas de escalado; de lo contrario, el usuario solo ve “la red no funciona” y no sabe quién está autorizado para repararla.
RedClara menciona públicamente sus equipos de ingeniería, NOC y seguridad, pero no publica de forma completa la metodología de cálculo de los SLA, los tiempos históricos de reparación ni una base de datos independiente de incidentes. Páginas antiguas muestran datos como “disponibilidad media mensual del 100%” o “7,7 PB de tráfico anual”, pero sin alcance ni metodología, y no pueden considerarse resultados de una auditoría.
La implicación de la estructura federal es que RedClara se responsabiliza del tramo regional y coordina a las NREN, pero no puede garantizar por sí sola todos los componentes. Los servicios profesionales deben dejar claras las fronteras de responsabilidad para el usuario y convertir la federación en una cadena de apoyo coordinado, no en una cadena de traspaso de responsabilidades.
BELLA II: expansión mediante inversión compartida, no un mapa ya terminado
RedClara y la Comisión Europea firmaron BELLA II el 14 de diciembre de 2022. El plazo previsto es de 48 meses, con un presupuesto total del programa de 28 millones de euros, de los cuales la Comisión se ha comprometido a aportar 13 millones; RedClara debe movilizar al menos 15 millones de gobiernos, agencias de desarrollo, empresas, bancos y otros socios.
Los objetivos de infraestructura incluyen conectar o reforzar a Perú, Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Honduras, y posiblemente extenderse a México, el Caribe, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Belice. Estos nombres de países representan metas, diálogos o alcances potenciales, y no deben presentarse como una red ya en producción a 3 de agosto de 2026.
El diálogo competitivo de 2025 busca un sistema de fibra con una vida útil mínima de quince años, un piso inicial de 20 Gbit/s para Centroamérica y de 100 Gbit/s para Perú, y exige escalabilidad. Las soluciones pueden basarse en fibra existente, nueva construcción, intercambio de capacidad, coinversión o modelos híbridos.
La contratación flexible favorece la atracción de fondos, pero complica la atribución de responsabilidades: quién construye, quién posee, quién mantiene, cuánto se reserva para la investigación, cómo se incorporan los países y quién asume la operación cuando el proyecto termine son preguntas que deben estar resueltas. Un derecho de capacidad a quince años solo tiene sentido si la energía, los equipos, el mantenimiento y las actualizaciones están igualmente financiados a largo plazo.
Por tanto, BELLA II debería medirse por las líneas realmente aceptadas, los derechos ejecutables, el tráfico real de producción y los acuerdos de operación posproyecto. Los memorandos de entendimiento y los diálogos políticos son avances, pero no son servicios activados. Separar con rigor los anuncios de la puesta en producción es condición necesaria para preservar la credibilidad del proyecto.
De la red de transporte hacia una plataforma científica regional
La primera generación de RedClara demostró que las redes nacionales de investigación pueden intercambiar tráfico a través de una troncal regional. La pregunta siguiente era: ¿qué capacidades comunes pueden construirse sobre esa troncal? La cartera actual ya incluye identidad, transferencia de archivos, entornos de colaboración, formación, HPC, ciencia abierta, ciberseguridad y comunidades temáticas.
Esto no significa abandonar la red, sino aumentar su valor. Las rutas de alta capacidad sin autenticación, descubrimiento de recursos de cálculo, movimiento de grandes archivos, emparejamiento entre socios y soporte transfronterizo tienen un impacto científico limitado. La capa de aplicaciones y las comunidades convierten el ancho de banda bruto en infraestructura utilizable.
BELLA II institucionaliza esta lógica de plataforma mediante centros de innovación, bancos de pruebas, convocatorias abiertas, formación, diálogo estratégico y emparejamiento con fuentes de financiación. El Ideathon de agroalimentación de 2024 reunió a 125 expertos de 28 países, y los primeros bancos de pruebas de HPC han llevado la formación y los prototipos hacia recursos de cálculo compartidos.
Un banco de pruebas no es un servicio de producción. Suele estar dirigido a equipos seleccionados, tiene una capacidad limitada, cuenta con apoyo de expertos y está orientado a la experimentación. Puede poner de manifiesto obstáculos técnicos y organizativos antes de una construcción a gran escala, pero también puede inducir a error si un éxito demostrativo se presenta como disponibilidad general.
La oportunidad para RedClara es convertirse en una federación de servicios y bancos de pruebas, no solo en una red de transporte. Al mismo tiempo, la identidad, el almacenamiento, el cálculo, los notebooks, la colaboración y los datos sensibles incrementan las responsabilidades en materia de seguridad, privacidad, soporte y ciclo de vida. Los recursos subyacentes seguirán siendo operados por las NREN, los miembros de SCALAC, las universidades, los proveedores de nube y los socios de proyecto; el papel de RedClara es integrar, seleccionar, coordinar y ofrecer un punto de entrada regional.
