Resumen

  • Cloud Run inicia el mínimo de una revisión si esta figura en el reparto del tráfico o tiene asignada una etiqueta. Google advierte que una revisión etiquetada puede mantenerse activa y generar cargos sin recibir solicitudes.
  • El mínimo del servicio se reparte según el tráfico. Un mínimo adicional de la revisión puede elevar la cantidad total de instancias por encima de la cifra fijada para el servicio.

La puerta de pruebas tiene contador eléctrico

La etiqueta sirve para abrir directamente una versión nueva antes de enviarla al público. Es útil. También puede sobrevivir al lanzamiento. Cuando esa versión tiene un mínimo de instancias configurado a nivel de revisión, la etiqueta basta para arrancarlas y mantenerlas listas. Google describe expresamente el resultado: se factura la espera aunque nadie use la puerta de pruebas.

Importa dónde se puso el mínimo. En el servicio, Cloud Run distribuye las instancias preparadas entre las revisiones que sirven tráfico, siguiendo su porcentaje. En la revisión, la reserva pertenece a esa versión concreta, y su etiqueta puede mantenerla encendida al margen del reparto principal. La propia guía de Google aconseja quitar las etiquetas que ya no hagan falta o usar mínimos a nivel de servicio para evitar ese coste.

Hay otra sorpresa cuando se mezclan los dos niveles. El ejemplo de Google fija diez instancias mínimas para un servicio que reparte el tráfico 50/50. La revisión A pide seis por sí misma y B no pide ninguna. Del servicio tocan cinco a cada una; A sube a seis por su propio suelo. Total: once instancias. La décima no era un límite de gasto ni de capacidad. Es un ejemplo de configuración oficial, no una factura de un cliente.

El modo de cobro también cuenta. Con facturación basada en solicitudes, las instancias mínimas ociosas llevan una tarifa reducida de espera. Con facturación por instancia, se paga la tarifa normal durante toda la vida de cada instancia. Para saber cuánto cuesta una instalación real faltan sus recursos, región, duración y consumo. Para saber quién dejó la puerta abierta bastan las etiquetas y los mínimos de cada revisión.

Fuentes