Resumen

  • La serie de tarifas que BEREC compara entre países cubre sobre todo 2019–2022; los promedios de Speedtest llegan a 2024 y usan un conjunto distinto de jurisdicciones.
  • El informe sí ofrece una comparación de precios y calidad para 2022. Es una fotografía útil de ese año, no una puntuación europea en tiempo real para 2026.
  • Las respuestas a la consulta muestran por qué importa la ventana temporal: los actores discuten inversión y tamaño de mercado a partir de indicadores que, por sí solos, no resuelven esas cuestiones.

Una etiqueta que reúne varios calendarios

«Buena relación calidad-precio» resume una conclusión amplia. Para llegar a ella, BEREC reúne tarifas, velocidad de descarga y de subida, latencia, cobertura, inversión y estructura de mercado. No todos esos indicadores describen el mismo año, los mismos países ni la experiencia de los mismos usuarios.

En las comparaciones internacionales de precios, BEREC utiliza principalmente los estudios periódicos de la Comisión Europea sobre precios de banda ancha fija y móvil, con datos de 2019 a 2022 ajustados por poder adquisitivo local. El grupo comparado incluye a la UE, Estados Unidos, Corea del Sur y Japón. En el caso estadounidense, las tarifas observadas corresponden a California, Colorado y Nueva York; no constituyen un inventario de todo el mercado nacional.

Los gráficos de calidad se basan en promedios de Ookla Speedtest entre 2019 y 2024 para velocidad fija y móvil de descarga y subida, además de latencia. Abarcan a la UE, Estados Unidos, Corea del Sur, Japón y China. La mayoría de las mediciones son pruebas iniciadas por consumidores desde sus propios dispositivos. Reflejan experiencias observadas en esas pruebas, no el máximo técnico de una red ni el servicio de cada abonado.

Son dos series relacionadas, pero no una única nota sincronizada de 2026. La precisión importa: BEREC sí compara precios y calidad del año 2022 cuando considera que los datos son fiables. También informa de que los precios europeos siguieron bajando después de 2022, incluye cifras de la UE para 2023 y 2024 y cita una comparación posterior entre la UE y Estados Unidos. Esa información actualiza parte del panorama europeo; no convierte en una serie internacional homogénea los datos tarifarios de todos los países.

La comparación de 2022, desglosada

En banda ancha fija, BEREC calcula que en 2022 la velocidad media de descarga de la UE fue alrededor de un 40% inferior a la estadounidense; la subida fue un 8% más rápida y la latencia un 38% menor. El precio europeo de internet fijo rondaba la mitad del estadounidense. El informe advierte que ciertos parámetros técnicos cambian con rapidez: en 2024, la subida en Estados Unidos ya superaba la media de la UE.

En móvil, la descarga media europea de 2022 quedó aproximadamente un 35% por debajo de la de Estados Unidos. La subida fue más rápida y la latencia un 26% menor, mientras que los precios representaban entre un tercio y la mitad de los estadounidenses. La lectura depende del indicador: precio, descarga, subida y latencia responden a preguntas diferentes.

Ajustar precios por poder adquisitivo ayuda a comparar economías, pero no determina si un paquete concreto resulta asequible para un hogar según sus ingresos, ubicación y uso. Las medias de Speedtest tampoco describen toda la variación dentro de cada país. BEREC reconoce que las diferencias de definiciones y de publicación limitan la comparabilidad. Su conclusión sobre el valor es una síntesis de pruebas disponibles, no el resultado de una sola métrica.

La ventana temporal entra en el debate sobre fusiones

El informe de la consulta recoge la objeción de CE/GSMA: el borrador habría dado demasiado peso a precios de corto plazo y demasiado poco a capacidad de inversión, calidad de red y competitividad a largo plazo. Otros participantes defendieron una comparación internacional coherente o pidieron datos más desglosados. Son argumentos de las partes, no resultados independientes de BEREC.

El regulador analiza la consolidación por separado y afirma que las pruebas disponibles no demuestran con claridad que una mayor escala europea se traduzca en más inversión, innovación y competitividad. Eso no implica que la escala nunca genere eficiencias ni resuelve ninguna operación concreta. Sí muestra por qué ni los precios bajos ni una descarga media más lenta bastan, por sí solos, para justificar o rechazar una fusión.

Para una decisión actual harían falta tarifas de los mismos años y cestas, métricas de calidad con su método y distribución, e inversión vinculada a cambios de mercado identificables. Sin ese enlace, una comparación fechada puede usarse para apoyar una conclusión que no estaba diseñada para demostrar.

Fuentes