BIO+IA: las pruebas con adoptantes tempranos deben mantener sus límites
BIO+IA Early Adopters es uno de los ejemplos más claros de plataformización. El programa se abrió en 2026 en el marco de BELLA II y seleccionó cinco proyectos de seis países, a los que proporcionó formación, apoyo de expertos y un entorno de pruebas de inteligencia artificial y bioinformática. Los temas abarcan biología del cáncer de mama, cribado molecular, mecanismos antimicrobianos o antimercurio, reposicionamiento de fármacos para enfermedades hepáticas y medicina traslacional.
Durante el Demo Day de julio de 2026, los equipos informaron de que el entorno les ayudó a buscar, integrar e interpretar información biológica. Constituye una evidencia válida de un flujo de trabajo científico respaldado y muestra que la red, las herramientas especializadas y la orientación experta pueden combinarse en la capa regional.
No constituye evidencia de eficacia clínica. Que un modelo encuentre una molécula candidata no significa que el tratamiento sea efectivo; una aceleración del análisis tampoco equivale a haber completado la validación experimental, la revisión regulatoria o el despliegue médico. El programa solo sirvió a un conjunto limitado de proyectos; los resultados fueron comunicados por los participantes y los organizadores, no por un ensayo clínico independiente.
Estas limitaciones no desmerecen el programa, sino que sitúan correctamente la unidad de logro: RedClara apoyó un experimento estructurado multinacional, redujo las barreras de acceso a herramientas, datos y conocimiento para los equipos participantes y creó relaciones científicas entre varios países.
La siguiente prueba es la sostenibilidad. La demostración solo se convierte en infraestructura cuando los equipos pueden volver a utilizarla, pueden incorporarse nuevos grupos, la gobernanza de los datos es clara, el cálculo y el almacenamiento están financiados y los flujos de trabajo exitosos pueden migrarse a sistemas nacionales o institucionales. La reutilización, las publicaciones, la evaluación independiente y la financiación posterior al piloto son los criterios para juzgar si BIO+IA puede convertirse en un servicio duradero.
El principio general de medición es cuánta distancia queda entre la actividad participativa y la capacidad permanente. Un Ideathon cuenta participantes; un banco de pruebas cuenta experimentos; la verdadera infraestructura cuenta entornos que se mantienen, usuarios recurrentes, datos gobernados, personal formado y proyectos que continúan una vez terminada la subvención o el evento.
La identidad también es infraestructura: FIEL, eduGAIN y eduroam
Por muy buena que sea una ruta de red, de nada sirve si el investigador no puede demostrar su identidad al servicio de destino. FIEL apoya las federaciones nacionales de identidad; eduGAIN permite que las federaciones participantes intercambien metadatos y que los usuarios accedan a servicios internacionales con la identidad de su institución de origen; eduroam aplica un modelo de confianza similar al acceso a la red en itinerancia.
Estos sistemas no crean una base de datos regional de contraseñas. En una sesión federada típica, el servicio redirige al usuario a su institución de origen; esta completa la autenticación y devuelve una declaración firmada o un conjunto de atributos seleccionados; el servicio aplica después su propia política de acceso. RedClara refuerza las federaciones nacionales y las conecta a la red de confianza mundial, pero normalmente no toca las contraseñas de todos los usuarios.
Esta arquitectura descentraliza tanto la confianza como el riesgo. La universidad conserva la responsabilidad sobre las cuentas y el investigador puede acceder a repositorios, plataformas de cálculo y herramientas de colaboración con la misma identidad institucional. Sin embargo, el nivel de garantía varía entre instituciones, los metadatos pueden estar obsoletos, el significado de los atributos puede no ser coherente y el compromiso de un proveedor de identidad o de sus claves de firma puede afectar a múltiples servicios.
eduGAIN resuelve el descubrimiento y el intercambio de metadatos, pero no todos los problemas jurídicos. Los servicios siguen decidiendo qué instituciones y niveles de garantía aceptan; las instituciones deben proteger las claves, gestionar el ciclo de vida de las cuentas y responder a los incidentes. El uso transfronterizo implica consideraciones de consentimiento, minimización de atributos, privacidad y base legal.
En el caso de eduroam, la institución del lugar de acceso proporciona la red y, a través de una jerarquía nacional o regional de RADIUS, reenvía la solicitud de autenticación a la institución de origen del usuario, que es la que verifica las credenciales. La seguridad depende de la correcta configuración del terminal, la validación de certificados, el sistema de identidad de la institución de origen y los controles de la red local.
Las federaciones de identidad forman parte de la continuidad de la infraestructura: un supercomputador puede ser alcanzable a nivel IP, pero si la cadena de confianza falla, el usuario de destino no podrá utilizarlo. Al coordinar simultáneamente conectividad e identidad, RedClara aborda modos de fallo que una red de puro transporte ignoraría.
MiLab, eNVIO y la capa de colaboración científica
MiLab coloca varias herramientas de código abierto detrás de un acceso federado: un entorno de datos basado en Dataverse, un entorno de desarrollo basado en GitLab, un espacio de comunicación Mattermost y computación con notebooks vinculada a JupyterHub, Python y R. Puede acompañar a un equipo desde la comunicación y el desarrollo de código hasta el análisis, la organización de datos y la publicación.
