Resumen
- La Autorité de la concurrence afirma que OpenAI, Google y Anthropic reunían más del 84% del sector mundial de agentes de IA en mayo de 2026, según datos de Sensor Tower citados en el dictamen 26-A-05.
- La autoridad identifica distribución, rankings, portabilidad y desigualdad de integración como posibles fuentes de poder, y recomienda aplicar primero las normas europeas existentes.
- El dictamen es consultivo: no impone remedios, no declara infracción y no prejuzga una evaluación o actuación antitrust posterior.
La Autorité de la concurrence ha desplazado aguas abajo el debate sobre los agentes de IA. El dictamen 26-A-05, publicado el 17 de julio tras unas 40 respuestas a consulta, se fija menos en quién entrena el modelo mayor que en quién controla las rutas por las que un agente llega a usuarios, servicios y transacciones.
La distribución puede endurecer una ventaja técnica hasta convertirla en económica. El documento señala que OpenAI, Google y Anthropic representaban juntos más del 84% del sector mundial en mayo de 2026, citando a Sensor Tower. Algunos rivales compran acceso a modelos o inferencia; los grupos digitales establecidos colocan agentes propios dentro de sistemas operativos, suites de oficina, marketplaces cloud y servicios con usuarios ya captados.
No es una decisión sancionadora. El estudio no identifica conducta ilegal, no ordena cambios y no establece responsabilidad. La autoridad vigilará los riesgos, pero reserva expresamente cualquier futura valoración bajo el derecho de competencia.
Poco tráfico, capacidad visible de asignar demanda
La preocupación central es que el agente se convierta en interfaz hacia el resto de la economía digital. Una página de búsqueda ofrece enlaces. Un agente puede devolver una respuesta y pocos productos o servicios. Elegir fuentes, orden y presentación ya distribuye demanda antes incluso de ejecutar una compra.
El dictamen cita estimaciones según las cuales el tráfico enviado directamente por agentes a comercios franceses permanece por debajo del 5%, pero podría acercarse al 25% en 2030. Son una estimación actual y una proyección, no prueba de que una cuarta parte del comercio vaya a pasar por agentes. Sí explican por qué rankings y acuerdos comerciales preocupan antes de que la compra autónoma esté extendida.
La autoridad formuló 550 preguntas de compras sobre electrónica, electrodomésticos, transporte y alojamiento a dos agentes generales con búsqueda web. Encontró mezclas de fuentes diferentes y diversidad variable por sector. El experimento mediante API no fue estadísticamente significativo y refleja comercio conversacional en mayo de 2026, no un mercado maduro de transacciones automáticas. Su lección limitada sigue siendo útil: cambiar de agente altera qué intermediarios, comercios y fuentes resultan visibles.
Los acuerdos tienen doble filo. Una colaboración de datos, distribución o comercio puede mejorar el servicio de un proveedor pequeño o acercarlo a clientes. También puede dirigir demanda hacia un socio preferente si el usuario no entiende cómo se seleccionó la recomendación. Comercios y editores pagan entonces la adaptación, negociación o pérdida de tráfico; las firmas pequeñas soportan peor ese coste.
La integración nativa traslada costes al rival y al usuario
El dictamen distingue acceso formal de acceso equivalente. Un agente externo puede conectarse mediante interfaces documentadas y, aun así, afrontar permisos, formatos y trabajo de implantación más complejos que el producto integrado en el ecosistema. La integración nativa reduce fricción al usuario y eleva el coste de imitar la experiencia.
Cambiar también cuesta al cliente. Una empresa rehace integraciones, forma personal y sufre pérdida temporal de productividad. Una persona puede perder historiales, proyectos y preferencias. Utilizar varios agentes limita hoy el bloqueo, pero la portabilidad débil importa más cuando una interfaz concentra tareas.
La autoridad pide examinar inversiones y alianzas entre grandes grupos y proveedores rivales, la posibilidad de sustituir un agente predeterminado y los parámetros de selección, ranking y recomendación. También reclama vigilar marketplaces de model-as-a-service y sugiere que la European Commission estudie si los que distribuyen modelos deben considerarse servicios básicos de plataforma bajo la Digital Markets Act.
En interoperabilidad recomienda condiciones técnicas y contractuales que permitan conectar agentes externos a servicios verticalmente integrados, con documentación y especificaciones accesibles. Defiende portabilidad efectiva y gobierno transparente y colaborativo de estándares abiertos. Son propuestas, no obligaciones vinculantes creadas por el dictamen.
La prueba real será si el acceso alcanza una profundidad y facilidad comparables, no si existe sobre el papel. Habrá que observar si usuarios trasladan contexto sin pérdidas, si rankings y patrocinios son inteligibles y si los estándares siguen abiertos cuando los agentes inicien pagos y gestionen posventa. Si la fricción persiste, costes de integración y cumplimiento favorecerán a incumbentes mucho antes de que un regulador pruebe exclusión.