Los equipos multinacionales suelen armar estas funciones a partir de servicios inconexos, con cuentas, políticas de datos y modelos de soporte diferentes. Un espacio de trabajo regional puede reducir la fragmentación y proporcionar un entorno común para proyectos distribuidos en múltiples instituciones y países. RedClara ha documentado usos como la colaboración en datos geográficamente distribuidos.
MiLab no puede describirse como una nube regional genérica. No ofrece automáticamente HPC a gran escala, almacenamiento ilimitado, certificación de conformidad para cualquier tipo de datos sensibles ni conservación legal permanente; la capacidad, los niveles de servicio y el modelo de alojamiento pueden variar. Cada proyecto concreto debe confrontar sus requisitos de seguridad, datos y rendimiento.
eNVIO aborda el transporte de archivos grandes a través de la infraestructura académica. El correo electrónico y los servicios de almacenamiento en nube para consumidores no son adecuados para muchos conjuntos de datos científicos. Su valor real depende de los límites de tamaño de archivo, la retención, el cifrado, el soporte y la integración con las redes nacionales, indicadores que no se han publicado de forma completa.
RedClara también gestiona una plataforma regional de formación y un entorno de gestión del aprendizaje colaborativo con CEDIA. La formación puede convertir el conocimiento especializado en cursos y certificaciones, pero no sustituye la existencia de puestos permanentes, la experiencia en producción ni las responsabilidades institucionales.
Esta capa de colaboración resume el modelo federal: RedClara integra herramientas y puntos de entrada, las NREN aportan los usuarios, las instituciones proporcionan la identidad y el entorno del proyecto, y el investigador realiza el trabajo. Solo funciona cuando las responsabilidades están claras; la plataforma regional no puede compensar incondicionalmente todas las carencias locales de personal, gobernanza de datos y soporte a las aplicaciones.
Ventanilla Abierta: navegar en un ecosistema fragmentado
La infraestructura científica regional, aunque exista, puede ser difícil de descubrir. Es posible que un investigador sepa que en algún lugar de América Latina hay computación de alto rendimiento, almacenamiento, servicios de identidad o redes especializadas, pero no sepa quién los gestiona, si su proyecto cumple los requisitos o por dónde empezar a solicitarlos. Ventanilla Abierta se creó precisamente como una capa de consulta centralizada.
No es propietaria de los recursos que recomienda, sino que traduce las necesidades científicas en un camino dentro del ecosistema: conectividad a través de la NREN nacional, cálculo mediante SCALAC u otros centros, acceso a servicios de datos, almacenamiento o identidad, búsqueda de recursos en redes internacionales asociadas o entrada en las vías de proyectos y financiación. Su valor está en la coordinación y la descubribilidad.
Esto convierte a Ventanilla Abierta en una infraestructura de navegación. A menudo la infrautilización de los recursos físicos no se debe a la falta de demanda, sino a la dispersión de las interfaces institucionales. Si el investigador tiene que entender por separado las reglas de varias NREN, de los proyectos y de los equipos técnicos, la solución regional puede abandonarse. Un punto de entrada fiable reduce estos costes de transacción.
Funds and Partners aborda una cuestión conexa: la colaboración científica necesita algo más que la red; necesita convocatorias, instituciones complementarias y financiación. Conectar las necesidades técnicas con socios o fuentes de financiación puede transformar una idea potencial en un proyecto que realmente utilice la infraestructura.
Pero las competencias de RedClara son limitadas. Una consulta no equivale a una reserva, una convocatoria de financiación no equivale a una concesión, una presentación no equivale a un acuerdo de alianza. El servicio debe medirse por las transferencias exitosas y los proyectos continuados, no solo por el número de consultas recibidas.
LA Referencia, SCALAC y la cadena compartida de conocimiento y cálculo
Las relaciones de RedClara en ciencia abierta y computación de alto rendimiento muestran cómo el transporte se transforma en ecosistema. LA Referencia reúne metadatos y productos científicos de los repositorios nacionales; SCALAC conecta instituciones de cálculo avanzado e impulsa la cooperación en HPC. Son alianzas independientes, no filiales de RedClara, pero la red y la institución coordinadora facilitan su funcionamiento transfronterizo.
La cadena de ciencia abierta comienza en los repositorios institucionales o nacionales. Los investigadores depositan artículos o datos según las políticas locales; los sistemas nacionales organizan los metadatos y el acceso; LA Referencia proporciona descubrimiento e interoperabilidad regional y, a través de relaciones como OpenAIRE, conecta los resultados latinoamericanos con un contexto más amplio. RedClara aporta la conectividad, la coordinación de proyectos y los vínculos institucionales, pero no es propietaria de cada repositorio ni de cada producción científica.
La ciencia abierta no necesita solo ancho de banda. La calidad de los metadatos, los identificadores persistentes, las licencias, la preservación, la gobernanza de los repositorios y los incentivos a la investigación determinan si los resultados pueden ser descubiertos y reutilizados. Las redes de alta velocidad pueden mover datos, pero no pueden hacer reproducible un archivo que carece de documentación.
SCALAC afronta problemas análogos en el ámbito de la computación. El HPC latinoamericano está disperso entre universidades, centros nacionales y otras instituciones. Una alianza regional puede hacer más visibles los recursos y los expertos, y dar soporte a bancos de pruebas, formación y proyectos multinacionales que un solo país difícilmente sostendría por sí mismo.
Una federación regional de HPC no es un único supercomputador. Los planificadores, las pilas de software, las políticas de acceso, las colas, el almacenamiento y la facturación son diferentes; los datos deben preposicionarse, los usuarios autenticarse, las asignaciones gobernarse y las cargas sensibles pueden estar sujetas a restricciones transfronterizas. La red elimina un cuello de botella y deja al descubierto otros.
La ganancia estratégica es la opcionalidad: los países que no pueden comprar toda la computación especializada que necesitan pueden participar de todos modos, las instalaciones con capacidad ociosa pueden encontrar socios, los equipos pueden hacer prototipos antes de solicitar recursos mayores. El riesgo es que el acceso se quede permanentemente en el plano de los proyectos y las relaciones personales, sin reglas públicas y predecibles sobre elegibilidad, capacidad y costes.
Salud, observación de la Tierra y las comunidades que dan sentido a la red
RUTE-ALC conecta las comunidades universitarias de telemedicina y salud digital de la región. Los usos potenciales incluyen consultas entre especialistas, formación médica, intercambio de imágenes, normalización, colaboración en emergencias y gobernanza de la salud digital.
La red científica puede proporcionar rutas fiables, identidad y herramientas de colaboración, pero no por ello se convierte en un prestador de servicios sanitarios. La privacidad clínica, la regulación de los dispositivos médicos, la responsabilidad profesional y el consentimiento de los pacientes siguen recayendo en las instituciones sanitarias y el sector público. Una conexión de alta capacidad es solo una de las condiciones de la telemedicina, no un servicio clínico completo.
La Copernicus Academy forma otro puente en América Latina. Los datos europeos de observación de la Tierra pueden apoyar la agricultura, la respuesta a desastres, la adaptación al cambio climático, la gestión marina, del agua, forestal, la planificación urbana y la energía. RedClara ayuda a transportar los datos y a organizar formación e innovación; el verdadero cuello de botella suele estar en la capacidad de análisis, no solo en el acceso a las imágenes originales.
TICAL reúne a líderes tecnológicos de la educación superior y a la comunidad de ingeniería. La edición de 2024 en Río de Janeiro contó, según la memoria anual, con más de 200 participantes. La conferencia no es infraestructura física, pero puede alinear criterios en compras, seguridad, nube, identidad y prioridades de servicio, y tejer relaciones entre instituciones que más adelante necesitarán interoperar.
Estas comunidades explican por qué una red de investigación y educación no es solo un “operador con descuento”. La confianza continuada acelera la colaboración en incidentes y la formación de proyectos. Sin embargo, asistir a una conferencia no equivale a implementar; un taller no equivale a capacidad nacional; una conexión de red no equivale a resultados médicos o climáticos. La contribución de RedClara es crear y coordinar las condiciones para la acción, no apropiarse de cada resultado.
EduLACSeg y la red regional de confianza en ciberseguridad
Las instituciones académicas se enfrentan con frecuencia a ataques similares a través de las fronteras, por lo que la coordinación en ciberseguridad es una extensión natural de la red federada. eduLACSeg ofrece un marco de confianza para compartir indicadores, contexto y experiencias de respuesta, de modo que la actividad detectada en un lugar pueda ser comunicada a otras instituciones antes de que la descubran por sí mismas.
Un caso de julio de 2026 muestra cómo la información de amenazas originada en el CERN fue distribuida por RedClara a RNP, REUNA, RENATA, RedCONARE, RAU, CUDI y CEDIA. Es una evidencia concreta de que la capa regional puede transmitir inteligencia de seguridad. RedClara la describe como el mayor ecosistema académico de ciberseguridad de América Latina, pero al no existir una definición independiente de comparación, la expresión debe mantenerse como una afirmación institucional propia.
Compartir amenazas no garantiza automáticamente precisión ni seguridad. Los indicadores pueden ser erróneos, obsoletos o muy dependientes del contexto; la atribución puede ser incierta; las reglas sobre datos personales y confidencialidad varían entre países; y la capacidad de respuesta de las NREN abarca desde equipos de seguridad maduros hasta grupos reducidos con herramientas limitadas. Una alerta regional demuestra difusión, no una respuesta uniforme.
La memoria de 2024 recoge que RedClara y LAC4 impartieron formación a 85 participantes de casi 60 instituciones de 18 países, con un 30% de mujeres; también se organizó un Security Baseline Bootcamp con RNP y GÉANT durante TICAL2024. Son señales de construcción de capacidades, no la prueba de que todas las instituciones apliquen los mismos controles.
La propia RedClara debe proteger sus sesiones de enrutamiento, los metadatos de identidad, las plataformas de colaboración y los bancos de pruebas. La documentación pública no ofrece una imagen completa y actualizada del estado de RPKI, ROA, filtrado IRR, divulgación de incidentes y metodología de tiempos de respuesta. La confianza a largo plazo exige reglas de clasificación, redistribución, protección de datos, atribución y análisis post mortem de la inteligencia, así como controles técnicos medibles.
SUBMERSE: convertir la propia red en un instrumento científico
SUBMERSE amplía el papel de RedClara de “transportar datos científicos” al de “generar datos científicos desde la propia infraestructura”. El proyecto explora el uso de tecnologías como la detección acústica distribuida para convertir las fibras ópticas de telecomunicaciones en funcionamiento en sensores: se emiten pulsos de luz y el análisis de la retrodispersión permite detectar perturbaciones minúsculas producidas a lo largo de la fibra por terremotos, oleaje, tráfico u otros fenómenos.
La idea aprovecha cables ya tendidos y cubre zonas donde las redes de sensores dedicadas serían muy costosas. La red científica puede poner en contacto a los científicos con los propietarios de los cables submarinos, las estaciones de amarre, los datos y los recursos de cálculo.
Pero una fibra no se convierte automáticamente en un observatorio. El acceso a la instrumentación, los permisos sobre la fibra, la calibración, la sincronización temporal, el almacenamiento, el procesamiento y la validación científica requieren protocolos especializados; los experimentos de detección no deben degradar la fiabilidad de las comunicaciones de producción, y los datos pueden exponer actividades sensibles, por lo que necesitan gobernanza.
RedClara es uno de los miembros de una alianza más amplia, no es propietaria de toda la fibra ni inventora exclusiva del método. La fase principal de financiación termina tras las actividades finales de difusión en 2026, por lo que SUBMERSE debe describirse como una demostración y una línea de cooperación, no como un servicio regional ya abierto de manera permanente.
Si las fases siguientes consiguen asegurar los derechos de acceso, los estándares, la financiación y la comunidad de usuarios, la detección por fibra podría otorgar a RedClara un papel científico singular en geofísica, oceanografía y resiliencia de infraestructuras. En ese momento, el valor de la red procedería no solo de transportar datos, sino de medir el mundo por sí misma.
Esto es un ecosistema de socios, no un conjunto de filiales
El mapa de relaciones de RedClara incluye NREN nacionales, la Comisión Europea, GÉANT, Internet2, CANARIE, bancos de desarrollo, EllaLink, operadores, SCALAC, LA Referencia, RUTE-ALC, LNet/LACChain, universidades y comunidades temáticas. La naturaleza jurídica y operativa de estas relaciones no es uniforme.
Las NREN pueden ser miembros, socios operativos o ambas cosas; GÉANT e Internet2 son redes de pares; la Comisión Europea es financiadora y contraparte de proyectos; EllaLink es una infraestructura comercial que alberga derechos de capacidad; SCALAC, LA Referencia y RUTE-ALC tienen su propia gobernanza; las universidades pueden ser usuarias, alojar nodos, beneficiarias o contribuyentes de conocimiento.
Llamar RedClara a todas estas relaciones exagera el control central y difumina responsabilidades. El verdadero valor de la organización es precisamente coordinar activos e instituciones que no son de su propiedad. Un artículo riguroso debe distinguir entre membresía, financiación, capacidad, interoperabilidad, ejecución, colaboración y participación en proyectos.
La estructura en ecosistema evita un único propietario, pero también puede diluir la responsabilidad. Cuando un servicio falla, el usuario necesita saber si el problema está en la institución, en la NREN, en RedClara, en el operador, en la plataforma o en el socio internacional. Solo con fronteras claras puede la federación convertirse en fuente de resiliencia en lugar de en un vacío de responsabilidad.
Las finanzas se basan en miembros, proyectos y derechos de capacidad
RedClara no tiene accionistas verificados, valoración de mercado ni beneficios distribuibles. Los estatutos permiten cuotas de miembros y otros recursos; la organización también obtiene ingresos mediante consultoría y servicios, proyectos de la UE y de bancos de desarrollo, cooperación internacional, contribuciones de socios, coinversiones, intercambios de capacidad y aportaciones en especie.
Las cifras más visibles son los presupuestos de los proyectos, no los ingresos institucionales. ALICE tuvo 12,5 millones de euros; ALICE2, 18 millones; las distintas acciones de BELLA tienen alcances diferentes; BELLA II está presupuestado en 28 millones de euros, de los cuales 13 millones proceden de la Comisión Europea y al menos 15 millones deben ser movilizados. Sumar estas cantidades plurianuales y entre múltiples socios como si fueran ingresos de RedClara es incorrecto.
Una parte considerable del valor no adopta la forma de dinero en efectivo, por ejemplo los derechos de espectro, los IRU, la fibra nacional, los locales, los equipos y el personal. Su valor real depende de la duración, el mantenimiento, los derechos de actualización y las restricciones contractuales, no del importe nominal del proyecto.
La última memoria anual completa describe con detalle las actividades, los proyectos y el equipo, pero no presenta una cuenta de resultados auditada, un balance, el nivel de reservas, la concentración de cuotas de miembros o la exposición a proveedores, ni el número exacto de empleados actual. Esto limita el análisis externo de la solidez financiera.
El riesgo central es el desfase temporal: los proyectos duran pocos años, pero la troncal, la identidad y las plataformas deben funcionar a largo plazo. Los derechos de capacidad a largo plazo permiten conservar el valor del proyecto, pero la energía, los equipos, el soporte y el personal siguen necesitando financiación recurrente. La sostenibilidad debe provenir de cuotas, recuperación de costes, aportaciones nacionales y acuerdos con socios; no se puede tratar la financiación puntual de proyectos como si fuera un ingreso permanente.
El último kilómetro pertenece a los países y a las instituciones, y es muy desigual
La troncal continental puede ser técnicamente avanzada y aun así generar beneficios desiguales. Los países difieren enormemente en fibra doméstica, financiación de las NREN, apoyo gubernamental, competencia entre operadores, puntos de amarre de cables submarinos, capacidad universitaria y personal técnico. Dentro de un mismo país, las universidades centrales pueden tener conexiones de alta velocidad mientras que las instituciones alejadas dependen de líneas precarias.
RedClara puede agregar demanda, negociar capacidad, formar equipos y demostrar el valor de las redes nacionales de investigación, pero no puede sustituir la inversión nacional, resolver todos los obstáculos regulatorios ni operar cada línea de acceso. El último kilómetro sigue estando a cargo de las instituciones, las NREN y los proveedores nacionales.
Por tanto, “un país está conectado” no significa que todas sus universidades reciban el mismo servicio. “Más de 1.300 instituciones” indica cobertura, pero no explica la velocidad, la disponibilidad, el nivel de actividad ni el uso de los servicios regionales. Unos indicadores más maduros distinguirían entre registro, actividad, conexiones con distinto ancho de banda y usuarios reales de los servicios.
BELLA II puede ampliar la cobertura, pero también genera nuevas obligaciones allí donde la capacidad operativa es más débil. Una incorporación sostenible requiere ingeniería, presupuesto, soporte, seguridad e integración de identidad a nivel local. Una línea internacional de alta velocidad sin una NREN fuerte no deja de ser una isla de gran capacidad.
La deuda documental oculta la madurez operativa
La documentación pública de RedClara es muy rica en historia institucional y de proyectos, pero presenta indicadores contradictorios: siete miembros, once países conectados y la antigua referencia a trece; textos de 10G junto a descripciones de una red de clase 100G; cifras de instituciones, tráfico y disponibilidad sin una metodología uniforme.
La causa más probable es que convivan páginas de distintas épocas. Esto no niega la modernidad de la red, pero obliga al lector a verificar constantemente la fuente, la fecha y las definiciones. Para una infraestructura regional, la documentación obsoleta puede llegar a ser un riesgo operativo, no solo un problema editorial.
Los mapas topológicos deberían llevar fecha, distinguir la capacidad contratada de la disponible, el tipo de protección, el operador, el estado de puesta en producción y la naturaleza del derecho. El tráfico debería indicar el período, la dirección y la agregación; la disponibilidad, el alcance y la fórmula; los datos de membresía, diferenciar gobernanza, conectividad y participación en proyectos.
Una divulgación más coherente ayudaría a los miembros, financiadores y usuarios a evaluar la resiliencia, y evitaría que los anuncios de ruta o los memorandos de entendimiento se confundan con la red en producción. La transparencia no exige revelar secretos de seguridad, solo que lo que se afirma esté claramente definido.
El logro central de RedClara es la colaboración federada a escala de infraestructura
El mayor logro de RedClara no es un cable submarino, un enrutador o un proyecto concreto, sino haber creado un mecanismo regional duradero que permite a redes nacionales autónomas agregar demanda, operar interconexiones, obtener derechos de capacidad a largo plazo, participar en proyectos globales y construir servicios comunes, conservando al mismo tiempo la gobernanza nacional.
ALICE convirtió un concepto en una red de producción; ALICE2 trasladó la coordinación a América Latina y buscó la sostenibilidad; BELLA transformó la geografía de la red con la ruta directa del Atlántico Sur y el espectro a largo plazo; BELLA II intenta ampliar la cobertura y convertir el transporte en un ecosistema de identidad, ciencia abierta, computación, seguridad y experimentación.
La federación también impone límites. RedClara no es propietaria de todos los activos, no controla cada NREN, no puede garantizar cada último kilómetro y no dispone de fondos ilimitados. Su fuerza procede de la coordinación: es muy potente cuando los incentivos de miembros, financiadores, pares y proveedores están alineados; se debilita cuando las responsabilidades son difusas o las capacidades nacionales insuficientes.
El valor futuro no dependerá tanto del próximo récord de velocidad como de la calidad institucional que rodee la capacidad: una estructura de membresía más representativa, contratos de largo plazo, transparencia financiera, seguridad medible, un ciclo de vida claro de los servicios y caminos que vayan del piloto a la producción. La troncal es la base, pero la institución federada en sí misma es el activo estratégico.
Indicadores para juzgar si BELLA II se convierte en infraestructura duradera
El primer indicador es la puesta en producción real. Los memorandos, diálogos y requisitos de compra deben transformarse en proveedores concretos, líneas aceptadas, tráfico productivo, procesos de fallo y fechas públicas. La capacidad debe distinguir el valor mínimo inicial, la velocidad de línea, la capacidad agregada protegida y el ancho de banda disponible. El objetivo de quince años solo tiene sentido si los derechos de operación, mantenimiento y actualización son igualmente sostenibles.
El segundo es la estructura de membresía. Los actuales siete miembros de las NREN corresponden a once países conectados. Habrá que observar si los países objetivo se convierten en miembros de pleno derecho, socios a largo plazo o participantes institucionalizados, y cómo los distintos estatus afectan al voto, las cuotas, los derechos de servicio y las obligaciones técnicas. Hacer crecer la red sin ampliar la base de gobernanza recurrente aumenta la carga operativa y mantiene la concentración del control.
El tercer indicador es la evidencia operativa: informes de topología y tráfico fechados, metodología de SLA, divulgación de incidentes, políticas de seguridad de enrutamiento, estado de RPKI y diversidad real medida entre EllaLink, Miami y las rutas alternativas. Un gran corte de cable o una fuga de rutas pondrá a prueba si los anillos lógicos tienen verdadera resiliencia física y de políticas.
El cuarto es la transformación de los servicios. BIO+IA, HPC, MiLab, identidad, eduLACSeg y ciencia abierta deben medirse por usuarios recurrentes, asignaciones de producción, compromisos de soporte, gobernanza de datos y financiación posproyecto, no solo por el número de participantes. Un piloto se convierte en infraestructura cuando los usuarios pueden confiar en él y planificar a partir de él.
Por último, las finanzas. La publicación de cuentas auditadas actuales, reservas, concentración de cuotas, exposición a proveedores y la proporción entre fondos libres y fondos restringidos a proyectos aumentaría la credibilidad de forma significativa. La pregunta clave es si RedClara puede mantener capacidad y servicios entre los grandes ciclos de financiación europea sin que las NREN más débiles se queden permanentemente como meras beneficiarias de proyectos a corto plazo.
Escenarios con respaldo empírico
En un escenario de expansión exitosa, las NREN de Perú y Centroamérica se conectan a líneas de largo plazo escalables y la base de gobernanza regional se amplía en paralelo; la ruta directa a Europa, la puerta de enlace norteamericana y el acceso al Pacífico pueden sostener instrumentos científicos mayores y computación compartida.
En un escenario de federación de servicios, la conectividad deja de ser el elemento más visible porque la identidad, la seguridad, los datos, el HPC y los bancos de pruebas se convierten en productos cotidianos para el usuario. El valor se profundiza, pero también aumentan notablemente las obligaciones de mantenimiento de software, privacidad y soporte.
En un escenario de concentración de la gobernanza, los miembros jurídicos siguen siendo siete mientras los proyectos y las conexiones se expanden. La organización puede cubrir operativamente la región, pero depende de un núcleo reducido en términos de representación, costes y sucesión.
En un escenario de ciclo de proyecto, la innovación se pone en marcha continuamente con subvenciones, pero cuesta sostenerla cuando los proyectos terminan. La troncal sigue funcionando, pero los servicios de alto nivel aparecen y desaparecen al ritmo de la financiación. Es el escenario de deterioro más realista cuando no existe un modelo estable de costes.
La coinversión con operadores puede mejorar la sostenibilidad mediante intercambios de capacidad, construcción conjunta y derechos a largo plazo, pero también profundiza la dependencia de un número reducido de proveedores comerciales, lo que exige una gobernanza muy estricta del mantenimiento, la salida y las actualizaciones.
En un escenario de “la red como instrumento”, el enfoque de SUBMERSE se extiende a más fibras regionales y da lugar a servicios de datos medioambientales y geofísicos. Sigue siendo una propuesta prospectiva, pero podría otorgar a RedClara un papel científico singular que la capacidad puramente comercial no puede proporcionar.
Quién controla el sistema y quién asume el riesgo
El control está distribuido en varios niveles.
Las NREN miembros gobiernan la asociación a través de la Asamblea y del Consejo Directivo; la Dirección Ejecutiva y los grupos técnicos controlan la implementación regional; las redes nacionales controlan la infraestructura doméstica y el acceso de las instituciones; pares como GÉANT controlan sus propias redes; financiadores como la Comisión Europea influyen en el alcance mediante las condiciones de los proyectos; operadores, cables submarinos, centros de datos y proveedores de equipos constituyen dependencias físicas clave; las universidades y la comunidad científica crean la demanda, pero no siempre poseen una voz directa en la gobernanza
regional.
Esta estructura evita un propietario único, pero también separa el poder de decisión de las consecuencias operativas. El Consejo puede aprobar un plan cuyo último kilómetro recaiga en las NREN; un financiador diseña objetivos a cuatro años, pero los miembros heredan décadas de mantenimiento; un operador puede tener la única ruta realista en un país; el usuario confía en el servicio sin saber quién puede repararlo. La capa estratégica debe tratar estas interfaces como el principal plano de control.
Los incentivos deberían recompensar la contribución a largo plazo, no solo la participación en proyectos. Las cuotas, la fibra, el préstamo de personal, la operación de servicios, el alojamiento de datos y la respuesta de seguridad son formas de valor diferentes. Los países que reciban ayudas para la expansión deben avanzar hacia la responsabilidad nacional y las obligaciones recurrentes; los miembros más fuertes también necesitan confirmar que la solidaridad regional no se convierta en una transferencia ilimitada de costes sin rendición de cuentas.
Los contratos con proveedores deben preservar la diversidad de rutas, los derechos de actualización, la auditoría, las cláusulas de salida y la continuidad ante cambios de control. Los derechos de espectro y fibra a largo plazo reducen el riesgo de precio, pero pueden quedar varados si fallan las relaciones con la estación de amarre, los equipos ópticos o el mantenimiento. La decisión más importante no es cuánta capacidad comprar, sino qué dependencias corren el riesgo de volverse irreversibles.
Decisiones que no pueden aplazarse hasta la siguiente subvención
Primero, RedClara debe decidir si es principalmente una federación de conectividad o si va a gestionar a largo plazo plataformas digitales compartidas. MiLab, la identidad, la seguridad y los bancos de pruebas de inteligencia artificial crean valor, pero también introducen datos, software, personal y responsabilidades. Decidir qué servicios se mantendrán a largo plazo exige definir la propiedad, la financiación del ciclo de vida completo, la respuesta a incidentes y las reglas de retirada.
Segundo, debe resolverse la discordancia entre miembros jurídicos y cobertura operativa. Los países conectados necesitan un estatus claro, voz y un camino para incorporarse como miembros o bajo otros arreglos que exijan rendición de cuentas. La informalidad durante la fase de expansión es cómoda, pero a la larga deja zonas grises sobre quién gobierna, quién paga y quién puede salirse.
Tercero, la transparencia financiera debe convertirse en una herramienta de gobernanza. Las cuentas auditadas, las reservas, las cuotas, los fondos restringidos a proyectos y la concentración de proveedores determinan si la red puede resistir la interrupción de una financiación o un accidente en un cable submarino. Sin esa evidencia, los miembros no pueden asumir obligaciones responsables a largo plazo.
Cuarto, RedClara debería publicar una arquitectura de continuidad que incluya la diversidad de rutas, la escalada de incidentes, las copias de seguridad de la configuración y de los registros, la recuperación de los sistemas de identidad y de las plataformas, las rutas alternativas ante un corte de cable y los mecanismos de sucesión de los servicios de proyecto. La red regional debería conservar las funciones críticas incluso cuando fallen una subvención, un proveedor, una ruta o una institución nacional.
El riesgo irreversible no es que un proyecto concreto se retrase, sino que la federación acumule servicios críticos y dependencias a largo plazo más rápido de lo que genera autoridad recurrente, financiación y evidencias operativas. La oportunidad irreversible es la contraria: utilizar los derechos de BELLA, la gobernanza de las NREN y las alianzas globales para construir un procomún de infraestructura regional que ningún país podría levantar por sí solo. El liderazgo debe preservar el carácter distribuido, pero al mismo tiempo dejar las responsabilidades tan claras que “propiedad compartida” no signifique “ambigüedad compartida”.
El significado a largo plazo de una troncal regional compartida
RedClara ejemplifica una autonomía infraestructural basada en la cooperación, no en el aislamiento. La investigación latinoamericana adquiere mayor capacidad de acción no porque la organización posea cada fibra, sino porque las redes nacionales controlan colectivamente la capa regional, poseen capacidad estratégica de largo plazo y participan en condiciones más equitativas en las alianzas científicas mundiales. La dependencia de la infraestructura comercial sigue existiendo, pero la misión, las relaciones de ruta y las decisiones de actualización ya no se dejan enteramente al mercado generalista de internet.
Este modelo tiene implicaciones que van más allá de la investigación. Muestra que instituciones con recursos escasos o desiguales pueden agregar demanda sin renunciar a la autonomía nacional, y que las subvenciones pueden transformarse en derechos y organizaciones que perduran más allá del ciclo del proyecto. También revela los límites de la federación: la coordinación no puede compensar indefinidamente la debilidad de las redes domésticas, la opacidad financiera o la falta de claridad en la rendición de cuentas.
La elección determinante es si la próxima etapa se limitará a ampliar el mapa o si la institución madurará. Más países y enlaces más rápidos son, sin duda, importantes, pero el activo a largo plazo es el sistema de gobernanza, operación, identidad, datos, seguridad y colaboración científica que los envuelve.
Si ese sistema es transparente, financieramente sólido y verdaderamente regionalizado, RedClara seguirá siendo una de las infraestructuras digitales compartidas más importantes de América Latina; de lo contrario, la troncal podrá seguir transportando tráfico, pero las ambiciones de las capas superiores seguirán dependiendo de la siguiente convocatoria externa de financiación.

